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LA FUENTE DE CURACION -parte 2-

Y ENVIASTE TU BUEN ESPÍRITU PARA ENSEÑARLES, Y NO RETIRASTE TU MANA DE SU BOCA, Y AGUA LE DISTE PARA SU SED.  (Nehemias 9:20)

ENSEÑAME A HACER TU VOLUNTAD, PORQUE TU ERES MI DIOS, TU BUEN ESPÍRITU ME GUIE A TIERRA DE RECTITUD.  (Salmo 143:10)

Y REPOSARA SOBRE EL,  EL ESPÍRITU DE JEHOVÁ; ESPÍRITU DE SABIDURIA Y DE INTELIGENCIA, ESPÍRITU DE CONSEJO Y DE  PODER, ESPÍRITU DE CONOCIMIENTO Y DE TEMOR DE JEHOVÁ.  (Isaías 11:2)

En sus milagros, el Salvador manifestaba el poder que actúa siempre a favor del hombre, para sostenerle y sanarle.  Por medio de los agentes naturales, Dios obra día tras día, hora tras hora y en todo momento, para conservarnos la vida, fortalecernos y restaurarnos. 

Cuando alguna parte del cuerpo sufre perjuicio, empieza el proceso de curación; los agentes naturales actúan para restablecer la salud.  Pero lo que obra por medio de estos agentes es el poder de Dios.  Todo poder capaz de dar vida procede de El.  Cuando alguien se repone de una enfermedad, es Dios quien lo sana.

La enfermedad, el padecimiento y la muerte son obra del poder enemigo.  Satanás es el que destruye; Dios  es el que restaura.

Las palabras dirigidas a Israel se aplican hoy a los que recuperan la salud del cuerpo o la del alma: “…………..YO SOY JEHOVÁ TU SANADOR”. (Exodo 15:26)

El deseo de Dios para todo ser humano esta expresado en las palabras: “AMADO, YO DESEO QUE TU SEAS PROSPERADO EN TODAS LAS COSAS, Y QUE TENGAS SALUD,  ASÍ COMO PROSPERA TU ALMA.”  (3ª. Juan 2)

“EL ES QUIEN PERDONA TODAS TUS INIQUIDADES, EL QUE SANA TODAS TUS DOLENCIAS; EL QUE RESCATA DEL HOYO TU VIDA, EL QUE TE CORONA DE FAVORES Y MISERICORDIAS.”  (Salmo 103:3,4)

Al curar las enfermedades, Cristo decía muchas veces a los enfermos: “…..NO PEQUES MAS, PORQUE NO VENGA ALGUNA COSA PEOR.” (Juan 5:14) Así les enseñaba que habían atraído su dolencia sobre sí al transgredir las leyes de Dios, y que la salud no puede conservarse sino por medio de la obediencia.  Las leyes de la naturaleza son tan divinas como los preceptos del Decálogo, y sólo por la obediencia a ellas pueden recuperarse o conservarse la salud.

Muchos sufren los resultados de sus hábitos perjudiciales cuando podrían recobrar la salud si hiciesen lo que está a su alcance para su restablecimiento. Es necesario enseñarles que todo hábito que destruye las energías físicas, mentales o espirituales, es pecado, y que la salud se consigue por la obediencia a las leyes que Dios estableció para bien del género humano. La estricta templanza es el remedio contra la enfermedad.

Dios estableció leyes de la naturaleza, pero sus leyes no son exacciones arbitrarias.  Toda prohibición incluida en una ley, sea física o moral implica una promesa.  Si la obedecemos, la bendición nos acompañará.  DIOS NO NOS OBLIGA NUNCA A HACER EL BIEN, PERO PROCURA GUARDARNOS DEL MAL Y GUIARNOS AL BIEN.

 

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