Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 31 octubre 2012

CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 25-

EL MINISTERIO FINAL DE CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL-parte 3-

LA LEY DE DIOS ES LA NORMA

La Ley de Dios es la regla por la cual los caracteres y las vidas de los hombres serán probados en el juicio. Salomón dice: “Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque ésto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio” (Ecles.12:13, 14). El apóstol Santiago amonesta a sus hermanos diciéndoles: “Así hablad, y así haced, como los que habéis de ser juzgados por la ley de la libertad” (Santiago 2:12).

Los que en el juicio “serán tenidos por dignos”, tendrán parte en la resurrección de los justos. Jesús dijo: “Los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos…son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección” (Lucas 20:35, 36).  Y además declara que  “los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida” (Juan 5:29). Los justos  ya muertos serán resucitados sólo después del juicio en el cual habrán sido juzgados dignos de la resurrección de vida. No estarán, pues presentes en persona ante el tribunal cuando sus registros sean examinados y sus causas falladas.

JESÚS EL ABOGADO

Jesús aparecerá como el abogado de ellos, para interceder en su favor ante Dios.  “Si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1 Juan 2:1). “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora delante de Dios por nosotros”. “Por lo cual también puede salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Heb.9:24; 7:25).

A medida que los libros de registro se van abriendo en el juicio, las vidas de todos los que hayan creído en Jesús pasan ante Dios para ser examinados por El.  Empezando con los primeros que vivieron en la tierra, nuestro Abogado presenta los casos de cada generación sucesiva, y termina con los vivos.  Cada nombre es mencionado, cada caso cuidadosamente investigado.  Habrá nombres que serán aceptados, y otros rechazados. 

En caso de que alguien tenga en los libros de memoria pecados de los que no se haya arrepentido y que no hayan sido perdonados, su nombre será borrado del libro de la vida, y la mención de sus buenas obras será borrada de los registros de Dios.  El Señor declaró a Moisés: “Al que haya pecado contra mí, a éste raeré yo de mi libro” (Éxodo 32:33).  Y el profeta Ezequiel dice: “Si el justo se apartare de su justicia y cometiere maldad…ninguna de las justicias que hizo le serán tenidas en cuenta” (Eze.18:24).

A todos los que se hayan arrepentido verdaderamente de su pecado, y que hayan aceptado con fe la sangre de Cristo como su sacrificio expiatorio, se les ha inscrito el perdón frente a sus nombres en los libros del cielo.  Como llegaron a ser participes de la justicia de Cristo y su carácter está en armonía con la Ley de Dios, sus pecados serán borrados, y ellos mismos serán juzgados dignos de la vida eterna. 

El Señor declara por medio del profeta Isaías: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25). Jesús dijo: “El que venciere será así vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles” “A cualquiera, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos” (Apoc.3:5;  Mateo 10:32).

LA ESCENA DEL JUICIO

-Continúa en parte 26-

 

Read Full Post »

CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 24-

EL MINISTERIO FINAL DE CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL-parte 2-

¿QUE CASOS SE CONSIDERAN?-parte 2-

Los libros del cielo, en los cuales están consignados los nombres y los actos de los hombres determinarán los fallos del juicio. El profeta Daniel dice: “el Juez se sentó, y los libros se abrieron”. Juan, al describir la misma escena en el Apocalipsis, agrega: “Y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras” (Apoc.20:12).

El libro de la vida contiene los nombres de todos los que entraron alguna vez en el servicio de Dios.  Jesús dijo a sus discípulos:  “Regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lucas 10:20). Pablo habla de sus fieles compañeros de trabajo, “cuyos nombres están en el libro de la vida” (Filip.4:3).  Daniel, al vislumbrar un  “tiempo de angustia, cual nunca fue”, declara que el pueblo de Dios será librado, es decir, “todos los que se hallen escritos en el libro” (Dan.12:1). Y Juan dice en el Apocalipsis que sólo entrarán en la ciudad de Dios aquellos cuyos nombres “están inscritos en el libro de la vida del Cordero” (Apoc.21:27).

Delante de Dios está escrito “un libro de memoria”, en el cual quedan consignadas las buenas obras de “los que temen a Jehová, y de los que piensan en su nombre” (Mal.3:16).  Sus palabras de fe, sus actos de amor, están registrados en el cielo.  A ésto se refiere Nehemías cuando dice: “Acuérdate de mí, Oh Dios…y no borres mis misericordias que hice en la casa de mi Dios” (Neh.13:14).  En el “libro de memoria” de Dios, todo acto de justicia está inmortalizado.  Toda tentación resistida, todo pecado vencido, toda palabra de tierna compasión, están fielmente consignados, y apuntados también todo acto de sacrificio, todo padecimiento y todo pesar sufrido por causa de Cristo.  El salmista dice: “Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están en tu libro?” (Sal.56:8).

