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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 34-

¿PODEMOS COMUNICARNOS CON DIOS?

COMO ORAR PARA QUE LAS ORACIONES SEAN CONTESTADAS-parte 2-

Nuestra gran necesidad es en si misma un argumento y habla elocuentemente en nuestro favor. Pero se necesita buscar al Señor para que haga estas cosas por nosotros. Pues dice: “Pedid y se os dará” (Mateo 7:7). Si toleramos la iniquidad de nuestro corazón, si estamos apegados a algún pecado conocido, el Señor no nos oirá; más la oración del alma arrepentida y contrita será siempre aceptada. Cuando hayamos confesado con corazón contrito todos nuestros pecados conocidos, podremos esperar que Dios conteste nuestras peticiones. Nuestros propios méritos nunca nos recomendarán a la gracia de Dios.

Es el mérito de Jesús lo que nos salva y su sangre lo que nos limpia; sin embargo, nosotros tenemos una obra que hacer para cumplir las condiciones de la aceptación. La oración eficaz tiene otro elemento: la fe. “Porque es preciso que el que viene a Dios, crea que existe, y que es galardonador de los que le buscan” (Heb.11:6).  La seguridad es amplia e ilimitada, y fiel es El que ha prometido. Cuando no recibimos precisamente las cosas que pedimos y al instante, debemos creer aún que el Señor oye y que contestará nuestras oraciones. Algunas veces pedimos cosas que no serían una bendición para nosotros, y  nuestro Padre celestial contesta con amor nuestras oraciones dándonos aquello que es para nuestro más alto bien, aquello que nosotros mismos desearíamos si, alumbrados de celestial saber, pudiéramos ver todas las cosas como realmente son. 

Cuando nos parezca que nuestras oraciones no son contestadas, debemos aferrarnos a la promesa; porque el tiempo de recibir contestación seguramente vendrá y recibiremos las bendiciones que más necesitamos.  Por supuesto, pretender que nuestras oraciones sean siempre contestadas en la misma forma y según lo que en particular pidamos, es presunción.  Dios es demasiado sabio para equivocarse y demasiado bueno para negar un bien a los que andan en integridad.  Así que no temamos confiar en El, aunque no veamos la inmediata respuesta de nuestras oraciones. Confiemos en la seguridad de su promesa: “Pedid y se os dará”

Si consultamos nuestras dudas y temores, o procuramos resolver cada cosa que no veamos claramente, antes de tener fe, solamente se acrecentarán y profundizarán las perplejidades.  Más si venimos a Dios sintiéndonos desamparados y necesitados, como realmente somos, si venimos con humildad y con la verdadera certidumbre de la fe le presentamos nuestras necesidades a Aquél cuyo conocimiento es infinito, a quien nada se le oculta y quien gobierna todas las cosas por su voluntad y palabra, El puede y quiere atender nuestro clamor y hacer resplandecer su luz en nuestro corazón. 

Por la oración sincera nos ponemos en comunicación con la mente del Infinito.  Quizás no tengamos al instante ninguna prueba notable de que el Redentor está inclinado hacia nosotros con compasión y amor; sin embargo es así.  No podemos sentir su toque manifiesto, más su mano nos sustenta con amor y piadosa ternura.

Cuando imploramos misericordia y bendición de Dios, debemos tener un espíritu de amor y perdón en nuestro propio corazón. Si esperamos que nuestras oraciones sean oídas, debemos perdonar a otros como esperamos ser perdonados nosotros. (Elena White)

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