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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 24-

EL SECRETO DEL CRECIMIENTO

COMO BUSCAR LA VIDA MAS PROFUNDA DE UNA CONTINUA PERMANENCIA EN EL-parte 1-

En la Biblia se llama nacimiento al cambio de corazón por el cuál somos hechos hijos de Dios.  También se lo compara con la germinación de la buena semilla sembrada por el labrador. De igual modo los que están recién convertidos a Cristo, son como “niños recién nacidos”, “creciendo” (1Pedro 2:2; Efe.4:15), a la estatura de hombres en Cristo Jesús. Como la buena simiente en el campo, tienen que crecer y dar fruto.  Isaías dice que serán “llamados árboles de justicia, plantados por Jehová mismo, para que El sea glorificado” (Isaías 61:3). Del mundo natural se sacan así ilustraciones para ayudarnos a entender mejor las verdades misteriosas de la vida espiritual.

Toda la sabiduría e inteligencia de los hombres no pueden dar vida al objeto más pequeño de la naturaleza.  Solamente por la vida que Dios mismo les ha dado pueden vivir las plantas y los animales. Asimismo es solamente mediante la vida de Dios como se engendra la vida espiritual en el corazón de los hombres.  Si el hombre no “naciere de nuevo” (Juan 3:3)-no puede ser hecho participante de la vida que Cristo vino a dar.

Lo que sucede con la vida, sucede con el crecimiento. Dios es el que hace florecer el capullo y fructificar las flores.  Su poder es el que hace a la simiente desarrollar “primero hierva, luego espiga, luego grano lleno de espiga” (Marcos 4:28).  El profeta Oseas dice que Israel “echará flores como el lirio”, “Serán revivificados como el trigo, y florecerán como la vid”. (Oseas 14:5,7). Y Jesús nos dice:  “¡Considerad los lirios, como crecen!” (Lucas 12:27). Las plantas y las flores crecen no por su propio cuidado o solicitud o esfuerzo, sino porque reciben lo que Dios ha proporcionado para que les de vida.  El niño no puede por su solicitud o poder propio añadir algo a su estatura.

Ni nosotros podemos por nuestra solicitud o esfuerzo conseguir el crecimiento espiritual. La planta y el niño crecen al recibir de la atmósfera que los rodea aquello que les da vida: el aire, el sol y el alimento.  Lo que estos dones de la naturaleza son para los animales y las plantas, es Cristo para los que confían en El. El es su “luz eterna”, “escudo y sol” (Isaías 60:19; Salmo 84:11). Será como el roció a Israel”, “Descenderá como la lluvia sobre el césped cortado.” (Oseas 14:5; Salmo 72:6). El es el agua viva, “el pan de Dios…que descendió del cielo, y da vida al mundo” (Juan 6:33).

En el don incomparable de su Hijo, ha rodeado Dios al mundo entero en una atmósfera de gracia tan real como el aire que circula en derredor del globo.  Todos los que quisieren respirar esta atmósfera vivificante vivirán y crecerán hasta la estatura de hombres y mujeres en Cristo Jesús. Como la flor se torna hacia el sol, a fin de que los brillantes rayos la ayuden a perfeccionar su belleza y simetría, así debemos tornarnos hacia el Sol de Justicia, a fin de que la luz celestial brille sobre nosotros, para que nuestro carácter se transforme a la imagen de Cristo.

Jesús enseña la misma cosa cuando dice: “¡Permaneced en mí, y yo en vosotros! Como no puede el sarmiento llevar fruto de sí mismo, si no permaneciera en la vid, así tampoco vosotros, si no permaneciereis en mí…Porque separados de mi nada podéis hacer” (Juan 15:4,5). Así también nosotros necesitamos auxilio de Cristo, para poder vivir una vida santa, como la rama depende del tronco principal para su crecimiento y fructificación.  Fuera de El no tenemos vida.  No hay poder en nosotros para resistir la tentación o para crecer en la gracia o en la santidad.  (Elena White)

 

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