Hay además un registro en el cual figuran los pecados de los hombres.  “Porque Dios traerá toda obra a juicio juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Ecles.12:14).  “De toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio”. Dice el Salvador: “Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12:36, 37). Los propósitos y motivos secretos aparecen en el registro infalible, pues Dios “aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones” (1 Corintios 4:5). “He aquí que escrito está delante de mí…vuestras iniquidades, dice Jehová,  y por las iniquidades de vuestros padres juntamente…” (Isaías 65:6, 7).

La obra de cada uno pasa bajo la mirada de Dios, y es registrada, e imputada, ya como señal de fidelidad, ya de infidelidad.  Frente a cada nombre, en los libros del cielo, aparecen con terrible exactitud cada mala palabra, cada acto egoísta, cada deber descuidado, y cada pecado secreto, con toda su artera hipocresía.  Las abominaciones o reconvenciones divinas despreciadas, la influencia ejercida para bien o para mal, con sus abarcantes resultados, todo es registrado por el ángel anotador.

LA LEY DE DIOS ES LA NORMA

-Continúa en parte 25-

Read Full Post »

CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 23-

EL MINISTERIO FINAL DE CRISTO EN EL SANTUARIO CELESTIAL-parte 1-

La mención de una fecha precisa para el juicio, en la proclamación del primer mensaje, fue ordenada por Dios.  El cómputo de los períodos proféticos en que se basa este mensaje, que establecen el fin de los 2.300 días en el otoño de 1844, puede subsistir sin inconvenientes (El Gran Conflicto-pág.510).

“Estuve mirando –dice el profeta Daniel– hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono  llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos” (Daniel 7:9-10)

Así se presentó a la visión del profeta el día  grande y solemne cuando los caracteres y las vidas de los hombres pasarán en revista delante del Juez de toda la tierra, y cuando a todos los hombres se les dará “conforme a sus obras”.  El Anciano de días es Dios, el Padre. El salmista dice: “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Sal.90:2). Es El, el Autor de todo ser y de toda ley, quien debe presidir en el juicio. Y “Millares de millares… y millones de millones” de santos ángeles, como ministros y testigos, están presentes en este gran tribunal.

“Y he aquí con la nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él.  Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará y su reino uno que no será destruido” (Daniel 7:13, 14).  La venida de Cristo que se describe aquí no es su segunda venida a la tierra.

El viene hacia el Anciano de días en el cielo para recibir el dominio y la gloria, y un reino, que se le dará a la conclusión de su obra de Mediador.  En esta venida, y no su segundo advenimiento a la tierra, la que la profecía predijo que habría de realizarse al fin de los 2.300 días, en 1844.  Acompañado por ángeles celestiales, nuestro Sumo Sacerdote entró en el Lugar Santísimo, y allí, en la presencia de Dios, dio principio a los últimos actos de su ministerio en beneficio del hombre, a saber, cumplir la tarea del juicio y hacer obra de expiación por todos los que resulten tener derecho a ella.

¿QUE CASOS SE CONSIDERAN?-parte 1-

En el rito simbólico, sólo aquellos que se habían presentado ante Dios arrepentidos y que confesaban sus pecados, y cuyas iniquidades eran llevadas al santuario por medio de la sangre del holocausto, tenían participación en el servicio del día de la expiación.  Del mismo modo en el gran día de la expiación final y del juicio, los únicos casos que se consideran son los de aquellos que han profesado ser hijos de Dios. El juicio de los impíos es obra distinta y se verificará en fecha posterior. “Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? (1 Pedro 4:17).

Los libros del cielo, en los cuales están consignados los nombres y los actos de los hombres determinarán los fallos del juicio.

-Continúa en parte 24-

 

 

Read Full Post »

CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 22-

NUESTRO SUMO SACERDOTE

EL SANTUARIO Y EL SÁBADO-parte 3-

Los hombres trataron de cerrar la puerta que Dios había abierto y de abrir la que El había cerrado. Pero “El que abre, y ninguno cierra; y cierra, y ninguno abre”, había declarado: “He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie podrá cerrar” (Apoc.3:7, 8).  Cristo había abierto la puerta, o ministerio, del Lugar Santísimo; la luz brillaba desde la puerta abierta del Santuario Celestial, y se vio que el cuarto mandamiento estaba incluido en la Ley allí encerrada; lo que Dios había establecido, NADIE podía derribarlo.

