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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 41-

COMO SOMOS SALVOS –parte 8-

EL NUEVO NACIMIENTO

Pero en el momento del bautismo no sólo recibimos el perdón.  No sólo queda muerta y sepultada nuestra vida antigua con Cristo, sino que resucitamos a una nueva vida por el poder del Espíritu Santo. 

En Romanos 6 el apóstol Pablo no sólo dice que morimos en Cristo en el momento del bautismo sino que resucitamos con El a una nueva vida: “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva…Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él…Consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:4, 8, 11).

Así como el gusano se sepulta en la crisálida para luego nacer como una nueva criatura, el pecador sepulta sus pecados con Cristo en el bautismo para nacer de nuevo. El apóstol Pablo nos dice en Gálatas 3:27 que llegamos a estar en Cristo cuando nos bautizamos y que El que “está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 corintios 5:17).  Si hemos resucitado a una nueva vida con Cristo, no vamos a vivir como antes.  Estando libres del pecado no vamos a querer arrastrarnos por el suelo como gusanos.

En el día de Pentecostés, el apóstol Pedro no sólo afirmó que recibimos la remisión o perdón de nuestros pecados en el bautismo, sino que también recibimos el don del Espíritu Santo (Hechos 2:38).  Jesús le dijo a Nicodemo que debía nacer del agua y del Espíritu para poder entrar al reino de Dios (Juan 3:3, 5), y cuando Jesús se bautizó no sólo fue sepultado en el agua; también descendió sobre El el Espíritu Santo (Marcos 1:9-11).

¡Qué hermosa ceremonia nos dio el Señor para que participásemos de la muerte y resurrección de Cristo! Cuando somos sepultados en las aguas, expiramos, dejamos de respirar por un momento.  Cuando somos levantados, inspiramos  o respiramos de nuevo. En el bautismo pues, Dios nos considera muertos con Cristo y resucitados con El. Habiendo muerto al pecado y resucitado a una nueva vida, disfrutamos de libertad pues el pecado ya nos se enseñorea de nosotros (Romanos 6:14-18).  Estamos bajo la gracia.

UNA VIDA DE SANTIDAD –parte 1-

El siguiente paso en el proceso de la salvación es la santificación. Cuando experimentamos el nuevo nacimiento, Cristo entra en nuestras vidas y nos cambia el corazón de piedra por uno de carne (Ezequiel 36:26).

En el monte Sinaí, Dios escribió los Diez Mandamientos con letra de fuego sobra tablas de piedra con su propio dedo (Éxodo 31:18).  Pocos saben que el dedo de Dios es el Espíritu Santo (Compare Mateo 12:28 con Lucas 11:20).  Así es que el Espíritu Santo escribió los Diez Mandamientos.

Ese mismo Espíritu que escribió la Ley en el corazón de Jesucristo cuando vino al mundo (Salmo 40:6-8; Hebreos 10:5-9), la escribe en nuestro corazón cuando nacemos de nuevo (Jeremías 31:31-34).  Como resultado, ya no vivimos nosotros sino Cristo en nosotros y nuestras vidas cambian radicalmente (Gálatas 2:20).

Muchos tienen un concepto erróneo de la salvación. Aceptan a Cristo como Salvador pero no como Señor. Quieren perdón, pero no pureza.  Desean los privilegios de la salvación sin los deberes de la vida cristiana.  Quieren la gracia, pero no quieren la Ley.  La Biblia enseña que cuando nacemos de nuevo en Cristo, vamos a crecer en El.

Continúa en parte 42

 

 

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