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CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 19-

NUESTRO SUMO SACERDOTE

SE ABRE OTRA PUERTA

“Estas cosas dice el que es Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra  y ninguno abre:  Yo conozco tus obras: he aquí he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar…” (Apocalipsis 3:7, 8).

Los que por fe siguen a Jesús en su gran obra de expiación, reciben los beneficios de su acción mediadora, mientras que los que rechazan la luz que pone en evidencia este ministerio, no reciben beneficio alguno. Los judíos que rechazaron la luz concedida en ocasión del primer advenimiento de Cristo, y se negaron a creer en El como Salvador del mundo, no podían ser perdonados por su intermedio. Cuando después de la ascensión Jesús entró por medio de su propia sangre en el Santuario Celestial para derramar sobre sus discípulos las bendiciones de su mediación, los judíos quedaron en completa oscuridad y siguieron presentando sacrificios y ofrendas inútiles. Había cesado el ministerio de los símbolos y sombras. 

La puerta por la cual los hombres habían encontrado antes acceso a Dios, ya no estaba abierta.  Los judíos se habían negado a buscarlo de la sola manera como podía ser encontrado entonces: por el sacerdocio en el Santuario del Cielo.  No tenían, por consiguiente, comunión con Dios. La puerta estaba cerrada para ellos. No conocían a Cristo como el verdadero sacrificio y el único Mediador ante Dios; de ahí que no pudieran recibir los beneficios de su mediación.

La condición de los judíos ilustra el estado de los indiferentes e incrédulos entre los profesos cristianos que desconocen voluntariamente la obra de nuestro misericordioso Sumo Sacerdote.  En el servicio típico, cuando el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo, todos los hijos de Israel debían reunirse cerca del santuario y humillar sus almas del modo más solemne ante Dios, a fin de recibir el perdón de sus pecados y no ser separados de la congregación. ¡Cuánto más esencial es que en nuestra época, de la cual el día de la expiación es un símbolo, comprendamos la obra de nuestro Sumo Sacerdote, y sepamos que deberes nos incumben!

EL RESULTADO DE RECHAZAR EL MENSAJE

Los hombres no pueden rechazar impunemente los avisos que Dios, en su misericordia, les envía.  Un mensaje fue enviado del cielo al mundo en tiempos de Noé, y la salvación de los hombres dependía de la manera como ellos aceptaban ese mensaje.  Por el hecho de que la raza humana, pecadora, había rechazado la amonestación, el Espíritu de Dios se retiró de ella y pereció en las aguas del diluvio.  En los días de Abrahán la misericordia dejó de alegar con los culpables de Sodoma, y todos, excepto Lot con su mujer y sus dos hijas, fueron consumidos por el fuego que descendió del cielo. 

Otro tanto sucedió en los días de Cristo. El Hijo de Dios declaró a los judíos incrédulos de aquella generación: “He aquí que vuestra casa os es dejada desierta” (Mateo 23:38). Al considerar los últimos días, el mismo Poder Infinito declara respecto de los que “no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”: “Por ésto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira; a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (2 Tes.2:10-12). A medida que se rechazan las enseñanzas de su Palabra, Dios retira su Espíritu y deja a los hombres en brazos del engaño que tanto les gusta.

Pero Cristo intercede aún por el hombre, y se otorgará luz a los que la buscan.

-Continúa en parte 20-

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