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LA FUENTE DE CURACION-parte 3-

Recuérdense las leyes enseñadas a Israel.  Dios dio a su pueblo instrucciones claras respecto a sus hábitos de vida.  Les dio a conocer las leyes relativas a su bienestar físico y espiritual; y con tal que ellos obedecieran se les prometía: “Y QUITARA JEHOVÁ DE TI TODA ENFERMEDAD….”.  (Deut. 7:15)

“PONED VUESTRO CORAZON A TODAS LAS PALABRAS QUE YO OS TESTIFICO  HOY…..”.  “PORQUE SON VIDA  A LOS QUE LAS HALLAN Y MEDICINA A TODO SU CUERPO”.  (Deut. 32:46;  Prov. 4:22)

Dios quiere que alcancemos el ideal de perfección hecho posible para nosotros por el don de Cristo.  Nos invita a que escojamos el lado de la justicia, a ponernos en relación con los agentes celestiales, a adoptar principios que restaurarán en nosotros la imagen divina. En su Palabra escrita y en el gran libro de la naturaleza ha revelado los principios de la vida. Es tarea nuestra conocer estos principios y por medio de la obediencia cooperar con Dios en  restaurar la salud del cuerpo tanto como la del alma.

Los hombres necesitan aprender que no pueden poseer en su plenitud las bendiciones de la obediencia, sino cuando reciben la gracia de Cristo. Esta es la que capacita al hombre para obedecer las leyes de Dios y para libertarse de la esclavitud de los malos hábitos.  Es el único poder que puede hacer firme en el buen camino y permanecer en él.

Cuando se recibe el Evangelio en su pureza y con todo su poder, es un remedio para las enfermedades originadas por el pecado.  Sale el Sol de Justicia,  “TRAYENDO SALUD ETERNA EN SUS ALAS”.  (Malaq.  4:2).  Todo lo que el mundo proporciona no puede sanar el corazón quebrantado, ni dar paz al espíritu, ni disipar las inquietudes, ni desterrar la enfermedad.  La fama, el genio y el talento son impotentes para alegrar el corazón entristecido o restaurar la vida malgastada. 

LA VIDA DE DIOS EN EL ALMA ES LA ÚNICA ESPERANZA DEL HOMBRE.

El amor que Cristo infunde en todo nuestro ser es un poder vivificante. Da salud a cada una de las partes vitales: el cerebro, el corazón y los nervios.  Por su medio las energías más potentes de nuestro ser despiertan y entran en actividad.  Libra al alma de culpa y tristeza, de la ansiedad y congoja que agotan las fuerzas de la vida.  Con EL vienen la serenidad y la calma.  Implanta en el alma un gozo que nada en la tierra puede destruir: el gozo que hay en el Espíritu Santo, un gozo que da salud y vida.

Las palabras de nuestro Salvador: “VENID A MI…….. QUE YO OS HARE DESCANSAR  (Mateo 11:28), son una receta para curar las enfermedades físicas, mentales y espirituales.  A pesar de que por su mal proceder los hombres han atraído el dolor sobre sí mismos, Cristo se compadece de ellos.  En EL pueden encontrar ayuda.  Hará cosas grandes en beneficio de quienes en EL confíen.

Aunque el pecado ha venido reforzando durante siglos su asidero sobre la familia humana, no obstante que por medio de la mentira y el artificio Satanás ha echado la negra sombra de su interpretación sobre la Palabra de Dios, y ha inducido a los hombres a dudar de la  bondad divina, a pesar de todo esto, el amor y la misericordia del Padre no han dejado de manar hacia la tierra.  Si los seres humanos abriesen hacia el cielo las ventanas del alma, para apreciar los dones divinos, un raudal de virtud curativa la inundaría.

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