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SALUD PARA LAS NACIONES-parte 5-

EL DESCANSO DIVINO-parte 1-

“FUERON, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo, y lo santificó. Y bendijo Dios el día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación”. (Génesis 2:1-3)

Dios previó la necesidad de proveer un día de descanso para la humanidad y escogió el séptimo día de la semana, el Sábado.  Ese día es tan importante para El que lo incluyó como parte de los Diez Mandamientos.  El cuarto mandamiento dice:

“Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas.  Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó”. (Éxodo 20: 8-11)

Al recordar el Sábado, entramos en una comunión especial de reposo con Aquel que nos otorgó la vida. Al guardarlo, reconocemos que El es el dador de la vida y el verdadero Legislador.  El mandamiento del Sábado yace en el mismo corazón de la Ley más sublime de todas –Los Diez Mandamientos. Estos mandamientos son una expresión del carácter inmaculado de Dios.  Al guardarlos, por la gracia de Dios, progresivamente llegamos a ser más semejantes a nuestro hacedor en pensamientos y sentimientos.

Tan importante es esta obra para el desarrollo del carácter, que Dios apartó el séptimo día Sábado, como un día especial de santificación para El. La Biblia dice: …En verdad vosotros guardaréis mis días de reposo porque es señal entre mí y vosotros por vuestras generaciones, para que sepáis que yo soy Jehová que os santifico”. (Éxodo 31:13)

Cuando Dios santificó el Sábado (ver Génesis 2:1-3), lo estableció como señal de su poder para santificarnos (apartarnos para El). Dios estableció el Sábado como recordativo de su poder creador y es también una señal que nos alienta, porque de la misma manera, por medio de ese mismo poder puede crearnos. De todos los días de la semana, es el séptimo día, Sábado, el que nos recuerda que podemos ser investidos por el Espíritu Santo para vivir una vida nueva.  Dios promete santificar a todos los que escogen honrarlo guardando su santo Sábado.

Entonces ¿cómo podemos santificar el Sábado? En primer lugar, aceptando al Señor del Sábado (Jesús) como nuestro Salvador personal (Marcos 2:27-28). Luego dejando de lado nuestras ocupaciones comunes de cada día, utilizaremos las horas sagradas del Sábado para estrechar nuestra comunión con nuestro Creador.

“Si retrajeres del día de reposo tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu voluntad, ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en el Señor; y yo te hare subir sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado”. (Isaías 58:13, 14)

El Sábado es la oportunidad perfecta para vencer el egoísmo al no buscar nuestra delicia propia, sino el cumplir la voluntad de quien nos hizo y nos redimió.  Es un día de especial consagración a Dios que debiera incluir hechos bondadosos, servicio desinteresado en bien de nuestro prójimo y compañerismo con el pueblo de Dios. Jesús nos ha dado un maravilloso ejemplo de cómo guardar el Sábado participando en cultos de adoración y alabanza y sanando toda clase de enfermedades del pueblo que venía a El.

UN DÍA DE GOZO, PAZ Y VERDADERO DESCANSO

-Continúa en parte 2-

 

 

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