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Posts Tagged ‘humanidad de cristo’

PREPARACION PARA LA LLUVIA TARDIA-Poderoso Instrumento de Divulgación para el Pueblo de Dios que se está preparando para la Venida de Jesús-parte 10-

EL SENTIR DE CRISTO-parte 3-

CRISTO RECIBÍA UN BAUTISMO DIARIO DEL ESPÍRITU SANTO

PVGM-139: “Cristo estuvo continuamente recibiendo del Padre todo aquello que debía ser dado a nosotros.  El vivió, se preocupó y oró no por sí mismo, sino por los demás.  Después de pasar horas con su Padre, descendía cada mañana trayendo la luz del cielo a los hombres.  Cada día recibía un nuevo bautismo del Espíritu Santo”.

DTG-98/9: “La humanidad de Cristo estaba unida con la divinidad.  Fue hecho idóneo para el conflicto mediante la permanencia del Espíritu Santo y El. Y El vino para hacernos participantes de la naturaleza divina”.

Si Jesús, el Hijo de Dios, necesitaba un nuevo bautismo del Espíritu Santo cada día,  ¿cuánto más, no lo necesitaremos nosotros? Siendo que Cristo es nuestro ejemplo en las cosas, debemos experimentar diariamente la presencia interior del Espíritu Santo, a fin de estar preparados para el conflicto.

DMJ -25-: “A Jesús, quien se entregó por entero para la salvación de la humanidad perdida, se le dio sin medida el Espíritu Santo.  Así se le dará también a cada seguidor de Cristo siempre que el corazón sea entregado a El para morada suya”.

KH-34: “Debemos mirar a Cristo, debemos resistir como El resistió, orar como El oró, agonizar como El agonizó, si deseamos vencer como El venció”.

KH-16: “El Espíritu Santo debe ser impartido constantemente al hombre; quien de otra manera no tendrá disposición para luchar contra el poder de las tinieblas”

¿QUE HARÁ EL ESPÍRITU SANTO POR NOSOTROS?

DGT-82/3: “Para el pecado, dondequiera que se encuentre, ‘nuestro Dios es fuego consumidor’ (Heb.12:29).  En todos los que se sometan a su poder, el Espíritu de Dios consumirá el pecado. Pero si los hombres se aferran al pecado, llegan a identificarse con él. Entonces la gloria de Dios, que destruye el pecado, debe destruirlos a ellos también”.

DGT-144: “Cuando el Espíritu de Dios se posesiona del corazón, transforma la vida.  Los pensamientos pecaminosos son puestos a un lado, las malas acciones son abandonadas, el amor, la humildad y la paz, reemplazan la ira, la envidia y las contenciones. La alegría reemplaza a la tristeza, y el rostro refleja la luz del cielo. Nadie ve la mano que alza la carga, ni contempla la luz que desciende de los atrios celestiales.  La bendición viene cuando por la fe el alma se entrega a Dios.  Entonces ese poder que ningún ojo humano puede ver, crea un nuevo ser a la imagen de Dios”.

MS: “Solo podemos ser hechos idóneos para el cielo mediante la obra del Espíritu en el corazón.  Necesitamos ser transformados diariamente por la influencia del Espíritu”.

RH: “El Espíritu amolda las almas renovadas al modelo que es Cristo Jesús”.

Counsels on Health-594-: “Nuestra única seguridad para no caer en el pecado consiste en mantenernos a nosotros mismos bajo la influencia modeladora del Espíritu Santo”.

HAp.-43-: “Si los hombres están dispuestos a ser amoldados, se efectuará la santificación de todo el ser.  El Espíritu tomará las cosas de Dios y las imprimirá en el alma”.

MS-395-: “Así como la cera recibe la impresión del sello, así el alma ha de recibir la impresión del Espíritu de Dios y ha de retener la imagen de Cristo”.

EL AMOR DE DIOS

-Continúa en parte 11-

 

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 21-

LA HUMILDAD DE DIOS-parte 10-

LA IMPORTANCIA DE SU HUMANIDAD

Elena de White escribió: “La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la cadena de oro que une nuestra alma con Cristo, y mediante Cristo con Dios” (Mensajes Selectos-t.2-p. 286.).

El apóstol Juan no admite duda alguna en cuanto a la plena humanidad de Cristo. Afirma categóricamente: “En ésto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y éste es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (1 Juan 4:2-3).

¡Imagínese, tan  importante es la verdadera humanidad de Cristo que cualquiera que la niegue no es de Dios sino del anticristo! Todo el plan de redención depende de la humanidad de Jesucristo.  Si no se hubiese hecho carne, toda la raza humana estaría condenada a la extinción. ¡No habría esperanza!

Resumamos las razones de la encarnación de Jesucristo.

1.       Si Jesucristo no hubiera venido en carne y sangre, Dios estaría aún oculto y tendríamos tan sólo vislumbres imperfectas de su verdadero carácter.  Sin poder conocer a Dios como El es, no habría posibilidad de vida eterna (Juan 17:2-3).

2.       Jesucristo es Dios y Dios no puede morir (Juan 1:1-3; 1 Timoteo 6:16). Si Cristo no hubiera tomado sobre sí la naturaleza humana, habría sido imposible que muriera por nuestros pecados.

3.       Si Jesús no hubiera venido en carne y sangre, no tendríamos un sumo sacerdote que pudiera compadecerse de nosotros al presentar nuestro caso ante el Padre.  Sólo un sumo sacerdote humano podía presentarse a favor de la humanidad.

4.       Jesús es Dios y Dios no puede ser tentado (Santiago 1:13). Si Jesús no hubiese llegado a ser hombre, no podría haber sido tentado y por lo tanto tampoco podría ayudarnos cuando nosotros somos tentados.

