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Archive for 30 junio 2012

FE Y OBRAS–parte 39-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

 COMO APROPIARSE DE LA JUSTICIA DE CRISTO

 LLAMADOS A SER MAYORDOMOS FIELES

Dios llama a quienes ha confiado sus bienes a desempeñarse como mayordomos fieles.  El Señor desearía que todas las cosas de interés temporal ocupasen un lugar secundario en nuestro corazón y nuestros pensamientos; pero Satanás quiere que los asuntos terrenales tomen el primer lugar en nuestras vidas.  El Señor quisiera que aprobáramos las cosas que son excelentes. 

El nos muestra el conflicto en el cual tenemos que participar, revela el carácter y el plan de redención. Expone delante de todos los peligros que enfrentaremos, el renunciamiento que se requerirá, y nos insta a medir el costo, asegurándonos que si nos comprometemos celosamente en el conflicto, el poder divino se combinará con el esfuerzo humano. 

La lucha del cristiano no es una lucha contra carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.  El cristiano tiene que lidiar con fuerzas sobrenaturales, pero no es dejado solo para enfrentar el conflicto.  El Salvador es el Capitán de su salvación, y con El puede el hombre ser más que vencedor.

El Redentor del mundo no quiere que el hombre ignore los ardides de Satanás.  La vasta confederación del mal está alineada en contra de los que podrían vencer; pero Cristo quiere que dirijamos la mirada hacia las cosas que no se ven, a los ejércitos del cielo que acampan alrededor de los que aman a Dios, para librarlos.  Los ángeles del cielo están interesados en el hombre. 

El poder de la Omnipotencia está al servicio de los que  confían en Dios.  El Padre acepta la justicia de Cristo en favor de sus seguidores, y éstos están rodeados con la luz y la santidad que Satanás no puede penetrar.  La voz del Capitán de nuestra salvación habla a sus seguidores, diciendo:

“Confiad, YO he vencido al mundo. YO soy vuestro amparo; avanzad hacia la victoria”

LA CRUZ DEL CALVARIO –parte 1-

Mediante Cristo, se dan al hombre tanto restauración como reconciliación. El abismo abierto por el pecado ha sido salvado por la cruz del Calvario.  Un rescate pleno y completo ha sido pagado por Jesús en virtud del cual el pecador es perdonado y es mantenida la justicia de la Ley.

Todos los que creen que Cristo es el sacrificio expiatorio pueden ir y recibir el perdón de sus pecados, pues mediante los méritos de Cristo se  ha abierto la comunicación entre Dios y el hombre.  Dios puede aceptarme como su hijo y yo puede tener derecho a El y puedo regocijarme en El como en mi Padre amante.

Debemos centralizar nuestras esperanzas del cielo únicamente en Cristo, pues El es nuestro Sustituto y Garante.  Hemos transgredido la Ley de Dios, y por la obras de la Ley ninguno será justificado. Los mejores esfuerzos que pueda hacer el hombre con su propio poder son inútiles para responder ante la Ley santa y justa que ha transgredido, pero mediante la fe en Cristo puede demandar la justicia del Hijo de Dios como plenamente suficiente.

Cristo satisfizo las demandas de la Ley en su naturaleza humana.  Llevó la maldición de la Ley en lugar del pecador, hizo expiación por él, a fin de que “todo aquel que en El cree, no se pierda mas tenga vida eterna”. La fe genuina se apropia de la justicia de Cristo y el pecador es hecho vencedor con Cristo, pues se lo hace participante de la naturaleza divina, y así se combinan la divinidad y la humanidad. 

Continúa en parte 40

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FE Y OBRAS–parte 38-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

 COMO APROPIARSE DE LA JUSTICIA DE CRISTO

 LA DEBILIDAD ESPIRITUAL ES INEXCUSABLE

Los que creen plenamente en la justicia de Cristo, y lo contemplan con una fe viva, conocen al Espíritu de Cristo y son conocidos por Cristo.  La fe sencilla capacita al creyente a considerarse verdaderamente muerto al pecado, pero vivo para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. Por gracia somos salvos por medio de nuestra fe; y ésto no de nosotros, pues es don de Dios. 

