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CONFLICTO ENTRE EL BIEN Y EL MAL-parte 6-

EL ORIGEN DEL MAL Y DEL DOLOR-parte 5-

EL ORIGEN DEL MAL Y DEL DOLOR –parte 5- 

Al principio Satanás había ocultado su obra bajo una astuta profesión de lealtad para con Dios.  Aseveraba que se desvelaba por honrar a Dios, afianzar su gobierno y asegurar el bien de todos los habitantes del cielo.  Mientras difundía el descontento entre los ángeles que estaban bajo sus órdenes, aparentaba hacer cuanto le era posible por que desapareciera ese mismo descontento.  Sostenía que los cambios que reclamaba en el orden y en las leyes del gobierno de Dios eran necesarios para conservar la armonía en el cielo.

En su trato con el pecado, Dios no podía sino obrar con justicia y verdad. Satanás podía hacer uso de armas de las cuales Dios no podía valerse: la lisonja y el engaño.  Satanás había tratado de falsificar la palabra de Dios y había representado de un modo falso su plan de gobierno ante los ángeles, sosteniendo que Dios no era justo al imponer leyes y reglas a los habitantes del cielo; que al exigir de sus criaturas sumisión y obediencia, sólo estaba buscando su propia gloria.  Por eso debía ser puesto de manifiesto ante los habitantes del cielo y ante los de todos los mundos, que el gobierno de Dios era justo y su ley perfecta.

Satanás había dado a entender que el mismo trataba de promover el bien del universo.  Todos debían llegar a comprender el verdadero carácter del usurpador y el propósito que le animaba.  Había que dejarle tiempo para que se diera a conocer por sus actos de maldad. Satanás achacaba a la ley y al gobierno de Dios la discordia que su propia conducta había introducido en el cielo.  Declaraba que todo el mal provenía de la administración divina.  Aseveraba que lo que él mismo quería, era perfeccionar los estatutos de Jehová.  Era pues necesario que diera a conocer la naturaleza de sus pretensiones y los resultados de los cambios que él proponía introducir en la ley divina.

Su propia obra debía condenarle. Satanás había declarado desde un principio que no estaba en rebelión.  El universo entero debía ver al seductor enmascarado. Aún cuando quedó resuelto que Satanás no podría permanecer por más tiempo en el cielo, la sabiduría infinita no le destruyó.  En vista de que sólo un servicio de amor puede ser aceptable a Dios, la sumisión de sus criaturas debe proceder de una convicción de su justicia y benevolencia.  Los habitantes del cielo y de los demás mundos, no estando preparados para comprender la naturaleza ni las consecuencias del pecado, no podrían haber reconocido la justicia y misericordia de Dios en la destrucción de Satanás.

De haber sido éste aniquilado inmediatamente, aquéllos habrían servido a Dios por miedo más bien que por amor. La influencia del seductor no habría quedado destruida del todo, ni el espíritu de rebelión habría sido extirpado por completo.  Para bien del universo entero a través de las edades sin fin, era preciso dejar que el mal llegase a su madurez, y que Satanás desarrollase más completamente sus principios, a fin de que todos los seres creados reconociesen el verdadero carácter de los cargos que arrojara él contra el gobierno divino y a fin de que quedaran para siempre incontrovertibles la justicia y la misericordia de Dios, así como el carácter inmutable de su Ley. (Elena White)

 

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