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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 31-

LOS DOS LENGUAJES DE LA PROVIDENCIA

COMO ESTUDIAR LA BIBLIA-parte 2-

El poeta y el naturalista tienen muchas cosas que decir acerca de la naturaleza, pero es el cristiano el que más goza de la belleza de la tierra, porque reconoce la obra de la mano de su Padre y percibe su amor.  Dios nos habla mediante sus obras providenciales y por la influencia de su Espíritu Santo en el corazón. En nuestras circunstancias y ambiente, en los cambios que suceden diariamente en torno nuestro, podemos encontrar preciosas lecciones, si tan sólo nuestros corazones están abiertos para recibirlas.  El salmista, trazando la obra de la Providencia divina, dice: “La tierra está llena de la misericordia de Jehová.” (Salmo 33:5)  “¡Quien sea sabio, observe estas cosas; y consideren todos la misericordia de Jehová!” (Salmo 107:43).

Dios nos habla también en su Palabra. En ella tenemos en líneas más claras la revelación de su carácter, de su trato con los hombres y de la gran obra de la redención.  En ella se nos presenta la historia de los patriarcas y profetas y de otros hombres santos de la antigüedad.  Ellos eran hombres sujetos “a las mismas debilidades que nosotros” (Sant. 5:17). Vemos como lucharon entre descorazonamientos como los nuestros, como cayeron bajo tentaciones como hemos caído nosotros y, sin embargo, cobraron nuevo valor y vencieron por la gracia de Dios; y recordándolos, nos animamos en nuestra lucha por la justicia.

Al leer el relato de los preciosos sucesos que se les permitió experimentar, la luz, el amor y la bendición que les tocó gozar y la obra que hicieron por la gracia a ellos dada, el espíritu que los inspiró enciende en nosotros un fuego de santo celo y un deseo de ser como ellos en carácter y andar con Dios como ellos.

Jesús dijo de las Escrituras del Antiguo Testamento “Ellas son las que dan testimonio de mí” (Juan 5:39), el Redentor, Aquél en quien nuestras esperanzas de vida eterna se concentran.  Si, la Biblia entera nos habla de Cristo.  Desde el primer relato de la creación, de la cual se dice: “Sin El nada de lo que es hecho, fue hecho” (Juan 1:3), hasta la última promesa: “¡He aquí, yo vengo presto!” (Apoc.22:12). Si deseamos conocer al Salvador, estudiemos las Santas Escrituras.

Llenemos nuestro corazón de las palabras de Dios. Son el agua viva que apaga nuestra sed.  Son el pan vivo que descendió del cielo.  Jesús declara: A menos que comáis la carne del Hijo del hombre, y bebáis su sangre, no tendréis vida en vosotros.” “Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”  (Juan 6:53,63).  Nuestros cuerpos viven de lo que comemos y bebemos; y lo que sucede en la vida natural sucede en la espiritual: lo que meditamos es lo que da tono y vigor a nuestra naturaleza espiritual.

El tema de la redención, será la ciencia y el canto de los redimidos durante las edades de la eternidad. La infinita misericordia y el amor de Jesús, el sacrificio hecho en nuestro favor, demandan de nosotros la más seria y solemne reflexión. Cuando contemplemos así los asuntos celestiales, nuestra fe y amor serán más fuertes y nuestras oraciones más aceptables a Dios. Habrá una confianza constante en Jesús y una experiencia viva y diaria en su poder de salvar completamente a todos los que van a Dios por medio de El.  (Elena White)

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