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LA FUENTE DE CURACION-parte 29-

EL CONTACTO CON LA NATURALEZA

El Creador escogió para nuestros primeros padres el ambiente más adecuado para la salud y felicidad. No los puso en un palacio, ni los rodeó de adornos y lujo artificiales que tantos hoy se afanan por conseguir.  Los colocó en íntimo contacto con la naturaleza, y en estrecha comunión con los santos celestiales.

En el huerto que Dios preparó como morada de sus hijos,  hermosos arbustos y delicadas flores halagaban la vista a cada paso.  Había árboles de toda clase, muchos de ellos cargados de fragante y deliciosas frutas.  En sus ramas entonaban las aves sus cantos de alabanza.  Bajo su sombra retozaban las criaturas de la tierra unas con otras sin temor.

Adán y Eva, en su inmaculada pureza, se deleitaban en la contemplación de las bellezas y armonías del Edén.  Dios les señaló  el trabajo que tenían que hacer en el huerto, que era labrarlo y guardarlo.  (Véase Gen. 2:15).  El trabajo cotidiano les proporcionaba salud y contento, y la feliz pareja saludaba con gozo las visitas de su Creador, cuando en la frescura del día paseaba y conversaba con ellos.  Cada día Dios les enseñaba nuevas lecciones.

El régimen de vida que Dios señaló a nuestros primeros padres encierra lecciones para nosotros.  Aunque el pecado haya echado sus sombras sobre la tierra, Dios quiere que sus hijos encuentren deleite en las obras que hizo.  Cuanto más estrictamente se conforme el hombre con el régimen del Creador, tanto más maravillosamente obrará Dios para restablecer la humanidad doliente. La vida al aire libre en un ambiente natural hará milagros en beneficio de muchos enfermos.

El ruido, la agitación y la confusión de las ciudades, su vida reprimida y artificial, cansan y agotan.  El aire cargado de humo y de polvo, viciado de gases deletéreos y saturado de gérmenes es peligroso para la vida. LA NATURALEZA ES EL MÉDICO DE DIOS.  El aire puro, la alegre luz del sol, las flores y los árboles, el ejercicio al aire libre, favorecen la salud y la vida.

Pasar mucho tiempo al aire libre, es el remedio que muchos necesitan. Tiene un poder admirable para curar enfermedades causadas por la agitación y los excesos de la vida moderna, que debilita y aniquila las fuerzas del cuerpo, la mente y el alma.  Hay propiedades vivificantes en el bálsamo del pino, en la fragancia del cedro y del abeto y otros árboles tienen también propiedades que restauran la salud.

Al recobrar la salud física, hombres y mujeres son más capaces de ejercer aquélla fe en Cristo que asegura  la salud del alma,

DIOS ES NUESTRO AMPARO Y FORTALEZA, NUESTRO PRONTO AUXILIO EN LAS TRIBULACIONES”.  (Salmo 46:1)

“AUNQUE ANDE EN VALLE DE SOMBRA, NO TEMERE MAL ALGUNO; PORQUE TU ESTARAS CONMIGO, TU VARA Y TU CAYADO ME INFUNDIRAN ALIENTO”. (Salmo 23:4)

“EL DA ESFUERZO AL CANSADO, Y MULTIPLICA LAS FUERZAS AL QUE NO TIENE NINGUNA”. (Isaías 40:29)

 

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