Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘1.51-Dios había mandado un ángel del cielo para que alimentase a su siervo. “Levántate, come”, dijo el ángel.“Entonces el miró,y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y’ Category

LA VERDAD ACERCA DE LOS ANGELES-RESPUESTAS FIRMEMENTE BASADAS EN LA PALABRA DE DIOS—parte 51-

LOS ÁNGELES DESDE EL TIEMPO DE DAVID HASTA EL CAUTIVERIO BABILÓNICO-parte 3-

ELÍAS-parte 2-

Cuán gozosamente Satanás, aquel que cayó como rayo del cielo, hubiera venido en auxilio de los que había engañado y controlado sus mentes, y quienes ahora estaban plenamente dedicados a su servicio. Con gusto hubiera enviado un rayo del cielo para encender sus sacrificios. Pero Dios había puesto límites a Satanás y restringido su poder.  A pesar de todas sus estratagemas, no pudo enviar ni una sola chispa al altar de Baal. (RH)

¿Desamparó Dios a Elías en la hora de la prueba? ¡Oh, no! Amaba a su siervo, tanto cuando Elías se sentía abandonado de Dios y de los hombres como cuando, en respuesta a la oración, el fuego descendió del cielo e iluminó la cumbre de la montaña. Mientras Elías dormía, le despertaron un toque suave y una voz agradable.  Se sobresaltó y, temiendo que el enemigo le hubiese descubierto, se dispuso a huir.  Pero el rostro compasivo que se inclinaba sobre él no era el de un enemigo, sino de un amigo. 

Dios había mandado un ángel del cielo para que alimentase a su siervo.  “Levántate, come”, dijo el ángel. “Entonces el miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua”…

Después que Elías hubo comido el refrigerio preparado para él, se volvió a dormir. Por segunda  vez, vino el ángel. Tocando al hombre agotado, dijo con compasiva ternura: “Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios” donde halló refugio en una cueva (1 Reyes 19:5-8). (PR-121-122).

En el desierto, en la soledad y el desaliento, Elías había dicho que estaba cansado de la vida, y había rogado que se le dejase morir.  Pero en su misericordia el Señor no había hecho caso de sus palabras.  Elías tenía que realizar todavía una gran obra; y cuando esta obra estuviese hecha no iba a perecer en el desaliento y la soledad. No le tocaría descender a la tumba, sino ascender con los ángeles de Dios a la presencia de su gloria. (PR-170).

Un poderoso ángel se acercó con las palabras del Señor para él: “¿Qué haces aquí,  Elías?” con amargura de espíritu Elías profirió su queja: “He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida”  Pidiéndole que saliera de la cueva en la que había estado escondido, el ángel le ordenó estar en pie en el monte, delante del Señor.

Mientras Elías obedecía la orden, “He aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto.  Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.  Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva…” (1 Reyes 19:9-13). Su petulancia se había silenciado; su espíritu había sido suavizado y subyugado. Ahora sabia que una firme confianza en Dios, le permitiría siempre encontrar ayuda en tiempo de necesidad. (RH)

Cuando Elías estaba por abandonar a Eliseo, le dijo: “Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea quitado de ti.  Y dijo Eliseo: Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí.  El [Elías] le dijo: Cosa difícil has pedido.  Si me vieres cuando fuere quitado de ti, te será hecho así, más si no, no.  Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino.

Viéndolo Eliseo clamaba: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!”…(2 Reyes 2:9-12)  (La Educación-56-57)

ELISEO

Continúa en parte 52

Read Full Post »

A %d blogueros les gusta esto: