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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 43-

COMO SOMOS SALVOS –parte 10-

¿ES POSIBLE LA VICTORIA TOTAL? –parte 2-

Aún el gran apóstol de la justificación por la fe asevera: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

Podemos ser “llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:19) y llegar a ser “un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13).  Si no fuera posible vencer, Dios estaría mintiendo al darnos estas promesas.  Cuando decimos que es imposible conquistar el pecado, estamos limitando el poder de Dios.

Después de nuestro nuevo nacimiento, la vieja naturaleza carnal no desaparece. Aún está allí latente y hará todo lo posible por recuperar su dominio sobre nosotros.  Por eso el apóstol Pablo nos dice que por el  Espíritu debemos hacer morir las obras de la carne (Romanos 8:13).

El apóstol descubrió en su propia vida lo que experimentamos todos y es que cuando nos entregamos a Cristo comienza una guerra entre la carne y el Espíritu.  En su Epístola a los Gálatas, Pablo describe esta batalla:

“Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis…Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.  Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:16-17, 24-25).

Esta guerra se realiza cada instante de cada día. Es una batalla sin tregua.  Pablo reconoció ésto cuando afirmó, “cada día muero” (1 Corintios 15:31), y Jesús nos instó a cargar nuestra cruz diariamente (Lucas 9:23).

Si estamos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús, no podemos permitir que el pecado reine en nuestro cuerpo mortal para que le obedezcamos en sus pasiones.  Ya no debemos presentar nuestros “miembros al pecado como instrumentos de iniquidad”, sino antes debemos presentarnos “a Dios como vivos entre los muertos” y nuestros “miembros a Dios como instrumentos de justicia” (Romanos 6:12-13).

Dios no desea que nos conformemos meramente con pedirle perdón por nuestras derrotas vez tras vez.  El quiere que le tributemos alabanza y gratitud por las victorias que hemos  ganado sobre el enemigo por medio de su gracia y poder.

Es cierto que después del bautismo pecamos, pero no es por la debilidad humana ni porque falta el poder de Dios, sino porque soltamos el brazo de Dios y dejamos de depender de El. Cuando pecamos, el Señor no nos abandona.  Si acudimos a El con un corazón contrito, nos recibirá con los brazos abiertos. El mismo Juan, quien dijo que los que nacen de Dios, y permanecen en El no pecan (1 Juan 3:6, 9), también nos consuela con las siguientes palabras:

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1).

¿COMO PODEMOS VENCER EL PECADO?

Continúa en parte 44

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