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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 40-

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?–parte 3-

Es verdad que muchas teorías y doctrinas que se consideran generalmente derivadas de la Biblia no tienen fundamente en ella y, a la verdad, son contrarias a todo el tenor de la inspiración. Estas cosas han sido motivo de duda y perplejidad para muchos espíritus.  No son, sin embargo imputables a la Palabra de Dios, sino a la perversión que los hombres han hecho de ella.

Si fuera posible para los seres terrenales obtener un pleno conocimiento de Dios y de sus obras, no habría para ellos, después de lograrlo, ni descubrimiento de nuevas verdades, ni crecimiento en conocimiento, ni desarrollo ulterior del espíritu o del corazón.  Dios no sería ya supremo, y el hombre, habiendo alcanzado el límite del conocimiento y progreso, dejaría de adelantar.  Demos gracias a Dios de que no sea así.  Dios es infinito; “en El están todos los tesoros de la sabiduría y la ciencia” (Col.2:3).  Y por toda la eternidad los hombres podrán estar siempre escudriñando, siempre aprendiendo sin poder agotar nunca, los tesoros de la sabiduría, la bondad y el poder.

Dios quiere que aún en esta vida las verdades de su Palabra continúen siempre revelándose a su pueblo. Y hay sólo un modo de obtener este conocimiento.  No podemos llegar a entender la Palabra de Dios sino por la iluminación del Espíritu por el cual fue dada la Palabra. Las cosas de Dios nadie las conoce, sino el Espíritu de Dios.” “porque el Espíritu escudriña todas las cosas, y aún las cosas profundas de Dios” (1Cor.2:11,10).

Dios quiere que el hombre haga uso de la facultad de razonar que le ha dado; y el estudio de la Biblia fortalece y eleva la mente como ningún otro estudio puede hacerlo.  Con todo, debemos cuidarnos de no deificar la razón, porque está sujeta a las debilidades y flaquezas de la humanidad. Si no queremos que las Sagradas Escrituras estén veladas para nuestro entendimiento, de modo que no podamos comprender ni las verdades más sencillas, debemos tener la sencillez y la fe de un niño, estar dispuestos a aprender, e implorar la ayuda del Espíritu Santo.

El conocimiento del poder y la sabiduría de Dios y la conciencia de nuestra incapacidad para comprender la grandeza, debe inspirarnos humildad, y debemos abrir su Palabra con santo temor, (reverencia) como si compareciéramos ante El. Cuando tomamos la Biblia, nuestra razón debe reconocer una autoridad superior a ella misma y el corazón y la inteligencia deben postrarse ante el gran YO SOY

Hay muchas cosas aparentemente difíciles u oscuras, que Dios hará clara y sencillas para los que así procuren entenderlas. Más sin la dirección del Espíritu Santo, estaremos continuamente expuestos a torcer las Sagradas Escrituras o a interpretarlas mal.  Hay muchas maneras de leer la Biblia que no aprovechan y que causan en algunos casos un daño positivo.

Cuando el Libro de Dios se abre sin oración y reverencia, cuando los pensamientos y afectos no están fijos en Dios, o en armonía con su voluntad, el corazón está envuelto en la duda; y entonces, con el mismo estudio de la Biblia, se fortalece el escepticismo.  El enemigo se posesiona de los pensamientos y sugiere interpretaciones incorrectas.  (Elena White)

 

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