5.       Si Jesús no hubiera venido en carne y sangre, no habría podido desarrollar un carácter perfecto que nos pudiera imputar e impartir y no habría salvación de la culpa y el poder del pecado.

6.       Si Jesús no hubiera venido en carne y sangre, sería imposible que sirviera como Juez imparcial y misericordioso.

7.       Si Jesús no hubiera venido en carne y sangre, estaríamos aún en nuestros pecados y sería imposible pasar la eternidad con El.

LA BIBLIA Y LA HUMANIDAD DE CRISTO

Hay muchos textos bíblicos que afirman la absoluta humanidad de Cristo. Mencionemos algunos:

1.       Gálatas 4:4 –Jesús nació de una mujer real.

2.       Gálatas 3:16 – Jesús nació de la simiente de Abrahán.

3.       Romanos 1:1-4 – Jesús era de la simiente de David.

4.       Juan 1:14 – Jesús, el Verbo, se hizo carne.

5.       1 Timoteo 3:16 – El misterio de la piedad es que Dios se manifestó en carne.

6.       Juan 19:5 – Pilato reconoció a Jesucristo como hombre.

7.       Juan 4:6 – Jesús se cansó y se detuvo a descansar. (Note en Isaías 40:28 que Dios no se cansa.)

8.       Lucas 2:40, 52 – Jesús creció y se desarrollo como cualquier otro niño normal.

9.       Juan 19:28 – Jesús sintió sed.

10.   Mateo 8:24 – Jesús tuvo sueño y dormía.

11.   Hebreos 2:11-17 – Jesús fue hecho en todo semejante a sus hermanos.  Participó de carne y sangre.

 

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste.  Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?”   Salmo 8:3-4

 Nunca desmayes, que en el afán Dios cuidará de ti; sus fuertes alas te cubrirán; Dios cuidará de ti.

 

 

 

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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 20-

LA HUMILDAD DE DIOS-parte 9-

7. PARA PODER REGRESAR POR SU PUEBLO-parte 2-

La  Biblia presenta tres etapas de la salvación: en 2 Corintios 1:10 el apóstol Pablo menciona lo que Cristo ha logrado por nosotros: “El cual nos libró, (pasado) y nos libra, (presente) y en quien esperamos que aún nos librará… (futuro)”.

En Romanos 6:22 el apóstol nuevamente menciona las tres etapas: “Más ahora que habéis sido libertados del pecado (pasado) y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, (presente) y como fin, la vida eterna (futuro)”.

Los teólogos han descrito estas tres etapas de la salvación, con estas palabras claves: justificación, santificación y glorificación.  Cada cristiano debe pasar por estas tres etapas para salvarse y cada una de ellas depende de la perfecta humanidad de Cristo.

La justificación nos salva de la culpa del pecado y nos da el derecho al cielo. Cuando venimos a Cristo con corazón contrito y arrepentido y confesamos nuestros pecados, El nos perdona.  Antes estábamos condenados a muerte, pero ahora tenemos  la garantía de la vida eterna.  Ante la vista de Dios ya no somos culpables.

La justicia de Cristo nos es acreditada sin mérito alguno de nuestra parte (Romanos 3:24). La muerte que debemos sufrir la sufrió El en nuestro lugar.  La justicia de Cristo nos es imputada, somos declarados inocentes y se nos trata como si nunca hubiésemos pecado.  Somos “aceptos en el Amado” (Efesios 1:6) y tenemos el título o el derecho de entrar al cielo en virtud de los méritos de Cristo. Como ya hemos visto, Jesús tuvo que hacerse hombre para poder acreditarnos su vida y su muerte.

La santificación nos salva del poder del pecado. Si la justificación nos da el perdón del pecado, la santificación nos da la victoria sobre el pecado.  En la justificación Cristo llega a ser nuestro Salvador, en la santificación llega a ser nuestro Señor.  Si en la justificación la justicia de Cristo nos es imputada (atribuida), en la santificación nos es impartida (derramada en nuestro corazón).

El proceso de la santificación dura toda la vida y tiene como fin reproducir en nosotros el carácter de Cristo.  Pero como ya hemos visto, Jesús tuvo que vivir en esta tierra como hombre a fin de desarrollar un carácter humano perfecto que nos pudiera impartir por medio del poder del Espíritu Santo. Nuestra santificación depende de su humanidad.

El proceso de la santificación consume el pecado y le da idoneidad al hombre para entrar al cielo. Lo hace apto para morar con Cristo para siempre.  La Epístola a los Hebreos nos insta:

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Y Jesús afirmó: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).

Este proceso desarraiga el pecado del corazón humano.  Cristo no sólo quiere que le pidamos perdón por nuestras faltas sino que anhela que le tributemos alabanza por victorias ganadas sobre el pecado.  Cualquiera que tiene la esperanza de la venida de Cristo “se purifica a sí mismo, así como él es puro” (1 Juan 3:3).

La tercera etapa de la salvación es la glorificación. Este es el momento en que Cristo “transformará el cuerpo de la humillación nuestra para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:21). Es la ocasión gloriosa en que Cristo nos vestirá de inmortalidad e incorrupción (1 Corintios 15:53-55). Habiendo sido librados de la culpa y del poder del pecado seremos librados de la misma presencia del pecado.  Queda claro, entonces, que la salvación es un proceso que se extiende en el pasado, en el presente y en el futuro.

La glorificación será imposible a menos que hayamos sido justificados y santificados, y estas dos fases de la redención dependen de la naturaleza perfecta de Cristo. Vivió por nosotros, murió por nosotros, para que pudiéramos vivir para siempre con El.

 

 

 

 

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