Los que habían aceptado la luz referente a la mediación de Cristo y a la perpetuidad de la Ley de Dios, encontraron que éstas eran las verdades presentadas en el capítulo 14 de Apocalipsis. Los mensajes de este capítulo constituyen una triple amonestación que debe servir para preparar a los habitantes de la tierra para la segunda venida del Señor.  La declaración: “Ha llegado la hora del juicio”, indica la obra final de la actuación de Cristo para la salvación de los hombres. Presenta una verdad que debe seguir siendo proclamada hasta el fin de la intercesión del Salvador y su regreso a la tierra para llevar a su pueblo consigo. 

La obra del juicio ya empezó, y debe proseguir hasta que sean falladas las causas de todos los hombres, tanto de los vivos como de los muertos; debe extenderse hasta el fin del tiempo de gracia concedido a la humanidad.  Y para que los hombres estén debidamente preparados para subsistir en el juicio, el mensaje les manda: “Temed a Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de la aguas” (Apoc.14:7).  El resultado de la aceptación de estos mensajes está indicado en las palabras: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (vers.12).

Para subsistir ante el juicio el hombre tiene que guardar la Ley de Dios.  Esta Ley será la piedra de toque en el juicio.   (El Gran Conflicto, pags.486-489).       

PREGUNTAS PARA MEDITAR

1 ¿Qué se entendió por la “puerta abierta”, y quién la había abierto?

2 ¿Al abrirse el Templo del Cielo, ¿Qué se reveló?

3 ¿Qué relación existe entre la Ley de Dios que se encuentra en el Santuario Celestial, y la Ley que se había depositado en el arca, en el santuario terrenal?

 

 

Read Full Post »

CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 21-

NUESTRO SUMO SACERDOTE

EL SANTUARIO Y EL SÁBADO-parte 2-

En el corazón mismo del Decálogo se encuentra el cuarto mandamiento, tal cual fue proclamado originalmente: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo.  Seis días trabajarás y harás toda tu obra; más el séptimo es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en el obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.” (Éxodo 20: 8-11)

El Espíritu de Dios obró en los corazones de esos cristianos que estudiaban su Palabra, y quedaron convencidos de que, sin saberlo, habían transgredido este precepto al despreciar el día de descanso del Creador. Empezaron a examinar las razones por las cuales se guardaba el primer día de la semana en lugar del día que Dios había santificado.  No pudieron encontrar en las Sagradas Escrituras prueba alguna de que el cuarto mandamiento hubiese sido cambiado; la bendición que desde un principio santificaba el séptimo día no había sido nunca revocada. Habían procurado honradamente conocer y hacer la voluntad de Dios; al reconocerse transgresores de la ley divina, sus corazones se llenaron de pena y para manifestar su lealtad a Dios guardaron su santo sábado.

Se hizo cuanto se pudo por conmover su fe.  Nadie podía dejar de ver que si el santuario terrenal era una figura o modelo del celestial, la Ley depositada en el arca en la tierra era exacto trasunto de la Ley encerrada en el arca del cielo; y que aceptar la verdad relativa al Santuario Celestial incluía el reconocimiento de las exigencias de la Ley de Dios y la obligación de guardar el sábado del cuarto mandamiento.  En esto estribaba el secreto de la oposición violenta y resuelta que se le hizo a la exposición armoniosa de las Escrituras que revelaban el servicio desempeñado por Cristo en el Santuario Celestial.

-Continúa en parte 22-

 

Read Full Post »

CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 20-

NUESTRO SUMO SACERDOTE

EL SANTUARIO Y EL SÁBADO-parte 1-

“Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo” (Apoc.11:19). El arca del pacto de Dios está en el Lugar Santísimo, en el segundo departamento del santuario.  En el servicio del tabernáculo terrenal, que servía “de mera representación y sombra de las cosas celestiales”, este departamento sólo se abría en el gran día de la expiación para la purificación del santuario.  Los que por fe siguieron a su gran Sumo Sacerdote cuando dio principio a su ministerio en el Lugar Santísimo, contemplaron el arca de su pacto.  Al estudiar el asunto del santuario, se llega a entender que se ha realizado un cambio en el ministerio del Salvador, y ven que está oficiando entonces como intercesor ante el arca de Dios, y que ofrece  su sangre en favor de los pecadores.

El arca que estaba en el tabernáculo terrenal contenía las dos tablas de piedra, en las que estaban inscriptos los preceptos de la Ley de Dios.  El arca era sólo un receptáculo de las tablas de la Ley, y era esa Ley divina la que daba valor y carácter sagrado a aquélla. Cuando se abrió el templo de Dios en el cielo, se vio el arca del pacto. En el Lugar Santísimo, en el Santuario Celestial, se encuentra consagrada y entronizada la Ley divina, la Ley promulgada por el mismo Dios entre truenos en el Sinaí y escrita con su propio dedo en las tablas de piedra.

