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Archive for the ‘1.06-UN PODER MISTERIOSO QUE CONVENCE-Como venir a Dios arrepentido-’ Category

EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 7-

UN PODER MISTERIOSO QUE CONVENCE

COMO VENIR A DIOS ARREPENTIDO-parte 1-

¿Cómo se justificará el hombre con Dios? ¿Cómo se hará justo el pecador? Solamente por intermedio de Cristo podemos ponernos en armonía con Dios y la santidad; pero, ¿cómo debemos ir a Cristo? Muchos formulan la misma pregunta que hicieron las multitudes el día de Pentecostés, cuando convencidas de su pecado, exclamaron: “¿Qué haremos?” La primera palabra de contestación de Pedro fue “Arrepentíos.” Poco después, en otra ocasión, dijo:”Arrepentíos pues, y volveos a Dios; para que sean borrados vuestros pecados.” (Hechos 2:38; 3:19).

El arrepentimiento comprende tristeza por el pecado y abandono del mismo.  No renunciaremos al pecado a menos que veamos su pecaminosidad; mientras no lo repudiemos de corazón, no habrá cambio real en la vida.

Hay muchos que no entienden la naturaleza verdadera del arrepentimiento.  Gran número de personas se entristecen por haber pecado y aún se reforman exteriormente, porque  temen que su mala vida les acarre sufrimientos.  Pero ésto no es arrepentimiento en el sentido bíblico.  Lamentan la pena más bien que el pecado.  Tal fue el dolor de Esaú cuando vio que había perdido su primogenitura para siempre.  Balaán, aterrorizado por el ángel que estaba en su camino con la espada desnuda, reconoció su culpa por temor de perder la vida; más no experimentó un arrepentimiento sincero del pecado, ni un cambio de propósito, ni aborrecimiento del mal.  Judas Iscariote, después de traicionar a su Señor, exclamó: “¡He pecado, entregando la sangre inocente!”(Mateo 27:4).

Esta confesión fue arrancada a la fuerza de su alma culpable por un tremendo sentido de condenación y una pavorosa expectación de juicio.  Las consecuencias que habían de resultarle lo llenaban de terror, pero no experimentó profundo quebrantamiento de corazón, ni dolor de alma por haber traicionado al Hijo inmaculado de Dios y negado al Santo de Israel. Cuando Faraón sufría los juicios de Dios, reconoció su pecado a fin de escapar del castigo, pero volvió a desafiar al cielo tan pronto como cesaron las plagas.  Todos éstos lamentaban los resultados del pecado, pero no sentían tristeza por el pecado mismo.

Más cuando el corazón cede a la influencia del Espíritu de Dios, la conciencia se vivifica y el pecador discierne algo de la profundidad y santidad de la sagrada ley de Dios, fundamento de su gobierno en los cielos y en la tierra.  “Aquella Luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (Juan 1:9), iluminando las cámaras secretas del alma y manifestando las cosas ocultas.  La convicción se posesiona de la mente y del corazón.  El pecador tiene entonces conciencia de la justicia de Jehová y siente terror de aparecer en su iniquidad e impureza delante del que escudriña los corazones.  Ve el amor de Dios, la belleza de la santidad y el gozo de la pureza. Ansía ser purificado y restituido a la comunión del cielo.

La oración de David después de su caída es una ilustración de la naturaleza del verdadero dolor por el pecado.  Su arrepentimiento era sincero y profundo.  No hizo ningún esfuerzo por atenuar su crimen; ningún deseo de escapar del juicio que lo amenazaba inspiró su oración.  David veía la enormidad de su transgresión; veía las manchas de su alma; aborrecía el pecado.  No imploraba solamente el perdón, sino también la pureza de corazón.  Deseaba tener el gozo de la santidad, ser restituido a la armonía y comunión con Dios. Este era el lenguaje de su alma.

“¡Bienaventurado aquél cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado!”  (Salmo 32:1).

(Elena White)

 

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