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MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD-parte 209-

 

LA FORMACION DEL CARACTER. Un carácter noble, cabal, no se hereda. Lo desarrollamos sosteniendo rudas y severas batallas contra el yo. –parte 1-

CADA ACTO EJERCE INFLUENCIA SOBRE EL CARÁCTER: Todo acto de la vida, por poco importante que parezca, ejerce su influencia en la formación del carácter. Un buen carácter es la más preciosa de las posesiones mundanales, y la obra de formarlo es la más noble a la que pueda dedicarse el hombre.

LA MENTE ES EL HUERTO; EL CARÁCTER ES EL FRUTO: Cada facultad del hombre es un obrero que está construyendo para el tiempo y la eternidad.  Cada día la estructura se eleva más y más, aunque su poseedor no se de cuenta de ello. 

Es un edificio que debe ser levantado a modo de una fanal de advertencia contra la deformidad; una estructura que Dios y los ángeles puedan admirar por su armonía con el Modelo divino. Las facultades mentales y morales que Dios nos ha dado no constituyen el carácter.

Son talentos que debemos emplear y que, si se los usa correctamente, formarán un carácter recto.  Alguien puede tener preciosas semillas en la mano, pero esas semillas no son un huerto.  Hay que plantar la semilla antes que se convierta en árbol. 

La mente es el huerto; el carácter es el fruto.  Dios nos ha dado facultades para que las cultivemos y las desarrollemos.  La conducta que seguimos determina nuestro carácter. Adiestrar esas facultades de manera que armonicen y desarrollen un carácter valioso, es una obra que sólo nosotros podemos hacer.

UN CARÁCTER NOBLE SE FORMA COMO CONSECUENCIA DE DURAS BATALLAS CONTRA EL YO: Cristo no nos ha dado la seguridad de que sea asunto fácil lograr la perfección del carácter.  Un carácter noble, cabal, no se hereda. No lo recibimos accidentalmente. 

Lo obtenemos mediante esfuerzos individuales, realizados por los méritos y la gracia de Cristo.  Dios da los talentos, las facultades mentales; nosotros formamos el carácter.  Lo desarrollamos sosteniendo rudas y severas batallas contra el yo. 

Hay que sostener conflicto tras conflicto contra las tendencias heredadas. Tendremos que criticarnos a nosotros mismos severamente y no permitir que quede sin corregir un solo rasgo desfavorable.

LA MEDITACIÓN Y LA ACCIÓN SON ESENCIALES: La meditación abstracta no basta; tampoco lo es la actividad constante.  Las dos son esenciales para la formación del carácter cristiano.

DESARROLLEMOS BUENOS HÁBITOS MENTALES: Si queremos desarrollar un carácter que Dios pueda aceptar, debemos formar hábitos correctos con respecto a nuestra vida religiosa.

La oración diaria es tan esencial para el crecimiento en la gracia, e incluso para la vida espiritual misma, como el alimento temporal lo es para el bienestar físico. Deberíamos acostumbrarnos a elevar a menudo nuestros pensamientos a Dios en oración.

Si la mente divaga, debemos traerla de vuelta a su lugar; mediante un esfuerzo perseverante, el hábito finalmente lo hará todo fácil.  No nos podemos separar ni un instante de Cristo y estar seguros. 

Necesitamos que su presencia nos ayude a cada paso, pero sólo si cumplimos las condiciones que El mismo ha impuesto.

EL PROPOSITO FERVIENTE Y LA INTEGRIDAD INQUEBRANTABLE SON ESENCIALES: El esmero es necesario para tener éxito en la formación del carácter. Debe haber un ferviente propósito para ejecutar el plan del Artífice maestro. Debe haber un esfuerzo ferviente, cuidadoso y perseverante. La reflexión profunda, el ardiente propósito, y la firme integridad, son esenciales.

Elena White

Continúa en parte 210

 

 

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