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MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD-parte 3-

 

EL CRISTIANO Y LA PSICOLOGIA. Las leyes de la mente fueron ordenadas por Dios. El que creó la mente y ordenó sus leyes, dispuso su desarrollo de acuerdo a ellas. -parte 1-

LAS LEYES DE LA MENTE FUERON ORDENADAS POR DIOS: El que creó la mente y ordenó sus leyes, dispuso su desarrollo de acuerdo a ellas. Existe perfecta armonía entre la Biblia y la ciencia verdadera. La psicología es la ciencia y el estudio de la mente y del comportamiento humano.

LOS VERDADEROS PRINCIPIOS DE LA PSICOLOGIA EN LAS ESCRITURAS: Los verdaderos principios de psicología se encuentran en las Sagradas Escrituras. El hombre no sabe lo que vale. Obra de acuerdo con su temperamento sin convertir, porque no contempla a Jesús, el que cree en El y lo convierte en su Ejemplo, comprende el significado de las palabras: “Dióles potestad de ser hechos hijos de Dios.”…

Los que experimentan la verdadera conversión comprenderán, con clara percepción, la responsabilidad que tienen ante Dios de obrar su propia salvación con temor y temblor, y de completar su restablecimiento del pecado.  Tal condición los conducirá con humildad y fe a depositar confianza en Dios.

LA MENTE DEDICADA A DIOS SE DESARROLLA ARMONIOSAMENTE: Dios toma a los hombres como  son, y los educa para su servicio, si ellos quieren entregarse a El.  El Espíritu de Dios, recibido en el alma, vivifica todas sus facultades.  Bajo la dirección del Espíritu Santo, la mente, consagrada sin reservas a Dios, se desarrolla armoniosamente, y queda fortalecida para comprender y cumplir lo que Dios requiere. 

El carácter débil y vacilante se vuelve fuerte y firme.  La devoción continua establece una relación tan íntima entre Jesús y sus discípulos que el cristiano se vuelve más semejante a su Maestro en carácter.  Tiene una visión más clara y amplia.  Su discernimiento es más penetrante, su criterio mejor equilibrado.  Queda tan avivado por el poder vivificador del Sol de justicia, que es habilitado para llevar mucho fruto para gloria de Dios.

LA CIENCIA DE UNA VIDA CRISTIANA PURA: La ciencia de una vida cristiana pura, íntegra y consecuente se obtiene mediante el estudio de la Palabra de Dios. Esta es la más elevada educación que cualquier ser terrenal puede obtener.  Están son las lecciones que se deben enseñar, para que se puedan obtener pensamientos puros, mentes y corazones limpios, preparados para progresar y obtener virtudes cristianas.

RODEADOS POR UNA ATMOSFERA DE PAZ: Todos los que están en la escuela de Dios necesitan de una hora tranquila para la meditación, a solas consigo mismos, con la naturaleza y con Dios. Cada uno de nosotros ha de oír la voz de Dios hablar a su corazón.  Cuando toda otra voz calla, y tranquilos en su presencia esperamos, el silencio del alma hace más perceptible la voz de Dios.

El nos dice “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Salmo46:10).  En medio de la presurosa muchedumbre y de las intensas actividades de la vida, el que así se refrigera se verá envuelto en un ambiente de luz y paz.  Recibirá nuevo caudal de fuerza física y mental.

LA RELIGIÓN DE CRISTO ES UN REMEDIO EFECTIVO: Satanás es el originador de la enfermedad; y el médico lucha contra su obra y poder.  Por doquiera prevalece la enfermedad mental… La religión de Cristo es uno de sus remedios más eficaces; porque es un calmante poderoso para los nervios.

ENTRAMOS EN LA REGION DE LA PAZ: Cuando las tentaciones nos asalten, cuando los cuidados, las perplejidades y las tinieblas parezcan envolver nuestra alma, miremos hacia el punto en que vimos la luz por última vez…Al entrar en comunión con el Salvador entramos en la región de paz.

TODA ANSIEDAD INDEBIDA DESAPARECERA: Cuando los hombres van a su trabajo o están orando; cuando descansan o se levantan por la mañana; cuando el rico se sacia en el palacio, o cuando el pobre reúne a sus hijos alrededor de su escasa mesa, el Padre celestial vigila tiernamente a todos.

No se derraman lágrimas sin que El lo note.  No hay sonrisa que para El pase inadvertida.  Si creyéremos plenamente ésto, toda ansiedad indebida desaparecería.  Nuestras vidas no estarían tan llenas de desengaños como ahora; porque cada cosa, grande o pequeña, debe dejarse en manos de Dios, quien no se confunde por la multiplicidad de los cuidados, ni se abruma por su peso. 

Gozaríamos entonces del reposo del alma al cuál muchos han sido por largo tiempo extraños.    (Elena White)

Continúa en parte 4

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