Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘1.34-La experiencia de Jacob durante aquella noche de lucha y angustia representa la prueba que habrá de soportar el pueblo de Dios inmediatamente antes de la Segunda Venida de Cristo.’ Category

LA VERDAD ACERCA DE LOS ANGELES-RESPUESTAS FIRMEMENTE BASADAS EN LA PALABRA DE DIOS—parte 34-

LOS ÁNGELES EN LA ERA PATRIARCAL-parte 5-

JACOB Y ESAÚ-parte 2-

Jacob y Rebeca triunfaron en su propósito, pero por su engaño no se granjearon más que tristeza y aflicción.  Dios había declarado que Jacob debía recibir la primogenitura y si hubiesen esperado con confianza hasta que Dios obrara en su favor, la promesa se habría cumplido a su debido tiempo.

Amenazado de muerte por la ira de Esaú, Jacob salió fugitivo. La noche del segundo día se encontró lejos de las tiendas de su padre.  Se sentía desechado, y sabía que toda esta tribulación había venido sobre él por su propio proceder erróneo. Las tinieblas de la desesperación oprimían su alma, y apenas se atrevía a orar. 

Sin embargo, estaba tan completamente solo que sentía como nunca antes la necesidad de la protección de Dios.  Llorando y con profunda humildad, confesó su pecado, y pidió que se le diera alguna evidencia de que no estaba completamente abandonado.

Pero Dios no abandonó a Jacob. Compasivamente el Señor reveló a Jacob precisamente lo que necesitaba: un Salvador.  Cansado de su viaje, el peregrino se acostó en el suelo, con una piedra de cabecera.  Mientras dormía vio una escalera, clara y reluciente, “que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba el cielo”. Por esta escalera subían y bajaban ángeles.  En lo alto de ella estaba el Señor de la gloria, y su voz se oyó desde los cielos: “Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac”. (Gen.28:12-13)

En esta visión, el plan de redención le fue revelado a Jacob.  La escalera representaba a Jesús, el medio señalado para comunicarse con el cielo.  Si no hubiese salvado por sus méritos el abismo producido por el pecado, los ángeles ministradores no habrían podido tratar con el hombre caído.

Con nueva y duradera fe en las promesas divinas, y seguro de la presencia y protección de los ángeles celestiales, prosiguió Jacob su jornada “a la tierra de los orientales”.  (PP-176-186-)

Aunque Jacob había dejado a Padan-aram en obediencia a la instrucción divina, no volvió sin muchos temores por el mismo camino por donde había pasado como fugitivo veinte años antes.  Recordaba siempre el pecado que había cometido al engañar a su padre… A medida que se acercaba al fin de su viaje, el recuerdo de Esaú le traía muchos presentimientos aflictivos.  Nuevamente el Señor dio a Jacob otra señal del amparo divino. (PP-194)

Cuando Jacob continúo su viaje, los ángeles se presentaron. Al verlos, dijo: “Campamento de Dios es este” (Gen.32:2). En un sueno vio a los ángeles de Dios acampando alrededor de él.  (SG)

Directamente delante de él, como si estuvieran mostrando el camino, Jacob vio dos compañías de ángeles guiándolo y protegiéndolo.  Al verlos, brotaron de sus labios palabras de alabanza y exclamó: “Campamento de Dios es éste”.  Y llamó el nombre de aquel lugar Mahanaim, que significa dos huestes o compañías. (ST)

Sin embargo, Jacob creyó que debía hacer algo a favor de su propia seguridad.  Mandó, pues, mensajeros a su hermano con un saludo conciliatorio.  Pero los siervos volvieron con la noticia de que Esaú se acercaba con cuatrocientos hombres, y que no había dado contestación al mensaje amistoso.  “Entonces Jacob tuvo gran temor. Y se angustió”…

Cuando vino la noche mandó a su familia cruzar el vado al otro lado del río, quedándose el solo atrás.  Había decidido pasar la noche en oración y deseaba estar solo con Dios.

De pronto sintió una mano fuerte sobre él.  Creyó que un enemigo atentaba contra su vida, y trató de librarse. En las tinieblas los dos lucharon por predominar.  Jacob desplegó todas sus energías.  Mientras así luchaba, el sentimiento de su culpa pesaba sobre su alma; sus pecados surgieron ante él, para alejarlo de Dios. 

Pero en su aflicción recordaba las promesas del Señor, y suplicaba misericordia. La lucha duró hasta poco antes del amanecer, cuando el desconocido tocó el muslo de Jacob, dejándolo incapacitado en el acto.  Comprendió que había luchado con un mensajero celestial, y que por eso sus esfuerzos casi sobrehumanos no habían obtenido la victoria.

El que luchó con Jacob es llamado “un varón”. Oseas lo identifica como “el ángel”. Era, en verdad, la Majestad del cielo, el Ángel del pacto, quien se apareció a Jacob en la forma y apariencia de un hombre. (ST)

La experiencia de Jacob durante aquella noche de lucha y angustia representa la prueba que habrá de soportar el pueblo de Dios inmediatamente antes de la segunda venida de Cristo.

LOS ÁNGELES EN EL TIEMPO DEL EXODO

Continúa en parte 35

 

Read Full Post »

A %d blogueros les gusta esto: