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MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD-parte 53-

 

LA INFLUENCIA DE LA PERCEPCION. El orgullo, el amor a sí mismo, el egoísmo, el odio, la envidia y los celos oscurecen los poderes de percepción.–parte 2-

AUMENTANDO LA PERFECCIÓN SE AUMENTA LA PERCEPCION: Cuanto más se acerca el hombre a la perfección moral, tanto más delicada es su sensibilidad, tanto más vivo su sentimiento del pecado y tanto más profunda su simpatía por los afligidos.

EL APETITO DISMINUYE LAS FACULTADES DE PERCEPCION: El Redentor del mundo sabía que la complacencia del apetito estaba produciendo debilidad física y disminuyendo las facultades de percepción de modo que no se puedan discernir las cosas sagradas y eternas. 

EL sabía que la complacencia propia estaba pervirtiendo las facultades morales y que la gran necesidad del hombre era la conversión tanto del corazón, la mente y el alma, como de una vida de complacencia propia a una de negación y sacrificio propios.

EL PECADO OFUSCA NUESTRAS PERCEPCIONES: El pecado entenebrece nuestras mentes y ofusca nuestras percepciones. Cuando el pecado es eliminado de nuestro corazón, la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo, que ilumina su Palabra y es reflejada por la naturaleza, declarará en forma más y más cabal que Dios es:

“misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad”  (Exo.34:6)

En su luz veremos luz, hasta que la mente, el corazón y el alma estén transformados a la imagen de su santidad.

LAS FACULTADES DE PERCEPCION SE OSCURECEN: El orgullo, el amor a sí mismo, el egoísmo, el odio, la envidia y los celos oscurecen los poderes de percepción.

COMO AFRONTO CRISTO LAS PERCEPCIONES ENTURBIADAS POR EL PECADO: Cristo se rebajó hasta revestirse de la naturaleza humana, a fin de alcanzar a la especie caída y elevarla. Pero la mente de los hombres había sido obscurecida por el pecado, sus facultades estaban embotadas y sus percepciones enturbiadas, de manera que no podían discernir su carácter divino debajo del manto de humanidad. 

Esta falta de aprecio de parte de los hombres obstaculizó la obra que El deseaba realizar por ellos; y a fin de dar fuerza a su enseñanza se vio con frecuencia en la necesidad de definir y defender su posición.

Refiriéndose a su carácter divino, trató de encauzar su mente hacia pensamientos que fuesen favorables al poder transformador de la verdad.  Además, empleó las cosas de la naturaleza con las cuales estaban familiarizados, para ilustrar las verdades divinas.  El terreno del corazón quedó así preparado para recibir la buena semilla. 

Hizo sentir a sus oyentes que sus intereses se identificaban con los suyos, que su corazón simpatizaba con ellos en sus goces y aflicciones.  Al mismo tiempo vieron en El la manifestación de un poder y una excelencia que superaban en mucho a los que poseían los rabinos más alabados.

Las enseñanzas de Cristo se caracterizaban por su sencillez, una dignidad y un poder hasta entonces desconocidos para ellos, y exclamaron:

Nunca ha hablado hombre así como este hombre”  (Juan 7:46)

LAS PASIONES INCONTROLADAS DAÑAN LAS FACULTADES DE PERCEPCION: Las pasiones inferiores deben ser vigiladas.  Las facultades de percepción son maltratadas terriblemente, cuando se da rienda suelta a las pasiones. Cuando uno se deja dominar por las pasiones, la sangre, en vez de circular por todo el cuerpo, con lo que alivia el corazón y se aclara la mente, se concentra en cantidades indebidas en los órganos internos. 

El resultado es la enfermedad.  El hombre no puede ser sano hasta que vea el mal y lo remedie. (Elena White)

Continúa en parte 54

 

 

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