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CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 7-

EL SANTUARIO CELESTIAL EN MINIATURA-parte 5-

EL SACERDOTE Y SU VESTIMENTA-parte 2-

Ante la zarza ardiente se le ordenó a Moisés que se quitase las sandalias, porque la tierra en que estaba era santa. Tampoco los sacerdotes debían entrar en el santuario con el calzado puesto. Las partículas de polvo adheridas a él habrían profanado el santo lugar.  Debían dejar los zapatos en el atrio antes de entrar en el santuario, y también tenían que lavarse tanto las manos como los pies antes de servir en el tabernáculo o en el altar del holocausto.  En esa forma se enseñaba constantemente que los que quieran acercarse a la presencia de Dios deben apartarse de toda impureza.

Las vestiduras del sumo sacerdote eran de costosa tela de bellísima hechura, como convenía a su elevada jerarquía.  Además del traje de lino del sacerdote común, llevaba una túnica azul, también tejida de una sola pieza.  El borde del manto estaba adornado con campanas de oro y granadas de color azul, púrpura y escarlata.  Sobre ésto llevaba el efod, vestidura más corta, de oro, azul, púrpura, escarlata y blanco, rodeada por una faja de los mismos colores, hermosamente elaborada.  El efod no tenia mangas, y en sus hombreras bordadas con oro, tenia engarzadas dos piedras de ónix, que llevaban los nombres de las doce tribus de Israel.

Sobre el efod estaba el racional, la más sagrada de las vestiduras sacerdotales.  Era de la misma tela del efod.  De forma cuadrada, media un palmo, y colgaba de los hombros mediante un cordón azul prendido en argollas de oro. El ribete estaba formado por una variedad de piedras preciosas, las mismas que forman los doce fundamentos de la ciudad de Dios.  Dentro del ribete había doce piedras engarzadas en oro, dispuestas en hileras de cuatro que, como las de los hombros, tenían grabadas los nombres de las tribus.  Las instrucciones del Señor fueron: “Y llevara Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, cuando entre en el santuario, por memorial delante de Jehová continuamente” (Éxodo 28:29).  Así también Cristo, el gran Sumo Sacerdote, al ofrecer su sangre ante el Padre a favor de los pecadores, lleva sobre el corazón el nombre de toda alma arrepentida y creyente. El salmista dice: “Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará   en mí” (Salmo 40:17).

EL URIM Y EL TUMIM

A la derecha y a la izquierda del racional había dos piedras grandes y muy brillantes.  Se llamaban Urim y Tumim.  Mediante ellas se revelaba la voluntad de Dios al sumo sacerdote. Cuando se llevaban asuntos ante el Señor para que El los decidiera, si un nimbo iluminaba la piedra de la derecha era señal de aprobación o consentimiento divino, mientras que si una nube oscurecía la piedra de la izquierda, era evidencia de negación o desaprobación.

La mitra del sumo sacerdote consistía en un turbante de lino blanco, que tenía una plaquita de oro sostenida por una cinta azul, con la inscripción: “Santidad a Jehová”.  Todo lo relacionado con la indumentaria y la conducta de los sacerdotes había de ser tal, que inspirara en el espectador el sentimiento de santidad a Dios, de lo sagrado de su culto y de la pureza que se exigía a los que se allegaban a su presencia.

EL SERVICIO DEL SANTUARIO

-Continúa en parte 8-

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