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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 39-

COMO SOMOS SALVOS –parte 6-

EL BAUTISMO Y EL PERDÓN –parte 1-

Pero, ¿Cómo puedo venir a Cristo? ¿Cómo puedo recibir el perdón por la inmensa deuda de pecado que he acumulado? La provisión está allí pero, ¿cómo puedo beneficiarme con ella? La respuesta está en Romanos 6:3-4. Citemos estos versículos y luego hagamos algunos comentarios: “O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo”.

Según el pasaje, cuando escojo bautizarme, Dios me considera muerto y sepultado con Cristo.  No muero como Cristo, sino que ante la vista de Dios muero con El.

Ya los pecados no son míos sino de El.  Ya no tengo que morir, pues en el bautismo morí con El. He ido al Banco del Universo para que Cristo salde mi deuda.  Ante la vista de Dios, yo he muerto con El por medio del bautismo.  Mis pecados han quedado totalmente pagos. Por ésto el apóstol Pedro dijo: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para el perdón de los pecados…” (Hechos 2:38).

Supongamos que un día estoy andando en mi automóvil a 65 millas por hora, cuando el límite en esa zona es de sólo 30.  Una patrulla me para; viene el policía a mi ventana y me dice “Señor, usted viajaba a 65 millas por hora en una zona de 30, por lo tanto le voy a dar una multa”.  Creo que todos estarían de acuerdo en que yo merezco esta multa pues he violado la ley.  Pero yo le digo al policía: “Señor, yo estoy arrepentido por lo que he hecho, ¿no podría perdonarme la multa?” El policía me responde: “Señor, usted ha quebrantado la ley y según esa ley debe recibir una multa. 

Yo no le puedo perdonar la deuda porque la ley exige que se le castigue”. Obviamente el policía tiene razón.  La ley ha sido violada y exige un castigo.  Vayamos un poquito más allá. Supongamos  que el policía me diga: “Usted está triste por lo que ha hecho? ¿Reconoce su culpa y que merece el castigo?” Yo le respondo: “Si señor”. “Entonces voy a hacer algo”, dice el policía, “la multa tiene que pagarse pero veo que está arrepentido y reconoce su falta. Iré a la jefatura y pagaré la multa en su lugar”. Sería ridículo que yo dijera: “No, señor, yo quiero parar mi propia multa”. Yo creo que toda persona aceptaría esta oferta ¿verdad?

Nosotros hemos violado la Ley de Dios y el castigo no es una multa sino la muerte. Jesús no puede ignorar mi pecado ni puede perdonarme sin que se haya hecho el pago correspondiente. Cuando manifiesto tristeza por el pecado y confieso mi culpa, Cristo ofrece poner su muerte en mi cuenta. El bautismo marca el momento en que acepto el pago que hizo Cristo en mi lugar. Es decir, si rehusó bautizarme, estoy rechazando el pago que ofrece Cristo por mis pecados.

El perdón que da Dios en el bautismo es pleno y completo. Echa nuestros pecados en el fondo del mar (Miqueas 7:19), los desvanece como la neblina (Isaías 44:22), los hace alejar de nosotros tanto como el oriente está lejos del occidente (Salmo 103:12), los borra de nuestra cuenta (Isaías 43:25).  Dios nos mira como si nunca hubiéramos pecado.  El apóstol Pablo afirma que “el que ha muerto [al pecado], ha sido justificado del pecado” (Romanos 6:7).

Es importante que nos bauticemos como Dios dice. La Biblia afirma que el bautismo debe ser por inmersión.  Hay varios pasajes que indican claramente ésto:

Continúa en parte 40

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