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FE Y OBRAS–parte 5-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

MERITO HUMANO

Los mortales pueden hacer discursos abogando vehementemente por el mérito de las personas, y cada hombre puede luchar por la supremacía, pero los tales simplemente no saben que todo el tiempo, en principio y en carácter, están tergiversando la verdad de Jesús.  Se hallan en la niebla de la ofuscación.  Necesitan el precioso amor de Dios, ilustrado por el oro refinado en fuego; necesitan la vestidura blanca del carácter puro de Cristo; y necesitan el colirio celestial para poder discernir con asombro la absoluta inutilidad del mérito humano para ganar el galardón de la vida eterna. 

Pueden poner a los pies de nuestro Redentor fervor en el trabajo e intenso afecto, realizaciones intelectuales elevadas y nobles, amplitud de entendimiento y la más profunda humildad; pero no hay una pizca más de gracia y talento que los que Dios dio al principio.  No debe entregarse nada menos que lo que el deber prescribe, y no puede entregarse un ápice más que lo que se ha recibido primero; y todo debe ser colocado sobre el fuego de la justicia de Cristo para purificarlo de su olor terrenal antes de que se eleve en una nube de incienso fragante al gran Jehová y sea aceptado como un suave perfume.

El Señor Jesús imparte todas las facultades, toda la gracia, toda la contrición, todo buen impulso, todo el perdón de los pecados, al presentar su justicia para que el hombre la haga suya mediante una fe viva – la cual también es el don de Dios. Si reunimos todo lo que es bueno, santo, noble y amable en el hombre, y entonces lo presentamos ante los ángeles de Dios como si desempeñáramos una parte en la salvación del alma human o como un mérito, la proposición sería rechazada como una traición.

De pie ante la presencia de su Creador mirando la insuperable gloria que envuelve su persona, contemplan al Cordero de Dios entregado desde la fundación del mundo a una vida de humillación, para ser rechazado, despreciado y crucificado por los hombres pecaminosos. ¡Quién puede medir la infinitud del sacrificio!

Por amor a nosotros Cristo se hizo pobre, para que por su pobreza pudiéramos ser ricos.  Y todas las obras que el hombre puede rendir a Dios serán mucho menos que nada.  Nuestras súplicas son aceptas únicamente porque se apoyan en la justicia de Cristo.  La idea de hacer algo para merecer la gracia del perdón es una falacia del principio al fin.  “Señor en mi mano no traigo valor alguno; simplemente a tu cruz me aferro”.

LO QUE EL HOMBRE NO PUEDE HACER –parte 1-

No le darán gloria alguna las proezas encomiables que el hombre pueda realizar.  Los hombres han caído en la costumbre de glorificar y exaltar a otros hombres, no pocos casos en los cuales la vida familiar y la obra interior de los corazones de esos mismos hombres están llenos de egoísmo. Son corruptos, contaminados, viles;  y nada que proviene de todas sus realizaciones puede elevarlos delante de Dios, porque todo lo que hacen es una abominación ante su mirada. 

No puede haber verdadera conversión sin el abandono del pecado.  Con una agudeza de percepción nunca alcanzada por la comprensión humana, los ángeles de Dios observan que estos seres con almas y manos impuras, están decidiendo su destino por la eternidad; y sin embargo, muchos tienen escasa noción de lo que constituye el pecado y del remedio. (Elena White)  

Continúa en parte 6

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