Si tratáramos de exponer estas preciosas promesas a los sabios según el mundo, ellos no harían sino ridiculizarnos, porque “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y nos las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1Cor.2:14).

Cuando Jesús estaba por ascender al cielo, dijo a sus discípulos: “Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre; el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:16,17).

Dijo además: “El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (vers.21).

Hay muchos que encuentran satisfacción en identificarse con falsas doctrinas, para que no haya perturbación o diferencia entre ellos y el mundo; pero los hijos de Dios deben dar testimonio de la verdad, no sólo por medio de la voz, sino mediante el espíritu y el carácter.  Nuestro Salvador declara que el mundo no puede recibir el espíritu de verdad. 

Ellos no pueden discernir la verdad, porque no disciernen a Cristo, el Autor de la verdad.  Discípulos tibios, profesos insensibles, que no están imbuidos  del Espíritu de Cristo, no son capaces de discernir la preciosidad de su justicia, sino que procuran establecer su propia justicia.

El mundo busca las cosas del mundo: negocios, honor mundanal, ostentación, gratificación egoísta.  Cristo trata de romper este hechizo que mantiene a los hombres alejados de El. Trata de llamar  la atención de los hombres al mundo venidero, que Satanás se las ha ingeniado para eclipsar con su propia sombra. 

Cristo pone el mundo eterno al alcance de la vista de los hombres, presenta sus atractivos delante de ellos, les dice que ha de preparar mansiones para ellos, y que vendrá otra vez y los tomará a sí mismo. Es el propósito de Satanás llenar de tal manera la mente con amor desordenado por las cosas sensuales que el amor de Dios y el anhelo del cielo sean expulsados del corazón.  (Elena White)

 

 

 

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FE Y OBRAS–parte 37-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

OBEDIENCIA Y SANTIFICACIÓN

NO HAY QUE CONFIAR EN LOS HOMBRES

Nuestra fe no debe apoyarse en la capacidad de los hombres sino en el poder de Dios.  Es peligroso confiar en los hombres, aún cuando puedan haber sido usados por Dios para realizar una obra grande y buena.  Cristo debe ser nuestra fortaleza y nuestro refugio. 

Los mejores hombres pueden desviarse de su rectitud, y la mejor religión, cuando se corrompe, es siempre más peligrosa en su influencia sobre las mentes. La religión pura y viva consiste en la obediencia a toda palabra que sale de la boca de Dios. La justicia exalta a una nación, y la falta de ella degrada y corrompe al hombre.

“CREAN, TAN SOLO CREAN”

Hoy en día se pronuncian desde los púlpitos las siguientes palabras: “Crean, tan sólo crean. Tengan fe en Cristo; no tienen nada que hacer con la antigua Ley; tan sólo confíen en Cristo”. ¡Cuán diferentes son estas palabras de las del apóstol que declara que la fe sin obras en muerta! El dice:

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Sant.1:22).

Debemos poseer la fe que obra por amor y purifica el alma.  Muchos procuran sustituir una fe superficial con una vida recta y piensan que por medio de ésto obtendrán la salvación.

El Señor requiere en la actualidad exactamente lo que requirió de Adán en el Edén: la perfecta obediencia a la Ley de Dios.  Debemos poseer una rectitud sin defecto, sin tacha alguna. Dios dio a su Hijo para que muriera por el mundo, pero El no murió para abrogar la Ley que era santa, justa y buena.

El sacrificio de Cristo en el Calvario es un argumento incontestable que muestra inmutabilidad de la Ley.  Su penalidad fue sufrida por el Hijo de Dios a favor del hombre culpable, para que mediante los méritos de Aquel, el pecador pudiera por  la fe  en su nombre obtener la virtud de su carácter inmaculado.

Se le dio al pecador una segunda oportunidad de guardar la Ley de Dios mediante la fortaleza de su divino Redentor. La cruz del Calvario condena para siempre la idea que Satanás ha colocado delante del mundo cristiano que la muerte de Cristo abolió no solamente el sistema típico de sacrificios y ceremonias sino también la inmutable Ley de Dios, el fundamento de su trono, la transcripción de su carácter.

