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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 38-

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?–parte 1-

Muchos, especialmente los que son nuevos en la vida cristiana, se sienten a veces turbados con las sugestiones del escepticismo.  Hay muchas cosas en la Biblia que no pueden explicar y ni siquiera entender, y Satanás las emplea para hacer vacilar su fe en la Santas Escrituras como revelación de Dios.  Preguntan: ¿Cómo sabré cuál es el buen camino? Si la Biblia es en verdad la Palabra de Dios, ¿cómo puedo librarme de estas dudas y perplejidades?

Dios nunca nos exige que creamos sin darnos suficiente evidencia sobra la cual fundar nuestra fe.  Su existencia, su carácter, la veracidad de su Palabra, todas estas cosas están establecidas por abundantes testimonios que excitan nuestra razón.  Sin embargo, Dios no ha quitado nunca toda posibilidad de duda.  Nuestra fe debe reposar sobre evidencias, no sobre demostraciones. Los que quieran dudar tendrán oportunidad;  al paso que los que realmente deseen conocer la verdad  encontrarán abundante evidencia sobre la cual basar su fe.

Es imposible para el espíritu finito del hombre comprender plenamente el carácter o las obras del Infinito.  Para la inteligencia más perspicaz, para el espíritu más ilustrado, aquel santo Ser debe siempre permanecer envuelto en el misterio. “¿Puedes tu descubrir las cosas recónditas de Dios? ¿Puedes hasta lo sumo llegar a conocer al Todopoderoso? Ello es alto como el cielo, ¿Qué podrás saber?” (Job 11:7, 8).

El apóstol Pablo exclama: ¡Oh profundidad de las riquezas, así de la sabiduría como de la ciencia de Dios! ¡Cuán inescrutables son sus juicios, e ininvestigables sus caminos!” (Rom.11:33).  Más aunque “nubes y tinieblas están alrededor de El; justicia y juicio son el asiento de su trono”. (Sal.97:2). Pero donde comprendemos su modo de obrar con nosotros y los motivos que lo mueven, descubrimos su amor y misericordia sin límites unidos a su infinito poder.  Podemos entender de sus designios cuanto es bueno para nosotros saber, y más allá de esto debemos confiar todavía en la mano omnipotente y en el corazón lleno de amor.

La Palabra de Dios, como el carácter de su divino Autor, presenta misterios que nunca podrán plenamente ser comprendidos por seres finitos.  La entrada del pecado en el mundo, la encarnación de Cristo, la regeneración y otros muchos asuntos que se presentan en la Biblia, son misterios demasiado profundos para que la mente humana los explique, o para que los comprenda siquiera plenamente. Pero no tenemos razón para dudar de la Palabra de Dios porque no podamos entender los misterios de su providencia.  En el mundo natural estamos siempre rodeados de misterios que no podemos sondear.

Aún las formas más humildes de la vida presentan un problema que el más sabio de los filósofos es incapaz de explicar.  Por todas partes se presentan maravillas que superan nuestro conocimiento. ¿Debemos sorprendernos de que en el mundo espiritual haya también misterios que no podamos sondear?  La dificultad está únicamente en la debilidad y estrechez del espíritu humano. Dios nos ha dado en las Santas Escrituras pruebas suficientes de su carácter divino y no debemos dudar de su Palabra porque no podamos entender los misterios de la providencia.  (Elena White)

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