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MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD-parte 146-

 

 

LAS RELACIONES SOCIALES. La doctrina de que los hombres no están obligados a obedecer los Mandamientos de Dios ha debilitado ya el sentimiento de la responsabilidad moral y ….- parte 2-

NO HAY QUE RENUNCIAR A LA COMUNIÓN SOCIAL: El ejemplo de Cristo, al vincularse con los intereses de la humanidad, deben ser seguidos por todos los que predican su Palabra y por todos los que han recibido el Evangelio de su gracia.  No hemos de renunciar a la comunión social. No debemos apartarnos de los demás. A fin de alcanzar a todas las clases debemos tratarlas donde se encuentran. 

Rara vez nos buscarán por su propia iniciativa.  No sólo desde un pulpito han de ser los corazones humanos conmovidos por la verdad divina.  Hay otro campo de trabajo, más humilde tal vez, pero tan plenamente promisorio.  Se halla en el hogar de los humildes y en la mansión de los encumbrados; junto a la mesa hospitalaria, y en las reuniones sociales.

LA EDUCACIÓN DA FORMA A LA ESTRUCTURA SOCIAL: La educación que se imparte a los jóvenes da forma a toda su estructura social.  En todo el mundo la sociedad está en desorden, y se necesita una cabal trasformación. Muchos suponen que mejores equipos educacionales, mayores talentos y métodos más modernos, arreglarán las cosas.  Profesan creer en los oráculos divinos y recibirlos, y sin embargo le dan a la Palabra de Dios una ubicación subalterna en la gran estructura de la educación. Lo que debería ocupar el primer lugar se subordina a los inventos humanos.

INFLUENCIA DE LA SOCIABILIDAD EN EL HOGAR: La misión del hogar se extiende más allá del círculo de sus miembros.  El hogar cristiano ha de ser una lección objetiva, que ponga en relieve la excelencia de los verdaderos principios de la vida.  Semejante ejemplo será una fuerza para el bien en el mundo. 

La influencia de un hogar verdadero en el corazón y la vida de los hombres es mucho más poderosa que cualquier sermón que se pueda predicar. Al salir de semejante hogar paterno los jóvenes enseñarán las lecciones que en él hayan aprendido. De ese modo penetrará en otros hogares  principios de vida más nobles, y una influencia regeneradora obrará en la sociedad.

LA SOCIABILIDAD ES UN IMÁN PODEROSO: La bondad y sociabilidad cristianas son factores poderosos para ganar los afectos de la juventud.

SE DESMORONA LA ESTRUCTURA DE LA VIDA SOCIAL: La doctrina de que los hombres no están obligados a obedecer los Mandamientos de Dios han debilitado ya el sentimiento de la responsabilidad moral y ha abierto anchas compuertas para que la iniquidad anegue el mundo. La licencia, la disipación y la corrupción nos invaden como ola abrumadora. Satanás está trabajando en el seno de las familias. 

Su bandera flota hasta en los hogares de los que profesan ser cristianos.  En ellos se ven la envidia, las sospechas, la hipocresía, la frialdad, la rivalidad, las disputas, las tradiciones y el desenfreno de los apetitos.  Todo el sistema de doctrinas y principios religiosos que deberían formar el fundamento y marco de la vida social, parece una mole tambaleante a punto de desmoronarse en ruinas.

LOS ESTATUTOS DIVINOS IMPIDEN LA INJUSTICIA SOCIAL: Dios quería poner freno al amor excesivo a los bienes terrenales y al poder. La acumulación continúa de riquezas en manos de una clase, y la pobreza y degradación de otra clase, eran cosas que producían grandes males. 

El poder desenfrenado de los ricos resultaría en monopolio, y los pobres, aunque en todo sentido tuvieran tanto valor como aquellos a los ojos de Dios, serían considerados y tratados como inferiores a sus hermanos más afortunados. 

Al sentir la clase pobre esta opresión, se despertarían en ella las pasiones.  Habría un sentimiento de desesperación que tendería a desmoralizar la sociedad y a abrir la puerta a crímenes de toda índole.  Los reglamentos que Dios estableció tenían por objeto fomentar la igualdad social. 

Las medidas del año sabático y del año de jubileo habían de corregir mayormente lo que en el intervalo se hubiera desquiciado en la economía social y política de la nación. 

Elena White

Continúa en parte 147

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