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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 43-

LA FUENTE DEL REGOCIJO Y FELICIDAD

LA FUENTE DEL REGOCIJO Y FELICIDAD-parte 2-

El Hijo de Dios que deja el trono de su Padre y reviste su divinidad con la humanidad para poder rescatar al hombre del poder de Satanás; su triunfo en nuestro favor, que abre el cielo a los pecadores y revela a la vista humana la morada donde la Divinidad descubre su gloria; la raza caída, levantada de lo profundo de la ruina en que Satanás la había sumergido, puesta de nuevo en relación con el Dios infinito, vestida de la justicia de Cristo y exaltada hasta su trono después de sufrir la prueba divina por la fe en nuestro Redentor: tales son las cosas que Dios quiere que contemplemos.

Cuando parece que dudamos del amor de Dios y que desconfiamos de sus promesas, lo deshonramos y contristamos su Santo Espíritu. ¿Cómo se sentiría una madre si sus hijos estuvieran quejándose constantemente de ella, como si no tuviera buenas intenciones para con ellos, cuando el esfuerzo de su vida entera hubiese sido fomentar sus intereses y proporcionarles comodidades?.  Supongamos que dudaran de su amor, quebrantarían su corazón. 

¿Cómo se sentiría un padre si así lo trataran sus hijos? ¿Y como puede mirarnos nuestro Padre celestial cuando desconfiamos de su amor, que le ha inducido a dar a su Hijo unigénito para que tengamos vida? Todo ésto está destruyendo nuestra propia alma, pues cada palabra de duda que proferimos da lugar a las tentaciones de Satanás; hace crecer en nosotros la tendencia a dudar y es un agravio de parte nuestra a los ángeles ministradores,

Cuando Satanás nos tiente, no salga de nosotros ninguna palabra de duda o tinieblas. Si elegimos abrir la puerta a sus sugestiones, se llenará nuestra mente de desconfianza y rebelión.

Si hablamos de nuestros sentimientos, cada duda que expresemos no reaccionará solamente sobre nosotros, sino que será una semilla que germinará y dará fruto en la vida de otros, y tal vez sea imposible contrarrestar la influencia de nuestras palabras.  Tal vez podamos reponernos nosotros de la hora de la tentación y el lazo de Satanás; más puede ser que otros que hayan sido dominados por nuestra influencia, no puedan escapar de la incredulidad que hayamos insinuado.  ¡Cuánto importa que hablemos solamente las cosas que den fuerza espiritual y vida!

Hablemos de nuestro Señor. Conversemos de Aquél que vive para interceder por nosotros ante el Padre.  Todos tenemos pruebas, aflicciones duras que sobrellevar y tentaciones fuertes que resistir.  Pero no las contemos, antes llevemos todo a Dios en oración.  Tengamos por regla el no proferir nunca palabras de duda o desaliento. Si hablamos palabras de santo gozo y de esperanza, podremos hacer mucho más para alumbrar el camino de otros y fortalecer sus esfuerzos.

Hay muchas almas valientes, en extremo acosadas por la tentación, casi a punto de desmayar en el conflicto que sostienen con ellas mismas y con las potencias del mal. No las desalentemos en su dura lucha. Alegrémoslas con palabras de valor, ricas en esperanza, que las impulsen por su camino.  De este modo la luz de Cristo resplandecerá en nosotros.  Por nuestra influencia inconsciente pueden los demás ser alentados y fortalecidos o desanimados o apartados de Cristo y de la verdad.  (Elena White)

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