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RECIBIREIS PODER-Persona, Presencia y  Obra del Espíritu  Santo-parte 44-

FRUCTIFEROS EN  EL ESPÍRITU

PACIENCIA

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos, amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”. (Colosenses 3:12)

 

El Capitán de nuestra salvación no reclamó para sí ninguna posición honrosa.  En cambio, tomó la forma de siervo para que la humanidad pudiera relacionarse con la divinidad. El hombre debe representar a Cristo. Para ello, necesita ser paciente con sus congéneres, perdonador y lleno de amor semejante al de Cristo.  El que está verdaderamente convertido manifestará respeto por sus hermanos y estará dispuesto a proceder como el Señor lo ordenó. Jesús dijo:

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros.  En ésto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:34, 35). 

El creyente en quien abunda el amor de Dios manifestará tal expresión de ese amor que será comprendido por el mundo.

No todo el que habla de Cristo es uno con El. Los que no tienen el Espíritu y la gracia de Jesús no son suyos, no importa lo que profesen. Por sus frutos los conoceréis.  Las prácticas y costumbres que siguen los dictados del mundo no promueven los principios de la Ley de Dios.  Y por no tener el aliento de su Espíritu, tampoco expresan su carácter. La semejanza a Cristo será revelada únicamente por los que se asemejan a la imagen divina.  Sólo los que son modelados mediante el Espíritu Santo, pueden llegar a ser hacedores de la Palabra.  Esto los pone en condiciones de dar a conocer la mente y la voluntad de Dios.

En el mundo existe una falsificación del cristianismo genuino.  El verdadero espíritu del hombre se da a conocer por el modo como este se relaciona con su prójimo.  Podemos preguntar: ¿Representa el carácter de Cristo en espíritu y en acción, o simplemente es una manifestación natural del carácter egoísta, propio de los que pertenecen al mundo? La simple profesión de fe no significa nada para Dios.  Antes que sea demasiado tarde para rectificar la conducta equivocada, que cada uno se pregunte: ¿Quién soy yo? Depende de nosotros mismos desarrollar el carácter que nos permita integrar la familia celestial, la realeza de Dios.  (Review and Herald)

 

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MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD-parte 116-

 

 

LA FE. Debemos creer que somos elegidos de Dios, para ser salvados por el ejercicio de la fe, a través de la gracia de Cristo y la obra del Espíritu Santo; y debemos alabar y glorificar a Dios… -parte 4-

NO DEBE CONFUNDIRSE LA FE CON LOS SENTIMIENTOS: Muchos tienen ideas confusas acerca de lo que constituye la fe, y viven por debajo de sus privilegios. Confunden sentimientos y fe, y están continuamente angustiados y perplejos, porque Satanás toma toda ventaja posible de su ignorancia e inexperiencia. Debemos aceptar a Cristo como nuestro Salvador personal, o fracasaremos en nuestro intento por llegar a ser vencedores. 

No nos traerá ningún beneficio mantenernos alejados de El, creer que nuestro amigo o nuestro vecino puede tenerlo por su Salvador personal, pero que nosotros no podemos experimentar su amor perdonador. Debemos creer que somos elegidos de Dios, para ser salvados por el ejercicio de la fe, a través de la gracia de Cristo y la obra del Espíritu Santo; y debemos alabar y glorificar a Dios por esta maravillosa manifestación de un favor que no merecemos.

Es el amor de Dios el que conduce el alma a Cristo para ser benignamente recibida y presentada al Padre.  Mediante la obra del Espíritu, se renueva la relación divina entre Dios y el pecador.  El Padre dice:

“Yo seré Dios para ellos, y ellos serán para mí hijos.  Ejerceré el amor perdonador hacia ellos, y derramaré en ellos mi gozo. Ellos serán para mi un tesoro peculiar, porque este pueblo a quien yo he formado por mí mismo manifestará mi alabanza”.

LA FE Y LOS SENTIMIENTOS SON COSAS DIFERENTES: El sentimiento y la fe son tan distintos uno del otro como lo es el este del oeste.  La fe no depende de los sentimientos.  Debiéramos dedicarnos diariamente a Dios, y creer que Cristo comprende y acepta el sacrificio, sin examinarnos a nosotros mismos, para ver si tenemos ese grado de sentimientos que pensamos que debe corresponder a nuestra fe.

Cuando hagamos ésto, las nieblas y las nubes serán disipadas, y pasaremos de las sombras de las tinieblas a la clara luz de su presencia.

NO ES ASUNTO DE IMPULSO: Muchos pasan largos años en las tinieblas y la duda, debido a que no sienten como quieren. Pero el sentimiento no tiene nada que ver con la fe.  Esa fe que obra por el amor y purifica el alma no es cuestión de impulso. Sale, basada en las promesas de Dios, creyendo firmemente que lo que El ha dicho es capaz de realizarlo. 

Nuestras almas deben ser enseñadas a creer, a confiar en la Palabra de Dios.  Esa palabra declara que “el justo vivirá por la fe” (Rom.1:17). Y no por el sentimiento.

NO CONFIEMOS EN LOS SENTIMIENTOS: Desechemos todo lo que sea parecido a la desconfianza y a la falta de fe en Jesús.  Comencemos una vida de confianza sencilla e infantil, no confiando en los sentimientos, sino en la fe.  No deshonremos a Jesús dudando de sus preciosas promesas.  El quiere que creamos en El con FE inconmovible.

ACTUEMOS POSITIVAMENTE POR FE: Sigamos contemplando a Jesús, continuemos orando con fe silenciosa, prosigamos apoderándonos de su fuerza, ya sea que experimentemos algún sentimiento o no.

LA FE COMO EVIDENCIA DEL CRISTIANISMO: Hablemos con el Señor, así llegaremos a ser amigos del Altísimo.  Confiemos en El. Tengamos una fe que confiará ya sea que sintamos que estamos confiando o no.  Recordemos que el sentimiento no es una evidencia de que somos cristianos.  La fe inconmovible  en Dios pone de manifiesto que somos sus hijos.  Confiemos en Dios. Nunca nos defraudará. Dice:

“No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.  Todavía un poco, y el mundo no me verá más, pero vosotros me veréis; porque yo vivo, y vosotros también viviréis” (Juan 14: 18,19).

No vemos a Cristo en persona. Pero por fe lo contemplamos.  Nuestra fe se aferra de sus promesas. Así camino Enoc con Dios.  (Elena White)

Continúa en parte 117

 

 

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