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FE Y OBRAS–parte 34-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

OBEDIENCIA Y SANTIFICACIÓN

“Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efe.5:2).

En toda la plenitud de su divinidad, en toda la gloria de su inmaculada humanidad, Cristo se dio a sí mismo por nosotros como un sacrificio completo y gratuito, y todo el que acude a El debería aceptarlo como si fuera el único por quien el precio ha sido pagado.  Así como en Adán todos mueren, en Cristo todos serán vivificados; porque los obedientes resucitarán para inmortalidad, y los transgresores resucitarán para sufrir la muerte, la penalidad de la Ley que han quebrantado.

La obediencia a la Ley de Dios es santificación.  Hay muchos que tienen ideas erróneas respecto a esta obra en el alma, pero Jesús oró que sus discípulos fueran  santificados por medio de la verdad:

“Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad” (Juan 17:17). 

La Santificación no es una obra instantánea sino progresiva, así como la obediencia es continua.  En tanto Satanás nos apremie con sus tentaciones, tendremos que librar una y otra vez la batalla por el dominio propio; pero mediante la obediencia, la verdad santificará el alma.  Los que son leales a la verdad han de superar por medio de los méritos de Cristo, toda debilidad de carácter que los ha llevado a ser modelados por cada una de las diversas circunstancias de la vida.

EL ENGAÑO Y LA TRAMPA DE SATANÁS

Muchos han tomado la posición de que no pueden pecar porque están santificados, pero esta es una trampa engañosa del maligno.  Hay un constante peligro de caer en pecado, porque Cristo nos ha amonestado a velar y orar para que no caigamos en tentación. Si somos conscientes de la debilidad del yo, no nos confiaremos en nosotros mismo ni seremos indiferentes al  peligro, sino que sentiremos la necesidad de acudir a la Fuente de nuestra fortaleza: Jesús, nuestra justicia. 

Hemos de allegarnos con arrepentimiento y contrición, con una desesperada sensación de nuestra propia debilidad finita, y aprender que debemos acudir diariamente a los méritos de la sangre de Cristo, a fin de que lleguemos a ser vasos apropiados para el uso del Maestro.

Mientras así dependemos de Dios no seremos hallados en guerra contra la verdad, sino que siempre estaremos habilitados para ponernos de parte de la justicia.  Debemos aferrarnos a la enseñanza de la Biblia y no seguir las costumbres y tradiciones del mundo, los dichos de los hombres.

Cuando surgen errores y son enseñados como verdad bíblica, los que están conectados con Cristo no confiarán en lo que dice el ministro, sino que  escudriñarán cada día las Escrituras para ver si estas cosas son así.  Al descubrir cuál es la palabra del Señor, se pondrán de parte de la verdad.  Oirán la voz del verdadero Pastor, que dice “Este es el camino, andad en él”. De esa manera serán instruidos para hacer de la Biblia su consejero, y no oirán ni seguirán la voz de un extraño.

 

 

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