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ESPERANZA EN LA PALABRA-JESÚS LA UNICA ESPERANZA-parte 39-

¡CUIDADO CON LA TIRANÍA DEL ESTOMAGO!-parte 2-

SALUD Y NUTRICION

NUESTRO PELIGRO NO RADICA EN LA ESCASEZ, SINO EN LA ABUNDANCIA. ESTAMOS SIEMPRE TENTADOS A LOS EXCESOS”.

UN MODELO DE INTEGRIDAD

HABITAMOS una sociedad consumista, movida por la cultura del exceso, dominada por la promoción de la gratificación de todos los deseos.  Se ha dicho que “la meta –una especie de símbolo de la felicidad posmoderna-, es vivir bien, comer lo suficiente, tener una casa cómoda, dos o tres autos”.

La consigna actual es “Amate a ti mismo” o “busca complacerte”; se busca los banquetes, las “comilonas”, festejar, divertirse, las celebraciones, obtener el mayor placer posible.  No es cuestión de postergar las apetencias; por el contrario, el mensaje de los medios y la propaganda es: “Date el gusto, anda al restaurante X”, “Saborea nuestra especialidad”, “Comprueba el buen comer en el establecimiento X”.  Es el elogio al exceso, la glorificación de los maestros del placer, donde la persona sobria se reduce a una caricatura del tormento.  En este contexto ¿cómo es posible practicar la moderación y la virtud de la temperancia?

Afirma un conocido adagio: “Toda persona es arquitecto de su propio destino”. El dominio del apetito no sólo construye comportamientos saludables y hábitos ordenados –al regular los horarios y la cantidad como la calidad del comer-, también asienta los cimientos del edificio de la existencia. Como dijimos, el control del apetito configura un patrón básico de la conducta.

Un modelo de sobriedad aparece en una antigua historia bíblica. Se trata de la experiencia del profeta Daniel. Narra el registro sagrado que siendo muy joven, los ejércitos del imperio babilónico tomaron por asalto la ciudad de Jerusalén, donde vivía Daniel, y cometieron todo tipo de atropellos y violaciones.  En esas circunstancias, Daniel fue tomado prisionero y llevado como esclavo a Babilonia.  Allí fue sometido a un aprendizaje intensivo de la cultura babilónica.  Se le impuso el régimen alimenticio de la corte, que no se ajustaba a la dieta a la que estaba acostumbrado y que Dios había censurado como nociva.

Allí Daniel adoptó una decisión fundamental que cambio su vida e incluso la historia del Imperio de Nabucodonosor.  Declara el texto bíblico:

“Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía…” (Daniel 1:8).

Le fue concedida la dieta que reclamó, y al evaluarse posteriormente sus aptitudes físicas y mentales, en comparación con quienes habían consumido la comida del rey, se halló que Daniel obtuvo calificaciones diez veces superiores al grupo mayoritario.

La integridad y firmeza del profeta Daniel al mantener su apego a los principios de la alimentación saludable y el control de su comportamiento oral, fueron la base para su brillante desempeño posterior en las altas funciones administrativas de gobierno que le tocó ejercer.  Durante cerca de 67 años de servicio, bajo diferentes gobiernos durante dos imperios diferentes –babilónico y persa-, en tareas de vicepresidente, gobernador, ministro y asesor, Daniel fue un funcionario ejemplar.

En conclusión para decantar los propios excesos, no es cuestión de negociar treguas de distensión, sino adoptar decisiones firmes y definidas de no ceder a la tentación de la autocomplacencia del apetito corrompido, sino ejercer la libertad del autocontrol con una voluntad sostenida por la ayuda divina.

-Mario Pereyra- doctorado en Psicología-

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