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CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 23-

EL MINISTERIO FINAL DE CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL-parte 1-

La mención de una fecha precisa para el juicio, en la proclamación del primer mensaje, fue ordenada por Dios.  El cómputo de los períodos proféticos en que se basa este mensaje, que establecen el fin de los 2.300 días en el otoño de 1844, puede subsistir sin inconvenientes (El Gran Conflicto-pág.510).

“Estuve mirando –dice el profeta Daniel– hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono  llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos” (Daniel 7:9-10)

Así se presentó a la visión del profeta el día  grande y solemne cuando los caracteres y las vidas de los hombres pasarán en revista delante del Juez de toda la tierra, y cuando a todos los hombres se les dará “conforme a sus obras”.  El Anciano de días es Dios, el Padre. El salmista dice: “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Sal.90:2). Es El, el Autor de todo ser y de toda ley, quien debe presidir en el juicio. Y “Millares de millares… y millones de millones” de santos ángeles, como ministros y testigos, están presentes en este gran tribunal.

“Y he aquí con la nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.  Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará y su reino uno que no será destruido” (Daniel 7:13, 14).  La venida de Cristo que se describe aquí no es su segunda venida a la tierra.

El viene hacia el Anciano de días en el cielo para recibir el dominio y la gloria, y un reino, que se le dará a la conclusión de su obra de Mediador.  En esta venida, y no su segundo advenimiento a la tierra, la que la profecía predijo que habría de realizarse al fin de los 2.300 días, en 1844.  Acompañado por ángeles celestiales, nuestro Sumo Sacerdote entró en el Lugar Santísimo, y allí, en la presencia de Dios, dio principio a los últimos actos de su ministerio en beneficio del hombre, a saber, cumplir la tarea del juicio y hacer obra de expiación por todos los que resulten tener derecho a ella.

¿QUE CASOS SE CONSIDERAN?-parte 1-

En el rito simbólico, sólo aquellos que se habían presentado ante Dios arrepentidos y que confesaban sus pecados, y cuyas iniquidades eran llevadas al santuario por medio de la sangre del holocausto, tenían participación en el servicio del día de la expiación.  Del mismo modo en el gran día de la expiación final y del juicio, los únicos casos que se consideran son los de aquellos que han profesado ser hijos de Dios. El juicio de los impíos es obra distinta y se verificará en fecha posterior. “Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? (1 Pedro 4:17).

Los libros del cielo, en los cuales están consignados los nombres y los actos de los hombres determinarán los fallos del juicio.

-Continúa en parte 24-

 

 

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