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FE Y OBRAS–parte 33-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

EL MENSAJE A LAODICEA

“En El estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito de Padre), lleno de gracia y de verdad”  (Juan 1: 4, 14).

Agradecemos al Señor de todo corazón porque tenemos una preciosa luz que presentar ante la gente, y nos regocijamos porque tenemos un mensaje para este tiempo que es verdad presente. Las nuevas de que Cristo es nuestra justicia han proporcionado alivio a muchísimas almas, y Dios dice a su pueblo: “Avanza”. 

El mensaje a la Iglesia de Laodicea se aplica a nuestra condición.  Cuán claramente se describe la posición de los que creen que tienen toda la verdad, que se enorgullecen de su conocimiento de la Palabra de Dios, al paso que no se ha sentido en su vida el poder santificador de ella.  Falta en su corazón el fervor del amor de Dios, pero precisamente ese fervor del amor es lo que hace que el pueblo de Dios sea la luz del mundo.

El Testigo fiel dice de una iglesia fría, sin vida y sin Cristo: 

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apoc.3: 15,16).  Tomemos buena nota de las siguientes palabras: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tu eres desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (vers. 17). 

Aquí se representa a los que se enorgullecen de sí mismos por su posesión de conocimiento y superioridad espirituales.  Pero no han respondido a las bendiciones inmerecidas que Dios les ha conferido.  Han estado llenos de rebelión, ingratitud y olvido de Dios; y todavía El los ha tratado como un padre amante y perdonador trata a un hijo ingrato y descarriado.

Han resistido a su gracia, han abusado de sus privilegios, han menospreciado sus oportunidades y se han conformado con hundirse en la satisfacción, en la lamentable ingratitud, el formalismo vacío y la insinceridad hipócrita. Con orgullo farisaico han alardeado de sí mismos hasta que se ha dicho de ellos:

“Tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido y de ninguna cosa tengo necesidad”.

¿No ha enviado acaso el Señor Jesús mensaje tras mensaje de reproche, de amonestación, de súplica a éstos que están satisfechos de sí mismos? Cristo ve lo que no ve el hombre.  Ve los pecados que, si no son borrados por el arrepentimiento, agotarán la paciencia de un Dios tolerante.  Cristo no puede aceptar los nombres de los que están satisfechos en su suficiencia propia.  No puede instar a favor de un pueblo que no siente necesidad de ayuda, que pretende conocer y poseer todo.

“Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.  Yo reprendo y  castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.  He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”  (Apoc.3: 18-20).

Consideremos nuestra condición delante de Dios. Hagamos caso al consejo del Testigo fiel.  Ninguno de nosotros esté lleno de prejuicios como estuvieron los judíos, de modo que la luz no entre en nuestro corazón. Que no sea necesario que Cristo diga de nosotros como dijo de ellos:

“No queréis venir a mí para que tengáis vida”  (Juan 5:40).

 

 

 

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