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CONFLICTO ENTRE EL BIEN Y EL MAL-parte 9-

EL ORIGEN DEL MAL Y DEL DOLOR-parte 8

EL ORIGEN DEL MAL Y DEL DOLOR –parte 8-

Entonces fue cuando la culpabilidad de Satanás se destacó en toda su desnudez. Había dado a conocer su verdadero carácter de mentiroso y asesino.  Se echó de ver que el mismo espíritu con el cual él gobernaba a los hijos de los hombres que estaban bajo su poder, lo habría manifestado en el cielo si hubiese podido gobernar a los habitantes de éste.  Había aseverado que la transgresión de la Ley de Dios traería consigo libertad y ensalzamiento; pero lo que trajo en realidad fue servidumbre y degradación.

Los falsos cargos de Satanás contra el carácter del gobierno divino aparecieron en su verdadera luz.  El había acusado a Dios de buscar tan sólo su propia exaltación con las exigencias de sumisión y obediencia por parte de sus criaturas, y había declarado que mientras el Creador exigía que todos se negasen a sí mismos, El mismo no practicaba la abnegación ni hacia sacrificio alguno.

Entonces se vio que para salvar una raza caída y pecadora, el Legislador del universo había hecho el mayor sacrificio que el amor pudiera inspirar, pues “Que Dios estaba en Cristo, reconciliando consigo al mundo,…” (2 Cor.5:19).  Vióse además que mientras Lucifer había abierto la puerta al pecado debido a su sed de honores y supremacía, Cristo, para destruir el pecado, se había humillado y echo obediente hasta la muerte.

Dios había manifestado cuánto aborrece los principios de rebelión.  Todo el cielo vio su justicia revelada, tanto en la condenación de Satanás como en la redención del hombre.  Lucifer había declarado que si la ley de Dios era inmutable y su penalidad irremisible, todo transgresor debía ser excluido para siempre de la gracia del Creador.  El había sostenido que la raza pecaminosa se encontraba fuera del alcance de la redención, y era por consiguiente presa legítima suya. Pero la muerte de Cristo fue un argumento irrefutable en favor del hombre.  La penalidad de la ley caía sobre El que era igual a Dios y el hombre  quedaba libre de aceptar la justicia de Dios y de triunfar del poder de Satanás mediante una vida de arrepentimiento y humillación, como el Hijo de Dios había triunfado. Así Dios es justo, al mismo tiempo que justifica a todos los que creen en Jesús.

Pero no fue tan solo para realizar la redención del hombre para lo que Cristo vino a la tierra a sufrir y morir.  Vino para engrandecer la Ley y hacerla honorable. Ni fue tan sólo para que los habitantes de este mundo respetasen la Ley cual debía ser respetada, sino también para demostrar a todos los mundos del universo que la ley de Dios es inmutable. Si las exigencias de ella hubiesen podido descartarse, el Hijo de Dios no habría necesitado dar su vida para expiar la transgresión de ella. (Elena White)

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