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LA VERDAD ACERCA DE LOS ANGELES-RESPUESTAS FIRMEMENTE BASADAS EN LA PALABRA DE DIOS—parte 68-

LOS ÁNGELES Y LOS DEMONIOS DURANTE EL MINISTERIO DE CRISTO-parte 3

EL ENDEMONIADO EN LA SINAGOGA DE CAPERNAUN

Mientras estaba Jesús en la sinagoga, hablando del reino que había venido a establecer y de su misión de libertad a los cautivos de Satanás, fue interrumpido por un grito de terror.  Un loco se lanzó hacia delante de entre la gente, clamando: “Déjanos; ¿qué tienes  con nosotros Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios” (Lucas 4:34).

Todo quedó entonces en confusión y alarma. La atención de desvió a Cristo, y la gente ya no oyó sus palabras.  Tal era el propósito de Satanás al conducir su víctima a la sinagoga.  Pero Jesús reprendió al demonio, diciendo: “Cállate, y sal de él. Entonces el demonio, derribándolo en medio de ellos, salió de él, y no le hizo daño alguno” (Lucas 4:35).

La mente de este pobre doliente había sido oscurecida por Satanás, pero en presencia del Salvador un rayo de luz había atravesado las tinieblas. Se sintió incitado a desear estar libre del dominio de Satanás; pero el demonio resistió al poder de Cristo.  Cuando el hombre trató de pedir auxilio a Jesús, el mal espíritu puso en su boca las palabras, y el endemoniado clamó con la agonía del temor.

Comprendía parcialmente que se hallaba en presencia de Uno que podía librarle; pero cuando trató de ponerse al alcance de esa mano poderosa, otra voluntad lo retuvo; las palabras de otro fueron pronunciadas por su medio.  Era terrible el conflicto entre el poder de Satanás y su propio deseo de libertad.  Pero el Salvador habló con autoridad, y libertó al cautivo. (DTG-220-221)

EL SANAMIENTO DEL SIERVO DEL CENTURION

El centurión vio, con el ojo de la fe, que los ángeles de Dios estaban alrededor de Jesús, y que éste podía comisionar a un ángel para acercarse al sufriente.  Creía que sus palabras podían penetrar la habitación del siervo y sanarlo. (RH)

LOS ENDEMONIADOS DE GADARA

Por la mañana temprano, el Salvador y sus compañeros llegaron a la orilla.  Desde algún escondedero entre las tumbas, dos locos echaron a correr hacia ellos como si quisieran despedazarlos. De sus cuerpos colgaban trozos de cadenas que habían roto al escapar de sus prisiones. Los discípulos huyeron aterrorizados; pero al rato notaron que Jesús no estaba con ellos. 

Jesús con autoridad ordenó a los espíritus inmundos que saliesen.  Sus palabras penetraron las oscurecidas mentes de los desafortunados. Cayeron a los pies del Salvador para adorarle; pero los demonios hablaron por medio  de ellos clamando: “¿Qué tienes con nosotros, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido acá para atormentarnos antes de tiempo?” (Mateo 8:29).

En la ladera de una montaña no muy distante pacía una gran piara de cerdos.  Los demonios pidieron que se les permitiese entrar en ellos, y Jesús se lo concedió.

Mientras tanto, un cambio maravilloso se había verificado en los endemoniados.  Había amanecido en sus mentes. Sus rostros, durante tanto tiempo deformados a la imagen de Satanás, se volvieron repentinamente benignos, y con alegría alabaron a Dios por su liberación. (DTG-304-305)

SANAMIENTO DEL MUCHACHO ENDEMONIADO

Continúa en parte 69

 

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