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LA FUENTE DE CURACION-parte 18-

UNA EXPERIENCIA DE INDOLE SUPERIOR- parte 3-

SEREMOS GUARDADOS DEL MAL

Como obreros de Dios, debemos llegar a los hombres doquiera estén, rodeados de tinieblas, sumidos en el vicio y manchados por la corrupción.  Pero mientras afirmemos nuestro pensamiento en Aquél que es nuestro sol y nuestro escudo, el mal que nos rodea no manchará nuestras vestiduras.  Mientras trabajemos para salvar las almas prontas a perecer, no seremos avergonzados si ponemos nuestra confianza en Dios.

A todos nos acosan preocupaciones apremiantes, cargas y obligaciones; pero cuanto más difícil la situación y más pesadas las cargas, tanto más necesitamos a Jesús. Nada es más necesario en nuestro trabajo que los resultados prácticos de la comunión con Dios. La comunión con Dios ennoblecerá el carácter y la vida.

Hemos de vivir una vida de pensamiento y acción, de oración y de trabajo.  La fuerza recibida por medio de la comunión con Dios, unida con el esfuerzo diligente por educar la mente para que llegue a ser reflexiva y cuidadosa, nos prepara para desempeñar las obligaciones cotidianas y conserva al espíritu en paz en cualesquiera circunstancias  por penosas que resulten.

EL DIVINO CONSEJERO

Cuando están afligidos, muchos piensan que deben dirigirse a algún amigo terrenal, para contarle sus perplejidades y pedirle ayuda. En circunstancias difíciles, la incredulidad llena sus corazones y el camino parece oscuro.  Sin embargo, está siempre a su lado el poderoso Consejero de todos los siglos, invitándoles a depositar en El su confianza.  Jesús, el gran Ayudador les dice:

“VENID A MI, QUE YO OS HARE DESCANSAR”. ¿NOS APARTAREMOS DE EL PARA SEGUIR EN POS DE FALIBLES SERES HUMANOS QUE DEPENDEN DE DIOS TANTO COMO NOSOTROS MISMOS?

“SIN MI NADA PODÉIS HACER”  (Juan 15:5), dice nuestro Señor.  El resultado de todo lo que hacemos está en manos de Dios.  Suceda lo que suceda, aferrémonos a El con firme y perseverante confianza.  En nuestros negocios, en las amistades que cultivemos, y en los vínculos que duren toda la vida, iniciemos todas nuestras relaciones tras humilde oración.  Así probaremos que honramos a Dios, y Dios nos honrará.  Oremos cuando nos sentimos desfallecer. Cuando estamos desalentados. En nuestra flaqueza debemos asirnos de la fuerza infinita.  Pidamos humildad, sabiduría, valor, y aumento de fe, para que veamos la luz de Dios, y nos regocijemos en su amor.

 

 

 

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