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DOCTRINA DE LA SALVACION

UN LLAMADO A UNA VIDA  DE SANTIFICACIÓNLa salvación incluye vivir una vida santificada sobre la base de lo que Cristo cumplió en el Calvario. Dios concede a los creyentes el  “Espíritu de sanidad” (Rom.1:4) Que os de (Dios), conforme a la riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones” (Efe. 3:16, 17). Los creyentes tienen nuevas responsabilidades. “Así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia” (Rom.6:19). Ahora los creyentes deben vivir “por el Espíritu” (Gal.5:25).

Los creyentes llenos del Espírituno andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Rom.8:1; véase  8:4). Son transformados, puesto que el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Rom.8:6). El propósito más elevado de la vida llena del Espíritu  es agradar a Dios (1 Tes.4:1). La voluntad de Dios es nuestra santificación,pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1 Tes.4: 3, 6, 7).

EL CAMBIO INTERIOR.En ocasión de la segunda venida de Cristo, seremos transformados físicamente. Este cuerpo mortal corruptible se revestirá de inmortalidad (1Cor.15:51-54). Sin embargo, nuestros caracteres deben ser transformados en preparación para la segunda venida. La transformación del carácter implica los aspectos mentales y espirituales de la imagen dañada de Dios, esanaturaleza interior que debe ser renovada diariamente (2Cor. 4:16; compárese con Rom.12:2).

Cada cristiano completamente entregado está siendo cambiado cada día de gloria en gloria, hasta que, a la segunda venida, complete su transformación a la imagen de Dios.

LA PARTICIPACIÓN DE CRISTO Y EL ESPIRITU SANTOÚnicamente el Creador puede cumplir la obra creativa de transformar nuestras vidas (1 Tes.5:23), sin embargo no lo hace sin nuestra participación.  Debemos colocarnos en el canal de la obra del Espíritu, lo cuál podemos realizar contemplando a Cristo,  A medida que meditamos en la vida de Cristo, el Espíritu Santo restaura las facultades físicas, mentales y espirituales (véase Tito 3:5). Dios desea vivir en el corazón de sus hijos, El que guarda sus mandamientos, permanece en Dios, y Dios en él” (1Juan3:24; 4:12; véase 2Cor. 6:16). Pablo dijo: “Ya no vivo yo, más vive Cristo en mí” (Gal.2:20 compárese con Juan14:23).

PARTICIPAMOS DE LA NATURALEZA DIVINA. Las “preciosas y grandísimas promesas” de Cristo, lo comprometen a concedernos su divino poder para completar la transformación de nuestro carácter (2 Ped.1:14). Este  acceso al poder divino nos permite añadir  con toda diligencia a vuestra fe, virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor (2Ped. 1:5-7).

Porque si estas cosas están en vosotros, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego. (2Ped.1:8,9)

 

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