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FE Y OBRAS –parte 1-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

Dijo el apóstol Pablo: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios?… Y ésto érais algunos; más ya habéis sido lavados, ya  habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Cor.6:9-11). 

La ausencia de devoción, piedad y santificación del hombre externo viene por la negación de Cristo Jesús nuestra justicia.  El amor de Dios necesita ser constantemente cultivado…

Mientras una clase pervierte la doctrina de la justificación por la fe y deja de cumplir con las condiciones formuladas en la Palabra de Dios. –“Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15) “- igualmente cometen un error semejante  los que pretenden creer y obedecer los mandamientos de Dios pero se colocan en oposición a los preciosos rayos de luz que se reflejan de la cruz del Calvario.  La primera clase no ve las cosas maravillosas que tiene la Ley de Dios para todos los que son hacedores de su Palabra.  Los otros cavilan sobre trivialidades y descuidan las cuestiones de más peso –la misericordia y el amor de Dios.

Muchos han perdido demasiado por no haber abierto los ojos de su entendimiento para discernir las cosas asombrosas de la Ley de Dios.  No se ha levantado delante de la gente la justicia de Cristo y el pleno significado de su gran plan de redención. Si aceptamos a Cristo como Redentor, debemos aceptarlo como Soberano. No podemos tener la seguridad y perfecta confianza en Cristo como nuestro Salvador hasta que lo reconozcamos como nuestro Rey y seamos obedientes a sus mandamientos. 

Así demostramos nuestra lealtad a Dios. Entonces nuestra fe sonará genuina, porque es una fe que obra. Obra por amor.  Digamos en nuestro corazón “Señor, creo que tu moriste para redimir mi alma.  Si tu le has dado tal valor al alma como para ofrecer tu vida por la mia, yo voy a responder. Entrego mi vida y todas sus posibilidades, con toda mi debilidad, a tu cuidado”.

La voluntad debe ser puesta en completa armonía con la voluntad de Dios. Cuando se ha hecho ésto, ningún rayo de luz que brille en el corazón y en la mente será resistido.  El alma no será obstruida con prejuicios que lleven a llamar tinieblas  a la luz, y luz a las tinieblas. La luz del cielo es bien recibida, como una luz que llena todos los recintos del alma. Esto es entonar melodías a Dios.

FE E INCREDULIDAD

Alleguémonos a Dios y Dios se allegará a nosotros. Esto significa estar mucho con el Señor en oración.  Cuando los que se han ejercitado a sí mismos en el escepticismo y han acariciado la incredulidad, tejiendo dudas en su experiencia, son convencidos por el Espíritu de Dios, comprenden que es su deber personal confesar su incredulidad. 

Abren sus corazones para aceptar la luz que se les ha enviado y cruzan por fe la línea que separa al pecado de la rectitud y la duda de la fe. Se consagran sin reservas a Dios, para seguir la luz de Él en lugar de las chispas de su propia llama.  Al mantener su consagración, percibirán mayor luz y la luz aumentará más y más en brillo hasta que el día sea perfecto.

La incredulidad que se acaricia en el alma tiene un poder hechizante. Las semillas de duda que han estado sembrando producirán su fruto, pero deben continuar desenterrando toda raíz de incredulidad. Cuando estas plantas venenosas son arrancadas, dejan de crecer por falta de alimento en palabra y acción.  El alma necesita que las preciosas plantas de la fe y el amor sean plantadas en el terreno del corazón y se entronicen allí.   (Elena White).

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