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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 39-

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?

¿QUE DEBE HACERSE CON LA DUDA?–parte 2-

El apóstol Pedro  dice que hay en las Escrituras “cosas difíciles de entender, que los ignorantes e inconstantes tuercen… para su propia destrucción.” (Pedro 3:16).  Los incrédulos han presentado las dificultades de las Sagradas Escrituras como un argumento en contra de la Biblia; pero muy lejos de ello, éstas constituyen una fuerte prueba de su divina inspiración. Si no contuvieran acerca de Dios sino aquello que fácilmente pudiéramos comprender, si su grandeza y majestad pudieran ser abarcadas por inteligencias finitas, entonces la Biblia no llevaría las credenciales inequívocas de la autoridad divina.  La misma grandeza y los mismos misterios de los temas presentados, deben inspirar fe en ella como la Palabra de Dios.

 La Biblia presenta la verdad con una sencillez y una adaptación tan perfecta a las necesidades y anhelos del corazón humano, que ha asombrado y encantado a los espíritus más cultivados, al mismo tiempo que capacita al humilde e inculto para discernir el camino de la salvación. Sin embargo, estas verdades sencillamente declaradas tratan de asuntos tan elevados, de tan grande trascendencia, tan infinitamente fuera del alcance de la comprensión humana, que sólo podemos aceptarlos porque Dios nos lo ha declarado.

Así esta patente el plan de la redención delante de nosotros, de modo que cualquiera pueda ver el camino que ha de tomar a fin de arrepentirse para con Dios y tener fe en nuestro Señor Jesucristo, a fin de que sea salvo de la manera señalada por Dios.  Sin embargo, bajo estas verdades tan fácilmente entendibles, existen misterios que son el escondedero de su gloria; misterios que abruman la mente investigadora y que, sin embargo, inspiran fe y reverencia al sincero investigador de la verdad.  Cuanto más escudriña éste la Biblia tanto más profunda es su convicción de que es la Palabra del Dios vivo, y la razón humana se postra ante la majestad de la revelación divina.

Reconocer que no podemos entender plenamente las grandes verdades de la Biblia, es solamente admitir que la mente finita es insuficiente para abarcar lo infinito; que el hombre, con su limitado conocimiento humano, no puede entender los designios de la Omnisciencia.

Por cuanto no pueden sondear todos los misterios de la Palabra de Dios, los escépticos y los incrédulos la rechazan y no todos los que profesan creer en la Biblia están libres de este peligro. El apóstol dice: “Mirad, pues, hermanos, no sea que acaso haya en alguno de vosotros un corazón malo de incredulidad, en apartarse del Dios vivo” (Heb.3:12).  Es bueno estudiar detenidamente las enseñanzas de la Biblia, e investigar “las profundidades de Dios”, hasta donde se revelan en las Santas Escrituras. Porque aunque “las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios”, “las reveladas nos pertenecen a nosotros” (Deut.29:29).

Más es la obra de Satanás pervertir las facultades de investigación del entendimiento.  Cierto orgullo se mezcla en la consideración de la verdad bíblica, de modo que cuando los hombres no pueden explicar todas sus partes como quieren, se impacientan y se sienten derrotados.  Es para ellos demasiado humillante reconocer que no pueden entender las palabras inspiradas.  No están dispuestos a esperar pacientemente hasta que Dios juzgue oportuno revelarles la verdad.  Creen que su sabiduría humana sin auxilio es suficiente para hacerles entender las Santas Escrituras y, cuando no pueden hacerlo, niegan virtualmente su autoridad.  (Elena White)

 

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