La Ley de Dios que se encuentra en el Santuario Celestial es el gran original del cual eran copia exacta los preceptos grabados en las tablas de piedra y consignados por Moisés en el Pentateuco. Los que llegaron a comprender este punto importante fueron inducidos a reconocer el carácter sagrado e invariable de la ley divina.  Comprendieron mejor que nunca la fuerza de las palabras del Salvador:

“Hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley…” (Mateo 5:18).  Como la Ley de Dios es una revelación de su voluntad, un trasunto de su carácter, debe permanecer para siempre “como testigo fiel en el cielo”.  Ni un mandamiento ha sido anulado, ni un punto ni una tilde han sido cambiados.  Dice el salmista: “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos” “Fieles son todos tus mandamientos…Afirmados eternamente y para siempre…” (Salmo 119: 89; 111: 7, 8).

En el corazón mismo del Decálogo se encuentra el cuarto mandamiento, tal cual fue proclamado originalmente:

“Acuérdate del día de reposo para santificarlo.  Seis días trabajarás y harás toda tu obra; más el séptimo es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en el obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.” (Éxodo 20: 8-11)

-Continúa en parte 21-

 

Read Full Post »

CRISTO EN SU SANTUARIO-parte 19-

NUESTRO SUMO SACERDOTE

SE ABRE OTRA PUERTA

“Estas cosas dice el que es Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra  y ninguno abre:  Yo conozco tus obras: he aquí he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar…” (Apocalipsis 3:7, 8).

Los que por fe siguen a Jesús en su gran obra de expiación, reciben los beneficios de su acción mediadora, mientras que los que rechazan la luz que pone en evidencia este ministerio, no reciben beneficio alguno. Los judíos que rechazaron la luz concedida en ocasión del primer advenimiento de Cristo, y se negaron a creer en El como Salvador del mundo, no podían ser perdonados por su intermedio. Cuando después de la ascensión Jesús entró por medio de su propia sangre en el Santuario Celestial para derramar sobre sus discípulos las bendiciones de su mediación, los judíos quedaron en completa oscuridad y siguieron presentando sacrificios y ofrendas inútiles. Había cesado el ministerio de los símbolos y sombras. 

La puerta por la cual los hombres habían encontrado antes acceso a Dios, ya no estaba abierta.  Los judíos se habían negado a buscarlo de la sola manera como podía ser encontrado entonces: por el sacerdocio en el Santuario del Cielo.  No tenían, por consiguiente, comunión con Dios. La puerta estaba cerrada para ellos. No conocían a Cristo como el verdadero sacrificio y el único Mediador ante Dios; de ahí que no pudieran recibir los beneficios de su mediación.

La condición de los judíos ilustra el estado de los indiferentes e incrédulos entre los profesos cristianos que desconocen voluntariamente la obra de nuestro misericordioso Sumo Sacerdote.  En el servicio típico, cuando el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo, todos los hijos de Israel debían reunirse cerca del santuario y humillar sus almas del modo más solemne ante Dios, a fin de recibir el perdón de sus pecados y no ser separados de la congregación. ¡Cuánto más esencial es que en nuestra época, de la cual el día de la expiación es un símbolo, comprendamos la obra de nuestro Sumo Sacerdote, y sepamos que deberes nos incumben!

EL RESULTADO DE RECHAZAR EL MENSAJE

Los hombres no pueden rechazar impunemente los avisos que Dios, en su misericordia, les envía.  Un mensaje fue enviado del cielo al mundo en tiempos de Noé, y la salvación de los hombres dependía de la manera como ellos aceptaban ese mensaje.  Por el hecho de que la raza humana, pecadora, había rechazado la amonestación, el Espíritu de Dios se retiró de ella y pereció en las aguas del diluvio.  En los días de Abrahán la misericordia dejó de alegar con los culpables de Sodoma, y todos, excepto Lot con su mujer y sus dos hijas, fueron consumidos por el fuego que descendió del cielo. 

Otro tanto sucedió en los días de Cristo. El Hijo de Dios declaró a los judíos incrédulos de aquella generación: “He aquí que vuestra casa os es dejada desierta” (Mateo 23:38). Al considerar los últimos días, el mismo Poder Infinito declara respecto de los que “no recibieron el amor de la verdad para ser salvos”: “Por ésto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira; a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (2 Tes.2:10-12). A medida que se rechazan las enseñanzas de su Palabra, Dios retira su Espíritu y deja a los hombres en brazos del engaño que tanto les gusta.

Pero Cristo intercede aún por el hombre, y se otorgará luz a los que la buscan.

-Continúa en parte 20-

Read Full Post »

Older Posts »

A %d blogueros les gusta esto: