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EL CAMINO A CRISTO -EL PRINCIPE DEL CIELO- parte 2-

EL AMOR DE DIOS POR EL HOMBRE

CUANTO TE AMA DIOS-parte 2-

El Hijo de Dios descendió del cielo para manifestar al Padre. “A Dios nadie jamás le ha visto: el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, El  le ha dado a conocer” (Juan 1:18). Cuando uno de sus discípulos le dijo: “Muéstranos al Padre”, Jesús le respondió: “Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, ¿y todavía no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”.

Jesús dijo, describiendo su misión terrenal: “Jehová me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado para proclamar a los cautivos, y a los ciegos recobro de la vista, para poner en libertad a los oprimidos…” (Lucas 4:18), ésta era su obra.  Pasó su vida haciendo bien y sanando a todos los oprimidos de Satanás.

Había aldeas enteras donde no se oía un gemido de dolor en casa alguna, porque El había pasado por ellas y sanado a todos sus enfermos. Su obra demostraba su divina unción. En cada acto de su vida revelaba amor, misericordia y compasión; su corazón rebosaba de tierna simpatía por los hijos de los hombres.  Tomo la naturaleza del hombre para poder simpatizar con sus necesidades. Los más pobres y humildes no tenían temor de allegársele. Aún los niñitos se sentían atraídos hacia El. Les gustaba subir a sus rodillas y contemplar ese rostro pensativo, que irradiaba benignidad y amor, Jesús no suprimió una palabra de verdad, sino que profirió siempre la verdad con amor.

Hablaba con el mayor tacto, cuidado y misericordiosa atención, en su trato con las gentes.  Nunca fue áspero, nunca habló una palabra severa innecesariamente, nunca dió a un alma sensible una pena innecesaria. No censuraba la debilidad humana.  Hablaba la verdad, pero siempre con amor. Denunciaba la hipocresía, la incredulidad y la iniquidad; pero las lágrimas velaban su voz cuando profería sus fuertes reprensiones.  Lloró sobre Jerusalén, la ciudad amada que rehusó recibirlo, a El, el Camino, la Verdad y la Vida.  Habían rechazado al Salvador, más El los consideraba con piadosa ternura.

La suya fue una vida de abnegación y verdadera solicitud por los demás.  Toda alma era preciosa a sus ojos. A la vez que siempre llevaba consigo la dignidad divina, se inclinaba con la más tierna consideración hacia cada uno de los miembros de la familia de Dios. En todos los hombres veía almas caídas a quienes era su misión salvar.  Tal es el carácter de Cristo como se revela en su vida. Este es el carácter de Dios.  Del corazón del Padre es de donde manan los ríos de compasión divina, manifestada en Cristo para todos los hijos de los hombres.  Jesús el tierno y piadoso Salvador, era Dios “manifestado en carne” (1Tim.3:16).

Jesús vivió, sufrió y murió para redimirnos.  El se hizoVarón de dolores” para que nosotros fuésemos hechos participantes del gozo eterno.  Dios permitió que su Hijo amado, lleno de gracia y de verdad, viniese de un mundo de indescriptible gloria, a un mundo corrompido y manchado por el pecado, oscurecido con la sombra de la muerte y la maldición.  Permitió que dejase el seno de su amor, la adoración de los ángeles, para sufrir vergüenza, insulto, humillación, odio y muerte. “El castigo de nuestra paz cayó sobre El, y por sus llagas nosotros sanamos” (Isaías 53:5).  El Hijo inmaculado de Dios tomó sobre sí la carga del pecado. (Elena White)

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