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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 4-

LA URGENTE NECESIDAD DEL HOMBRE

PORQUE DEBES NACER DE NUEVO –parte 1-

El hombre estaba dotado originalmente de facultades nobles y de un entendimiento bien equilibrado.  Era perfecto y estaba en armonía con Dios. Sus pensamientos eran puros, sus designios santos.  Pero por la desobediencia, sus facultades se pervirtieron y el egoísmo sustituyó al amor. Su naturaleza se hizo tan débil por la trasgresión, que le fue imposible, por su propia fuerza, resistir el poder del mal.  Fue hecho cautivo de Satanás, y hubiera permanecido así para siempre si Dios no hubiese intervenido de una manera especial.  El propósito del tentador era contrariar el plan que Dios había tenido al crear al hombre y llenar la tierra de miseria y desolación.  Quería señalar todo este mal como el resultado de la obra de Dios al crear al hombre.

El hombre, en su estado de inocencia, gozaba de completa comunión con Aquélen quien estaban escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia” (Colos.2:3). Más después de su caída, no pudo encontrar gozo en la santidad y procuró ocultarse de la presencia de Dios.  Y tal es aún la condición del corazón no renovado.  No está  en armonía con Dios, ni encuentra gozo en la comunión con El.  El pecador no podría ser feliz en la presencia de Dios; le desagradaría la compañía de los seres santos.  Y si se le pudiese permitir entrar en el cielo, no hallaría alegría en aquel lugar. Sus pensamientos, sus intereses, sus móviles, serían distintos de los que mueven a los moradores celestiales. Sería una nota discordante en la melodía del cielo. El cielo sería para el un lugar de tortura.  No es un decreto arbitrario de parte de Dios el que excluye del cielo a los malvados; ellos mismos se han cerrado las puertas por su propia ineptitud para aquella compañía.  La gloria de Dios sería para ellos un fuego consumidor.

Es imposible que escapemos por nosotros mismos del abismo del pecado en que estamos sumidos.  Nuestro corazón es malo y no lo podemos cambiar. “Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden”. (Rom.8:7).

La educación, la cultura, el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo humano todos tiene su propia esfera, pero para ésto no tienen ningún poder.  Pueden producir una corrección externa de la conducta, pero no pueden cambiar el corazón; no pueden purificar las fuentes de la vida.  Debe haber un poder que obre en el interior, una vida nueva de lo alto, antes de que el hombre pueda convertirse del pecado a la santidad. Ese poder es Cristo. Solamente su gracia puede vivificar las facultades muertas del alma y atraerla a Dios, a la santidad. El Salvador dijo: “A menos que el hombre naciere de nuevo”, a menos que reciba un corazón nuevo, nuevos deseos, designios y móviles que lo guíen a una nueva vida, no pueden ver el reino de Dios” (Juan 3:3). La idea de que solamente es necesario desarrollar lo bueno que existe en el hombre por naturaleza, es un engaño fatal.

“El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios; porque para él son locura; y no las puede entender, por cuanto se disciernen espiritualmente.” (1Cor.2:14)  

(Elena White)

 

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