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CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 20-

NUESTRO SUMO SACERDOTE

EL SANTUARIO Y EL SÁBADO-parte 1-

“Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo” (Apoc.11:19). El arca del pacto de Dios está en el Lugar Santísimo, en el segundo departamento del santuario.  En el servicio del tabernáculo terrenal, que servía “de mera representación y sombra de las cosas celestiales”, este departamento sólo se abría en el gran día de la expiación para la purificación del santuario.  Los que por fe siguieron a su gran Sumo Sacerdote cuando dio principio a su ministerio en el Lugar Santísimo, contemplaron el arca de su pacto.  Al estudiar el asunto del santuario, se llega a entender que se ha realizado un cambio en el ministerio del Salvador, y ven que está oficiando entonces como intercesor ante el arca de Dios, y que ofrece  su sangre en favor de los pecadores.

El arca que estaba en el tabernáculo terrenal contenía las dos tablas de piedra, en las que estaban inscriptos los preceptos de la Ley de Dios.  El arca era sólo un receptáculo de las tablas de la Ley, y era esa Ley divina la que daba valor y carácter sagrado a aquélla. Cuando se abrió el templo de Dios en el cielo, se vio el arca del pacto. En el Lugar Santísimo, en el Santuario Celestial, se encuentra consagrada y entronizada la Ley divina, la Ley promulgada por el mismo Dios entre truenos en el Sinaí y escrita con su propio dedo en las tablas de piedra.

La Ley de Dios que se encuentra en el Santuario Celestial es el gran original del cual eran copia exacta los preceptos grabados en las tablas de piedra y consignados por Moisés en el Pentateuco. Los que llegaron a comprender este punto importante fueron inducidos a reconocer el carácter sagrado e invariable de la ley divina.  Comprendieron mejor que nunca la fuerza de las palabras del Salvador:

“Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley…” (Mateo 5:18).  Como la Ley de Dios es una revelación de su voluntad, un trasunto de su carácter, debe permanecer para siempre “como testigo fiel en el cielo”.  Ni un mandamiento ha sido anulado, ni un punto ni una tilde han sido cambiados.  Dice el salmista: “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos” “Fieles son todos tus mandamientos…Afirmados eternamente y para siempre…” (Salmo 119: 89; 111: 7, 8).

En el corazón mismo del Decálogo se encuentra el cuarto mandamiento, tal cual fue proclamado originalmente:

“Acuérdate del día de reposo para santificarlo.  Seis días trabajarás y harás toda tu obra; más el séptimo es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en el obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.” (Éxodo 20: 8-11)

-Continúa en parte 21-

 

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