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ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 32-

LOS DOS MISTERIOS -parte 6-

EL MISTERIO DE LA PIEDAD-parte 4-

EL ESCANDALO DE LA CRUZ

Hoy día muchos cristianos se enorgullecen de la cruz, se la cuelgan alrededor del cuello en una cadena y la colocan en las cúpulas de sus iglesias; pero en tiempos pasados no siempre fue fácil confesar que uno era cristiano.  Imagínese lo difícil que era convencer a un pagano que aceptara a un Dios y Salvador que había sido crucificado como un criminal por los romanos.

En la Biblia se presentan dos cuadros de Jesús como rey, y éstos ilustran perfectamente los principios del misterio de la piedad. Un hecho poco reconocido es que cuando Jesús soportó su peor humillación en el huerto del Getsemaní y en la cruz, estaba sufriendo como rey.  La pasión de Cristo en los Evangelios se presenta como su coronación.

Pocos días antes de ser crucificado (Mateo 26:2) Cristo fue ungido por María Magdalena. Esto dio inicio a su proceso de coronación.  Cuando fue arrestado, le colocaron una corona de espinas (Juan 19:2-3). Luego le vistieron de una ropa muy fina de grana y púrpura (Juan 19:2; Marcos 15:17), que son colores reales. Le colocaron en la mano derecha una caña (Mateo 27:29). (Los reyes llevaban el cetro en la mano derecha) Sus escarnecedores le rindieron tributo burlón, como súbditos a un rey (Juan 19:2-3).

Cuando Pilato le preguntó si era rey, Jesús reconoció que lo era (Mateo 27:11) y luego, cuando el mismo Pilato lo introdujo a la turba, dijo: “¡He aquí vuestro rey!” (Juan 19:14-15).  Luego vino la procesión, por la Vía Dolorosa, que lo llevó al lugar donde fue colocado en el trono (Mateo 27:31-33), solo que el trono resultó ser una cruz. Sobre este “trono” se colocó una inscripción en griego, hebreo y latín que identificaba al rey “Jesús Nazareno, Rey de los judíos”.

Pero, ¿qué clase de rey era éste? La respuesta es que estaba siendo coronado como rey del reino de la humillación y el sufrimiento.  De su humillación dependía nuestra salvación y su exaltación.  La corona de gloria debía ser precedida por la corona de espinas.

Los discípulos no comprendieron el sufrimiento y la muerte de Cristo.  Los últimos eventos de la vida del Maestro prácticamente extinguieron sus esperanzas.  Pero Jesús había procurado explicarles en muchas ocasiones que el único camino a la exaltación es la humillación y el servicio.

Unos seis meses antes de su muerte, Jesús se encontraba en Cesarea de Filipo con sus discípulos.  El Maestro les preguntó quién pensaban ellos que El era. Inmediatamente Pedro respondió: “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16).  Pedro mismo no sabía lo que estaba diciendo, pues esta confesión le fue revelada directamente por el Espíritu Santo. Pedro estaba anunciando que Jesús era el Mesías esperado, pero tenía un concepto equivocado de la misión del Mesías. 

Cuando Jesús anunció que debía ir a Jerusalén a “padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21), Pedro lo llevó aparte  y lo regañó. Pedro no podía concebir un Mesías humillado y afligido.  El Mesías debía sentarse en un trono glorioso y someter a todos los enemigos debajo de sus pies. Debía gobernar con vara de hierro y exigir que todos le sirvieran.

Continúa en parte 33

 

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