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EL CAMINO A CRISTO-EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 28-

EL GOZO DE LA COLABORACION

COMO CRECER EN EL AL COMPARTIR SU SACRIFICIO-parte 2-

Dios ha concedido a los hombres el privilegio de ser hechos participantes de la naturaleza divina y de difundir a su vez bendiciones para sus hermanos.  Este es el honor más alto y el gozo más grande que Dios pueda conferir a los hombres.  Los que así participan en trabajos de amor, se acercan más a su Creador.

Dios podría haber encomendado el mensaje del Evangelio, y toda la obra del ministerio de amor, a los ángeles del cielo.  Podría haber empleado otros medios para llevar a cabo su obra.  Pero en su amor infinito quiso hacernos colaboradores con El, con Cristo y con los ángeles, para que participemos de la bendición, del gozo y de la elevación espiritual que resultan de este abnegado ministerio.

Somos inducidos a simpatizar con Cristo, asociándonos a sus padecimientos.  Cada acto de sacrificio personal por el bien de otros robustece el espíritu de caridad en el corazón y lo une más fuertemente al Redentor del mundo, quien “siendo El rico, por vuestra causa se hizo pobre, para que vosotros, por medio de su pobreza, llegaseis a ser ricos” (2 Cor.8:9).  Y solamente cuando cumplimos así el designio que Dios tenía al crearnos, puede la vida ser una bendición para nosotros.

Si trabajamos como Cristo quiere que sus discípulos trabajen y ganen almas para El. Sentiremos la necesidad de una experiencia más profunda y de un conocimiento más grande de las cosas divinas y tendremos hambre y sed de justicia.  Abogaremos con Dios y nuestra fe se robustecerá; y nuestra alma beberá en abundancia de la fuente de la salud.  El encontrar oposición y pruebas nos llevará a la Biblia y a la oración.  Creceremos en la gracia y en el conocimiento de Cristo y adquiriremos una rica experiencia.

El trabajo desinteresado por otros da al carácter profundidad, firmeza y amabilidad parecidas a las de Cristo; trae paz y felicidad al que lo realiza.  Las aspiraciones se elevan.  No hay lugar para la pereza o el egoísmo.  Los que de esta manera ejerzan las gracias cristianas crecerán y se harán fuertes para trabajar por Dios.  Tendrán claras percepciones espirituales, una fe firme y creciente y un acrecentado poder en la oración. El Espíritu de Dios, que mueve su espíritu, pone en juego las sagradas armonías del alma, en respuesta al toque divino.  Los que así se consagran a un esfuerzo desinteresado por el bien de otros, están obrando ciertamente su propia salvación. 

El único modo de crecer en la gracia es haciendo desinteresadamente la obra que Cristo ha puesto en nuestras manos: comprometernos, en la medida de nuestra capacidad, a ayudar y beneficiar a los que necesitan la ayuda que podemos darles.  La fuerza se desarrolla con el ejercicio, la actividad es la misma condición de la vida. Los que se esfuerzan en mantener una vida cristiana aceptando pasivamente las bendiciones que vienen por la gracia, sin hacer nada por Cristo, procuran simplemente vivir comiendo sin trabajar.  Pero el resultado de ésto, tanto en el mundo espiritual como en el temporal, es siempre la degeneración y decadencia.

La iglesia de Cristo es el agente elegido por Dios para la salvación de los hombres.  Su misión es extender el Evangelio por todo el mundo.  Y la obligación recae sobre todos los cristianos.  Cada uno de nosotros, hasta donde lo permitan sus talentos y oportunidades, tiene que cumplir con la comisión del Salvador. El amor de Cristo que nos ha sido revelado nos hace deudores a cuantos no lo conocen.  Dios nos dio luz no sólo para nosotros sino para que la derramemos sobre ellos.  (Elena White)

 

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