Por medio de todos los artificios posibles Satanás ha procurado invalidar la eficacia del sacrificio del Hijo de Dios, hacer que su expiación sea inútil y su misión un fracaso.  Ha sostenido que la muerte de Cristo hizo innecesaria la obediencia a la Ley y permitió que el pecador obtuviera, sin abandonar el pecado, el favor de un Dios Santo.  Ha declarado que la norma del Antiguo Testamento fue rebajada en el Evangelio y que los hombres pueden acudir a Cristo, no para ser salvados de sus pecados sino en sus pecados.

Pero cuando Juan vio a Jesús, anunció su misión diciendo:

“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

Para toda alma arrepentida, el mensaje es:

“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isa.1:18).

 

 

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FE Y OBRAS–parte 36-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

OBEDIENCIA Y SANTIFICACIÓN

NI TURBULENTO NI INGOBERNABLE

La paz de Cristo no es un elemento turbulento e ingobernable que se manifieste en voces estentóreas y ejercicios corporales.  La paz de Cristo es una paz inteligente, y no induce a quienes la poseen a llevar las señales del fanatismo y la extravagancia.  No es un impulso errático sino una emanación de Dios.

Cuando el Salvador imparte su paz al alma, el corazón está en perfecta armonía con la Palabra de Dios, porque el Espíritu y la Palabra concuerdan.  El Señor cumple su Palabra en todas sus relaciones con los hombres.  Es su propia voluntad, su propia voz, revelada a los hombres, y El no tiene una nueva voluntad, ni una nueva verdad, aparte de su Palabra, para manifestar a sus hijos. 

Si tienen una maravillosa experiencia que no está en armonía con expresas instrucciones de la Palabra de Dios, bien harían en dudar de ella, porque su origen no es de lo alto.  La paz de Cristo viene por medio del conocimiento de Jesús, a quien la Biblia revela.

Si la felicidad proviene de fuentes ajenas y no del Manantial divino, será tan variable como cambiantes son las circunstancias; pero la paz de Cristo es una paz constante y permanente.  No depende de circunstancia alguna de la vida, ni de la cantidad de bienes mundanales, ni del número de amigos terrenales. Cristo es la fuente de aguas vivas, y la felicidad y la paz que provienen de El nunca faltarán, porque El es un manantial de vida.  Los que confíen en El pueden decir:

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza. Del rio sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo”  (Sal.46:1-4).

Tenemos motivo de incesante gratitud a Dios porque Cristo, por su perfecta obediencia, reconquistó el cielo que Adán perdió por su desobediencia.  Adán pecó, y los descendientes de Adán comparten su culpa y las consecuencias; pero Jesús cargó con la culpa de Adán, y todos los descendientes de Adán que se refugien en Cristo, el segundo Adán, pueden escapar de la penalidad de la transgresión. 

Jesús reconquistó el cielo para el hombre soportando la prueba que Adán no pudo resistir porque El obedeció la Ley a la perfección, y todos los que tengan una concepción correcta del plan de redención comprenderán que no pueden ser salvos mientras estén transgrediendo los sagrados preceptos  de Dios.  Deben dejar de transgredir la Ley y deben aferrarse a las promesas de Dios que están a nuestra disposición por medio de los méritos de Cristo.  (Elena White)

 

 

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FE Y OBRAS–parte 35-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

OBEDIENCIA Y SANTIFICACIÓN

DOS LECCIONES

Si el alma ha de ser purificada y ennoblecida, y hecha idónea para las cortes celestiales, hay dos lecciones que tienen que ser aprendidas: abnegación y dominio propio.  Algunos aprenden estas importantes lecciones más fácilmente que otros, porque están formados en la sencilla disciplina que el Señor les da con dulzura y amor.

Otros necesitan la lenta disciplina del sufrimiento, para que el fuego purificador pueda depurar sus corazones de orgullo y autosuficiencia, de pasión mundanal y amor propio, a fin de que pueda surgir el oro genuino del carácter y puedan llegar a ser vencedores mediante la gracia de Cristo.

