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MENTE, CARÁCTER Y PERSONALIDAD-parte 208-

LA DEPRESION. Cuando la depresión se apodera del alma, eso no es evidencia de que Dios haya cambiado. La fe debe atravesar las tinieblas. El ojo debe estar fijo en Dios. -parte 4-

JESUS COMPRENDE LOS SENTIMIENTOS DE DESESPERACION: La fe y la esperanza temblaron en medio de la agonía mortal de Cristo, porque Dios ya no le aseguró su aprobación y aceptación, como hasta entonces. 

El Redentor del mundo había confiado en las evidencias que lo habían fortalecido hasta allí, de que su Padre aceptaba sus labores y se complacía en su obra. En su agonía mortal, mientras entregaba su preciosa vida, tuvo que confiar por la fe solamente en Aquél a quien había obedecido con gozo.

Todo lo envolvía en una lobreguez opresiva. Conocía el carácter de su Padre, su justicia, misericordia y gran amor, y sometiéndose a El se entregó en sus manos. 

DIOS NO HA CAMBIADO: No debe despreciarse el sentimiento de seguridad; debiéramos alabar a Dios por ello; pero cuando nuestros sentimientos están deprimidos, no pensemos que Dios ha cambiado.

Debemos tener confianza en su Palabra y no en los sentimientos. Tenemos que andar por fe y no ser dominados por los sentimientos. Los sentimientos varían con las circunstancias.

NO NOS REFIRAMOS A LAS DUDAS: Por los méritos de Cristo, por su justicia que nos es imputada por fe, debemos alcanzar la perfección del carácter cristiano.  Se presenta nuestra obra diaria y de cada hora en las palabras del apóstol:

“Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús” (Heb.12:2)

Mientras hagamos ésto, nuestro intelecto se esclarecerá; nuestra fe se fortalecerá y se confirmará nuestra esperanza; nos embargará de tal manera la visión de su pureza y hermosura, y el sacrificio que ha hecho para ponernos de acuerdo con Dios, que no tendremos disposición para hablar de dudas y desalientos.

EL VERDADERO CRISTIANO Y LA DEPRESION: El verdadero cristiano no permite que ninguna consideración terrena se interponga entre su alma y Dios. El mandamiento del Señor ejerce una influencia llena de autoridad sobre sus afectos y sus actos. 

Si todos los que buscan el reino de Dios y su justicia estuvieran dispuestos a hacer las obras de Cristo cuanto más fácil sería el camino al cielo.  Las bendiciones del Señor fluirían sobre el alma, y las alabanzas al Altísimo estarían continuamente en sus labios. 

Entonces servirían a Dios sobre la base de principios.  Podría ser que sus sentimientos no siempre fueran gozosos; a veces las nubes podrían oscurecer el horizonte de su experiencia; pero la esperanza del cristiano no reposa sobre el arenoso fundamento de los sentimientos.

Los que obran basándose en principios contemplarán la gloria de Dios más allá de las sombras, y descansarán en la segura palabra de la promesa. No dejaran de honrar a Dios, por oscura que parezca la senda.  La adversidad y la prueba solo le darán la oportunidad de manifestar su sinceridad, a la vez que su fe y su amor. 

Cuando la depresión se apodera del alma, eso no es evidencia de que Dios haya cambiado.  El es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.

Es posible estar seguro del favor de Dios cuando se es capaz de sentir los rayos del Sol de Justicia; pero si las nubes envuelven el alma, no debemos creer que hemos sido abandonados. La fe debe atravesar las tinieblas.  El ojo debe estar fijo en Dios, y todo nuestro ser se llenará de luz.

Hay que tener siempre ante la mente las riquezas de la gracia de Cristo.  Atesoremos las lecciones que proporciona su amor.  Que nuestra fe sea como la de Job, para que podamos decir:

“Aunque El me matare, en El esperaré”. Aferrémonos de las promesas del Padre Celestial y recordemos la forma como nos trata; porque “todas las cosas les ayudan a bien….a los que conforme a sus propósitos son llamados”.

 Elena White

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