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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 3-

EL AMOR DE DIOS POR EL HOMBRE

CUANTO TE AMA DIOS-parte 3-

El que había sido uno con Dios, sintió en su alma la terrible separación que hace el pecado entre Dios y el hombre. Esto arrancó de sus labios el angustioso clamor: “¡Dios mío!, ¡Dios mío! ¿Por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).  La carga del pecado, el conocimiento de su terrible enormidad y de la separación que causa entre el alma y Dios, quebrantó el corazón del Hijo de Dios.

 Pero este gran sacrificio no fue hecho a fin de crear amor en el corazón del Padre para con el hombre, ni para moverlo a salvar. ¡No! “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su hijo unigénito.” (Juan 3:16). No es que el Padre nos ame por causa de la gran propiciación, sino que proveyó la propiciación  porque nos ama. Cristo fue el medio por el cual El pudo derramar su amor infinito sobre un mundo caído. “Dios estaba con Cristo, reconciliando consigo mismo al mundo.” (2Cor.5:19).  Dios sufrió con su Hijo.  En la agonía del Getsemaní, en la muerte del Calvario, el corazón del Amor infinito pagó el precio de nuestra redención.

Jesús decía: “Por ésto el Padre me ama, por cuanto yo pongo mi vida para volverla a tomar.” (Juan 10:17). Es decir: De tal manera os amaba mi Padre, que aún me ama más porque he dado mi vida para redimiros.  Por haberme hecho vuestro Sustituto y Fianza, por haber entregado mi vida y tomado vuestras responsabilidades, vuestras transgresiones, soy más caro a mi Padre; por mi sacrificio.

Nadie sino el Hijo de Dios podía efectuar nuestra redención; porque solo El, que estaba en el seno del Padre podía darlo a conocer.  Solo El, que conocía la altura y la profundidad del amor de Dios, podía manifestarlo.  Nada menos que el infinito sacrificio hecho por Cristo a favor del hombre caído podía expresar el amor del Padre hacia la perdida humanidad.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito”. Lo dio no solamente para que viviese entre los hombres, no sólo para que llevase los pecados de ellos y muriese como su sacrificio; lo dio a la raza caída. Cristo debía identificarse con los intereses y necesidades de la humanidad.  El que era uno con Dios se ha unido con los hijos de los hombres con lazos que jamás serán quebrantados.  Jesúsno se avergüenza de llamarlos hermanos” (Heb.2:11). Es nuestro Sacrificio, nuestro Abogado, nuestro Hermano, lleva nuestra forma humana delante del trono del Padre, y por las edades eternas será uno con la raza que ha redimido; es el Hijo del hombre.  Y todo ésto para que el hombre fuese levantado de la ruina y degradación del pecado, para que reflejase el amor de Dios y participase del gozo de la santidad.

El precio pagado por nuestra redención, el sacrificio infinito que hizo nuestro Padre celestial al entregar a su Hijo para que muriese por nosotros, debe darnos un concepto elevado de lo que podemos ser hechos en Cristo. “¡Mirad cual amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios!”

Por la transgresión, los hijos del hombre se hacen súbditos de Satanás.  Por la fe en el sacrificio reconciliador de Cristo, los hijos de Adán pueden ser hechos hijos de Dios.  Al revestirse de la naturaleza humana, Cristo eleva a la humanidad.  Los hombres caídos son colocados donde pueden, por la relación con Cristo, llegar a ser en verdad dignos del nombre de “hijos de Dios”. Cuanto más estudiamos el carácter divino a la luz de la cruz, más vemos la misericordia, la ternura y el perdón unidos a la equidad y la justicia, y más claramente discernimos pruebas innumerables de un amor infinito y de una tierna piedad. (Elena White)

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