Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘1.20-Cuando venimos a Cristo, como seres errados y pecaminosos, y nos hacemos participantes de su gracia perdonadora, nace en nuestro corazón el amor de El.’ Category

EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 21-

COMO LOGRAR UNA MAGNIFICA RENOVACION

COMO PERMANECER CERCA DE EL Y SOSTENER UNA VIDA VICTORIOSA EN CRISTO-parte 2-

No hay evidencia de arrepentimiento verdadero cuando no se produce una reforma en la vida.  Si restituye la prenda, devuelve lo que hubiera robado, confiesa sus pecados y ama a Dios y a su prójimo, el pecador puede estar seguro de que pasó de muerte a vida.

Cuando venimos a Cristo, como seres errados y pecaminosos, y nos hacemos participantes de su gracia perdonadora, nace en nuestro corazón el amor de El. Toda carga resulta ligera; porque el yugo de Cristo es suave.  El sendero que en el pasado nos parecía cubierto de tinieblas ahora brilla con los rayos del Sol de Justicia.  La belleza del carácter de Cristo se verá en los que le siguen.  Era su delicia hacer la voluntad de Dios.  El poder predominante en la vida de nuestro Salvador era el amor a Dios y el celo por su gloria.

El amor embellecía y ennoblecía todas sus acciones.  El amor es de Dios, no puede producirlo u originarlo el corazón inconverso. Se encuentra solamente en el corazón donde Cristo reina. “Nosotros amamos, por cuanto El nos amó primero” (1 Juan 4:19). En el corazón regenerado por la gracia divina, el amor es el móvil de las acciones.  Modifica el carácter, gobierna los impulsos, restringe las pasiones, domina la enemistad y ennoblece los afectos.  Este amor alimentado en el alma, endulza la vida y derrama una influencia purificadora en todo su derredor.

Hay dos errores contra los cuales los hijos de Dios, particularmente los que apenas han comenzado a confiar en su gracia, deben especialmente guardarse.  El primero, sobre el que ya se ha insistido, es el fijarse en sus propias obras, confiando en alguna cosa que puedan hacer, para ponerse en armonía con Dios. El que está procurando llegar a ser santo mediante sus propios esfuerzos por guardar la Ley, está procurando una imposibilidad.  Todo lo que el hombre puede hacer sin Cristo está contaminado de amor propio y pecado.  Solamente la gracia de Cristo, por medio de la fe, puede hacernos santos.

El error opuesto y no menos peligroso es que la fe en Cristo exime a los hombres de guardar la Ley de Dios; que puesto que solamente por la fe somos hechos participantes de la gracia de Cristo, nuestras obras no tienen nada que ver con nuestra redención.

Pero nótese aquí que la obediencia no es un mero cumplimiento externo, sino un servicio de amor.  La Ley de Dios es una expresión de su misma naturaleza; es la personificación del gran principio del amor y, en consecuencia, el fundamento de su gobierno en los cielos y en la tierra. Si nuestros corazones son regenerados a la semejanza de Dios, si el amor divino es implantado en el corazón, ¿no se manifestará la Ley de Dios en la vida?

Cuando es implantado el principio del amor en el corazón, cuando el hombre es renovado conforme a la imagen del que lo creó, se cumple en él la promesa del nuevo pacto: “Pondré mis leyes en su corazón, y también en su mente las escribiré” (Heb.10:16). La obediencia, es decir, el servicio y la lealtad de amor, es la verdadera prueba del discipulado. La escritura dice:

“Este es el amor de Dios, que guardemos sus mandamientos”. “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, es mentiroso, y no hay verdad en él”.  (Juan 5:3, 2:4)     

(Elena White)

Read Full Post »

A %d blogueros les gusta esto: