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Posts Tagged ‘el monte’

MEDITACIONES-REFLEJEMOS A JESUS –parte 26-

LA PROMESA DEL NUEVO PACTO

“Este es el pacto que haré con ellos. Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (Hebreos 10:16, 17).

Fue el Creador de los hombres, el Dador de la Ley, quien declaró que no albergaba el propósito de anular sus preceptos. Todo en la naturaleza, desde la diminuta partícula que baila en un rayo de sol hasta los astros en los cielos, está sometido a leyes. De la obediencia a estas leyes dependen el orden y la armonía del mundo natural. Es decir que grandes principios de justicia gobiernan la vida de todos los seres inteligentes, y de la conformidad a estos principios depende el bienestar del universo.

Antes que se creara la tierra existía la Ley de Dios. Para que este mundo esté en armonía con el cielo, el hombre también debe obedecer los estatutos divinos. Cristo dio a conocer al hombre en el Edén los preceptos de la Ley, “Cuando alababan todas las estrellas del alba, Y se regocijaban todos los hijos de Dios” (Job 38:7). La misión de Cristo en la tierra no fue abrogar la Ley, sino hacer volver a los hombres por su gracia a la obediencia de sus preceptos.

El discípulo amado, que escuchó las palabras de Jesús en el monte, al escribir mucho tiempo después, bajo la inspiración del Espíritu Santo, se refirió a la Ley como a una norma de vigencia perpetua. Dice que: “…el pecado es infracción de la ley”, y que “Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley” (1 Juan 3:4). Expresa claramente que la Ley a la cual se refiere es “…el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio…” (1 Juan 2:7). Habla de la Ley que existía en la creación y que se reiteró en el Sinaí.

Debía enseñar la espiritualidad de la Ley, presentar sus principios de vasto alcance y explicar claramente su vigencia perpetua. La belleza divina del carácter de Cristo, de quien los hombres más nobles y más amables son tan sólo un pálido reflejo; de quien escribió Salomón, por el Espíritu de inspiración, que es el “…señalado entre diez mil…y todo él codiciable” (Cantares 5:10, 16); de quien David, viéndolo en visión profética, dijo: “Eres el más hermoso de los hijos de los hombres…” (Salmo 45:2).

Jesús, la imagen de la persona del Padre, el esplendor de su gloria; el que fue abnegado Redentor en toda su peregrinación de amor en el mundo, era una representación viva del carácter de la Ley de Dios. En su vida se manifestó el hecho de que el amor nacido en el cielo, los principios fundamentales de Cristo, sirven de base a las leyes de rectitud eterna.

Estos principios que se comunicaron a los hombres en el paraíso como la Ley suprema de la vida existirán sin sombra de cambio en el paraíso restaurado. (El discurso maestro de Jesucristo)

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LA VERDAD ACERCA DE LOS ANGELES-RESPUESTAS FIRMEMENTE BASADAS EN LA PALABRA DE DIOS—parte 51-

LOS ÁNGELES DESDE EL TIEMPO DE DAVID HASTA EL CAUTIVERIO BABILÓNICO-parte 3-

ELÍAS-parte 2-

Cuán gozosamente Satanás, aquel que cayó como rayo del cielo, hubiera venido en auxilio de los que había engañado y controlado sus mentes, y quienes ahora estaban plenamente dedicados a su servicio. Con gusto hubiera enviado un rayo del cielo para encender sus sacrificios. Pero Dios había puesto límites a Satanás y restringido su poder.  A pesar de todas sus estratagemas, no pudo enviar ni una sola chispa al altar de Baal. (RH)

¿Desamparó Dios a Elías en la hora de la prueba? ¡Oh, no! Amaba a su siervo, tanto cuando Elías se sentía abandonado de Dios y de los hombres como cuando, en respuesta a la oración, el fuego descendió del cielo e iluminó la cumbre de la montaña. Mientras Elías dormía, le despertaron un toque suave y una voz agradable.  Se sobresaltó y, temiendo que el enemigo le hubiese descubierto, se dispuso a huir.  Pero el rostro compasivo que se inclinaba sobre él no era el de un enemigo, sino de un amigo. 

Dios había mandado un ángel del cielo para que alimentase a su siervo.  “Levántate, come”, dijo el ángel. “Entonces el miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua”…

Después que Elías hubo comido el refrigerio preparado para él, se volvió a dormir. Por segunda  vez, vino el ángel. Tocando al hombre agotado, dijo con compasiva ternura: “Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios” donde halló refugio en una cueva (1 Reyes 19:5-8). (PR-121-122).

En el desierto, en la soledad y el desaliento, Elías había dicho que estaba cansado de la vida, y había rogado que se le dejase morir.  Pero en su misericordia el Señor no había hecho caso de sus palabras.  Elías tenía que realizar todavía una gran obra; y cuando esta obra estuviese hecha no iba a perecer en el desaliento y la soledad. No le tocaría descender a la tumba, sino ascender con los ángeles de Dios a la presencia de su gloria. (PR-170).

Un poderoso ángel se acercó con las palabras del Señor para él: “¿Qué haces aquí,  Elías?” con amargura de espíritu Elías profirió su queja: “He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida”  Pidiéndole que saliera de la cueva en la que había estado escondido, el ángel le ordenó estar en pie en el monte, delante del Señor.

Mientras Elías obedecía la orden, “He aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto.  Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.  Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva…” (1 Reyes 19:9-13). Su petulancia se había silenciado; su espíritu había sido suavizado y subyugado. Ahora sabia que una firme confianza en Dios, le permitiría siempre encontrar ayuda en tiempo de necesidad. (RH)

Cuando Elías estaba por abandonar a Eliseo, le dijo: “Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti.  Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.  El [Elías] le dijo: Cosa difícil has pedido.  Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así, más si no, no.  Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.

Viéndolo Eliseo clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!”…(2 Reyes 2:9-12)  (La Educación-56-57)

ELISEO

Continúa en parte 52

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