El amor de Dios fortalecerá el alma, y por la virtud de los méritos de la sangre de Cristo podemos permanecer incólumes en medio de fuego de la tentación y las pruebas; pero ninguna otra ayuda puede tener valor para salvar, sino la de Cristo, nuestra justicia, el cual nos ha sido hecho sabiduría y santificación y redención.

La verdadera santificación es nada más y nada menos que amar a Dios con todo el corazón, caminar en sus mandamientos y estatutos sin mácula. La santificación no es una emoción sino un principio de origen celestial que pone todas las pasiones y todos los deseos bajo el control del Espíritu de Dios; y esta obra es realizada por medio de nuestro Señor y Salvador.

La santificación espuria no lleva a glorificar a Dios, sino que induce a quienes pretenden poseerla a exaltarse y glorificarse a sí mismos. Cualquier cosa que sobrevenga en nuestra experiencia, sea de alegría o de tristeza, que no refleje a Cristo ni lo señale como su autor, glorificándolo a El y sumergiendo al yo hasta hacerlo desaparecer de la vista, no es una genuina experiencia cristiana.

Cuando la gracia de Cristo se implanta en el alma mediante el Espíritu Santo, el que la posee se volverá humilde en espíritu. Entonces el Espíritu tomará las cosas de Cristo y nos la mostrará y glorificará, no al receptor, sino al Dador.  Por lo tanto, si tú tienes la sagrada paz de Cristo en tu corazón, tus labios se llenaran de alabanza y gratitud a Dios. 

Tus oraciones, el cumplimiento de tu deber, tu benevolencia, tu abnegación, no serán el tema de tu pensamiento o conversación, sino que magnificarás a Aquel que se dio sí mismo por ti cuando aún eras pecador.  Al alabarlo a El, recibirás una preciosa bendición, y toda la alabanza  y la gloria por lo que es hecho por medio de ti serán atribuidas a Dios.  (Elena White)

 

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FE Y OBRAS–parte 34-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

OBEDIENCIA Y SANTIFICACIÓN

“Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” (Efe.5:2).

En toda la plenitud de su divinidad, en toda la gloria de su inmaculada humanidad, Cristo se dio a sí mismo por nosotros como un sacrificio completo y gratuito, y todo el que acude a El debería aceptarlo como si fuera el único por quien el precio ha sido pagado.  Así como en Adán todos mueren, en Cristo todos serán vivificados; porque los obedientes resucitarán para inmortalidad, y los transgresores resucitarán para sufrir la muerte, la penalidad de la Ley que han quebrantado.

La obediencia a la Ley de Dios es santificación.  Hay muchos que tienen ideas erróneas respecto a esta obra en el alma, pero Jesús oró que sus discípulos fueran  santificados por medio de la verdad:

“Santifícalos en tu verdad, tu palabra es verdad” (Juan 17:17). 

La Santificación no es una obra instantánea sino progresiva, así como la obediencia es continua.  En tanto Satanás nos apremie con sus tentaciones, tendremos que librar una y otra vez la batalla por el dominio propio; pero mediante la obediencia, la verdad santificará el alma.  Los que son leales a la verdad han de superar por medio de los méritos de Cristo, toda debilidad de carácter que los ha llevado a ser modelados por cada una de las diversas circunstancias de la vida.

EL ENGAÑO Y LA TRAMPA DE SATANÁS

Muchos han tomado la posición de que no pueden pecar porque están santificados, pero esta es una trampa engañosa del maligno.  Hay un constante peligro de caer en pecado, porque Cristo nos ha amonestado a velar y orar para que no caigamos en tentación. Si somos conscientes de la debilidad del yo, no nos confiaremos en nosotros mismo ni seremos indiferentes al  peligro, sino que sentiremos la necesidad de acudir a la Fuente de nuestra fortaleza: Jesús, nuestra justicia. 

