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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 45-

LA FUENTE DEL REGOCIJO Y FELICIDAD   

LA FUENTE DEL REGOCIJO Y FELICIDAD-parte 4-

Podemos estar perplejos en los negocios, nuestra perspectiva puede ser cada día más sombría y podemos estar amenazados de pérdidas; más no nos descorazonemos, confiemos nuestras cargas a Dios  y permanezcamos serenos y tranquilos.  Pidamos sabiduría para manejar nuestros negocios con discreción y así evitaremos pérdidas y desastres. Hagamos todo lo que esté de nuestra parte para obtener resultados favorables.  Jesús nos ha prometido su ayuda, pero no sin que hagamos lo que está de nuestra parte.  Cuando, confiando en nuestro Ayudador, hayamos hecho todo lo que podamos aceptemos con gozo los resultados.

No es la voluntad de Dios que su pueblo sea abrumado por el peso de los cuidados.  Pero al mismo tiempo no quiere que nos engañemos. El sabe que hay pruebas y peligros y nos lo ha manifestado abiertamente.  El no ofrece a su pueblo quitarlo de en medio de este mundo de pecado y maldad, pero le presenta un refugio que nunca falla.  Su oración por los discípulos fue: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”.  “En el mundo dice tendremos tribulación; pero tened buen ánimo, yo he vencido al mundo” (Juan 17:15; 16:33).

En el Sermón del Monte, Cristo dio a sus discípulos preciosas lecciones en cuanto a la confianza que debe tenerse en Dios. Estas lecciones tenían por fin consolar a los hijos de Dios durante todos los siglos y han llegado a nuestra época llenas de instrucción y consuelo. El Salvador llamó la atención de sus discípulos a como las aves del cielo entonan sus dulces cantos de alabanza sin estar abrumadas por los cuidados de la vida, a pesar de que “no siembran, ni siegan…y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? (Mateo 6:26).

El gran Dios, que alimenta a los hombres y a las bestias, extiende su mano para alimentar a todas sus criaturas.  Las aves del cielo no son tan insignificantes que no las note.  El no toma alimento y se lo da en el pico, más hace provisión para sus necesidades.  Deben juntar el grano que El ha derramado para ellas.  ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿No suplirá nuestras necesidades el Autor de nuestro ser, el Conservador de nuestra existencia, el que nos formó a su propia imagen divina, si tan sólo confiamos en El?

Cristo presentaba a sus discípulos las flores del campo, que crecen en rica profusión y brillan con la sencilla hermosura que el Padre celestial les ha dado, como una expresión de su amor hacia el hombre.  La belleza y sencillez de las flores naturales sobrepujan en excelencia, por mucho, a la gloria de Salomón.  El atavió más esplendoroso producido por la habilidad del arte no puede compararse con la gracia natural y la belleza radiante de las flores creadas por Dios.

Jesús pregunta: Y si Dios viste así a la hierva del campo que hoy es, y mañana  es echada en el horno, ¿Cuánto más a vosotros, hombres de poca fe” (Mateo 6:30). Si Dios el Artista divino, da a las flores, que perecen, sus delicados y variados colores, ¿Cuánto mayor cuidado no tendrá por los que ha creado a su propia imagen? Esta lección de Cristo es un reproche por la ansiedad, las perplejidades y dudas del corazón sin fe. (Elena White)

 

 

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