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Archive for the ‘1.31-Cristo manifestó un espíritu de servicio abnegado.La ley del servicio es la ley de la vida,y la ley del egoísmo es la ley de la muerte.El que vive para sí,muere para sí.“Dad y se os dará.’ Category

ESPERANZA PARA EL PLANETA TIERRA – EL FUTURO BRILLANTE DE UNA RAZA CAIDA –parte 31-

LOS DOS MISTERIOS -parte 5-

EL MISTERIO DE LA PIEDAD-parte 3-

¿Cómo hemos de relacionar las dos partes del Salmo 22?

Este salmo se comprende a la luz de la experiencia de Cristo. Mateo 23:12 y Filipenses 2:6-11 recalcan el principio de que la humillación y el sufrimiento de Cristo (versículos 1-21) condujeron a su exaltación (versículos 22-31).

¡Qué diferencia tan grande hay entre estos dos misterios! Ciertamente Jesús tuvo razón cuando dijo: “El que se enaltece será humillado y el que humille será enaltecido” (Mateo 23:12).

Muchos, inclusive cristianos, tienen un falso concepto de lo que es la verdadera grandeza.  La verdadera grandeza no se mide por cuan elevada posición podamos alcanzar, cuánto dinero podamos acumular, cuanto poder y fama podamos obtener y cuan inaccesibles lleguemos a ser.  Dios ha revelado por medio de Cristo que la verdadera grandeza se manifiesta en un espíritu de servicio. Cuanto más tengamos, más debemos dar para el bien de los demás; porque mientras más damos, más recibimos.

Jesús podría haberse quedado en el cielo, pues allá tenía la más alta posición, todos los recursos y todo el poder y la gloria.  Por ser tan poderoso podría haberse hecho inaccesible a la humanidad, pero escogió venir a este planeta rebelde para dar su vida por los que tanto lo necesitaban.  Manifestó un espíritu de servicio abnegado. La ley del servicio es la ley de la vida, y la ley del egoísmo es la ley de la muerte.  El que vive para sí, muere para sí.

La naturaleza, aún en su estado pecaminoso revela esta ley del servicio.  Tomemos como ejemplo a los árboles. Estos cumplen varias funciones muy importantes pero no para sí mismos sino para nuestro bien.  Los árboles purifican el aire, dan sombra, producen fruto y madera, todo para beneficio del hombre.

Consideremos el ciclo del agua.  En el invierno caen inmensas cantidades de lluvia o nieve en las montañas.  Estas aguas forman arroyos y los arroyos forman ríos.  Los ríos luego desembocan en los mares y los mares les devuelven de nuevo el agua a las nubes, para luego comenzar el ciclo otra vez.  Cada etapa de este proceso ilustra la ley de servicio. Las nubes dan, los arroyos dan, los ríos dan, los mares dan.  Si en algún momento se interrumpiera este ciclo, todo moriría, inclusive nosotros.

En Israel hay dos mares.  Los dos reciben agua del mismo río, pero cuan diferentes son.  El mar de Galilea burbujea de vida. Las colinas que lo rodean son verdes, con muchos árboles  frutales.  Sus aguas están llenas de peces y los cielos a su alrededor se alegran con los melodiosos trinos de las aves.  Allí pescaron los discípulos de nuestro Señor.  Allí camino Cristo sobre las aguas. Pero al sur del mar de Galilea se halla otro mar.  Se conoce como el mar Muerto, y en verdad le cabe bien el nombre. A su alrededor no hay vegetación. Los cielos guardan silencio y las aguas están totalmente destituidas de vida. ¿Por qué son tan diferentes estos mares? ¿Por qué uno es el mar de la vida y el otro el mar de la muerte? Veamos la razón:

El rio Jordán entra al mar de Galilea por el norte y desemboca en el sur.  Es decir, el mar de Galilea recibe agua por el norte y la da por el sur. Constantemente recibe para dar; y al dar tiene capacidad para recibir más. El mar Muerto también recibe agua del rio Jordán por el norte, pero no la da.  El mar Muerto acapara el agua que recibe y el resultado es la muerte.

Cuanta verdad hay en las palabras de Jesús: “Dad y se os dará…Más bienaventurado es dar que recibir” (Lucas 6:38, Hechos 20:35).  A la vista de Dios, el más grande es el que más sirve a los demás. La verdadera grandeza no consiste en cuan alto podemos ascender sino en cuanto nos rebajamos para servir a nuestros semejantes.

EL ESCANDALO DE LA CRUZ

Continúa en parte 32

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