Hemos de allegarnos con arrepentimiento y contrición, con una desesperada sensación de nuestra propia debilidad finita, y aprender que debemos acudir diariamente a los méritos de la sangre de Cristo, a fin de que lleguemos a ser vasos apropiados para el uso del Maestro.

Mientras así dependemos de Dios no seremos hallados en guerra contra la verdad, sino que siempre estaremos habilitados para ponernos de parte de la justicia.  Debemos aferrarnos a la enseñanza de la Biblia y no seguir las costumbres y tradiciones del mundo, los dichos de los hombres.

Cuando surgen errores y son enseñados como verdad bíblica, los que están conectados con Cristo no confiarán en lo que dice el ministro, sino que  escudriñarán cada día las Escrituras para ver si estas cosas son así.  Al descubrir cuál es la palabra del Señor, se pondrán de parte de la verdad.  Oirán la voz del verdadero Pastor, que dice “Este es el camino, andad en él”. De esa manera serán instruidos para hacer de la Biblia su consejero, y no oirán ni seguirán la voz de un extraño.

 

 

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FE Y OBRAS–parte 33-

“SIN FE ES IMPOSIBLE AGRADAR A DIOS”(Heb.11:6)-“LA FE SIN OBRAS ES MUERTA” (Sant.2:20)

EL MENSAJE A LAODICEA

“En El estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito de Padre), lleno de gracia y de verdad”  (Juan 1: 4, 14).

Agradecemos al Señor de todo corazón porque tenemos una preciosa luz que presentar ante la gente, y nos regocijamos porque tenemos un mensaje para este tiempo que es verdad presente. Las nuevas de que Cristo es nuestra justicia han proporcionado alivio a muchísimas almas, y Dios dice a su pueblo: “Avanza”. 

El mensaje a la Iglesia de Laodicea se aplica a nuestra condición.  Cuán claramente se describe la posición de los que creen que tienen toda la verdad, que se enorgullecen de su conocimiento de la Palabra de Dios, al paso que no se ha sentido en su vida el poder santificador de ella.  Falta en su corazón el fervor del amor de Dios, pero precisamente ese fervor del amor es lo que hace que el pueblo de Dios sea la luz del mundo.

El Testigo fiel dice de una iglesia fría, sin vida y sin Cristo: 

“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apoc.3: 15,16).  Tomemos buena nota de las siguientes palabras: “Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tu eres desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo” (vers. 17). 

Aquí se representa a los que se enorgullecen de sí mismos por su posesión de conocimiento y superioridad espirituales.  Pero no han respondido a las bendiciones inmerecidas que Dios les ha conferido.  Han estado llenos de rebelión, ingratitud y olvido de Dios; y todavía El los ha tratado como un padre amante y perdonador trata a un hijo ingrato y descarriado.

Han resistido a su gracia, han abusado de sus privilegios, han menospreciado sus oportunidades y se han conformado con hundirse en la satisfacción, en la lamentable ingratitud, el formalismo vacío y la insinceridad hipócrita. Con orgullo farisaico han alardeado de sí mismos hasta que se ha dicho de ellos:

“Tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido y de ninguna cosa tengo necesidad”.

¿No ha enviado acaso el Señor Jesús mensaje tras mensaje de reproche, de amonestación, de súplica a éstos que están satisfechos de sí mismos? Cristo ve lo que no ve el hombre.  Ve los pecados que, si no son borrados por el arrepentimiento, agotarán la paciencia de un Dios tolerante.  Cristo no puede aceptar los nombres de los que están satisfechos en su suficiencia propia.  No puede instar a favor de un pueblo que no siente necesidad de ayuda, que pretende conocer y poseer todo.

“Yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.  Yo reprendo y  castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.  He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”  (Apoc.3: 18-20).

Consideremos nuestra condición delante de Dios. Hagamos caso al consejo del Testigo fiel.  Ninguno de nosotros esté lleno de prejuicios como estuvieron los judíos, de modo que la luz no entre en nuestro corazón. Que no sea necesario que Cristo diga de nosotros como dijo de ellos:

“No queréis venir a mí para que tengáis vida”  (Juan 5:40).

 

 

 

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