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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 11-

LA ESTRELLA REBELDE  -parte 4-

Hay varias cosas que podemos saber a ciencia cierta en cuanto a Lucifer:

7. Cuando Adán y Eva pecaron, desobedecieron el mandato explícito de Dios. Su pecado era inexcusable.  Dios había prometido que la consecuencia de dicho acto iba a ser la muerte.  Es más, Dios afirmó que el mismo día que comieran del árbol iban a morir (Génesis 2:17). Entonces, ¿por qué no murieron ese mismo día?  Próximamente estudiaremos esta pregunta, pero antes debemos aclarar algunos puntos importantes.

Dios estaba obligado a castigar el pecado de Adán y Eva con la muerte, pues había dicho: “El día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17). Romanos 6:23 afirma: “La paga del pecado es muerte”. La justicia y la veracidad de Dios exigían la muerte de Adán y Eva, pero su amor y misericordia querían salvarlos.  Aparentemente había una discordia irreconciliable entre la justicia y la misericordia de Dios. ¿Cómo podía Dios castigar el pecado y al mismo tiempo salvar al pecador?

Estudiaremos el maravilloso plan que Dios puso en práctica para reconciliar su amor y su justicia, pero antes debemos entender que el virus mortal del pecado no afectó tan sólo a nuestros primeros padres. La infección se extendió también a todos sus descendientes.  Según la Biblia, todos nacemos en este mundo a imagen de Adán que pecó (Génesis 5:1-3) Recibimos de él una naturaleza pecaminosa, inclinada hacia el mal, desviada hacia el pecado.  El hombre nace egoísta, enemistado contra Dios, rebelde, lleno de suficiencia propia.

Tiene una tendencia hacia el pecado que por sí mismo no puede resistir. Efesios 2:3-4 afirma que somos por naturaleza hijos de ira y en Salmo 51:5 se nos dice que somos concebidos en pecado.  Debe quedar algo claro que no somos culpables del pecado que cometió Adán, pero si heredamos sus consecuencias.  El salmista David dice que el hombre es rebelde desde el momento de su concepción (Salmo 58:3).  Con el transcurso del tiempo la naturaleza pecaminosa que recibimos de Adán nos lleva a cometer actos de pecado.  Es decir, heredamos de Adán una naturaleza pecaminosa que no puede sino pecar. Toda  la raza humana está bajo sentencia de muerte, pues en Adán todos mueren (1 Corintios 15:22).  El apóstol Pablo afirma: “No hay justo, ni aún uno…Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:10,23).

Todos nacemos en este mundo perdidos y condenados a muerte, y lo peor es que no podemos por nosotros mismos cambiar nuestra condición ni nuestra sentencia. El profeta Jeremías pregunta: “Mudará el etíope  su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal? (Jeremías 13:23).

El pecado del hombre pareció poner en aprietos a Dios. Satanás lo desafió: “Si no castigas al hombre con la muerte, eres un mentiroso pues has dicho, ‘el alma que pecare esa morirá’.  Por otro lado, si castigas al hombre con muerte eterna por su pecado, no lo amas pues un Dios de amor no haría tal cosa” ¿Qué podía hacer Dios para disipar las tenebrosas sombras que cubrían al planeta Tierra? ¡Había un plan!

LA HUMILDAD DE DIOS

Continúa en parte 12

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